Giordano, era un hombre bueno que jamás se metía en problemas desde que tenía uso de la razón. Siempre hacía lo correcto...a pesar de las burlas de alguno de sus parientes y compañeros. Por su amplio sentido del deber. Él trabajaba en una empresa de seguros, era uno de los empleados más eficentes. Recibió un reconocimiento por ello. Vivía en una calle aledaña al parque “El Carmen”. Su casa, era uno de los chalets que todavía no era devorado por la ola de construcciones de departamentos considerados de mal gusto y mostruosos por Giordano. Le apenaba ver como el paisaje se malograba y los recuerdos del barrio donde pasó su niñez y adolescencia se esfumaban.
Vivía con su esposa que la apodaba “Pinky”, por su carita que se parecía a un ratón. Ella era “un pan de dios” siempre buena con los demás. El matrimonio no tenía hijos y lo postergaban a cada momento. Además no tenían prisa por tenerlos. Su mujer apreciaba a su marido diligente, responsable y casi perfecto como decía la canción de Mirian Hernandez que cantaba en la ducha. El único defecto de su marido es que reaccionaba mal cuando se enteraba por los medios acerca de un tema de corrupción. Se indignaba tanto que ya parecía el Volcán Krakatoa a punto de erupcionar.
Ella se ponía nerviosa con esa actitud, temía que rompiera algún plato por tener tanta frustración acumalada. Bueno a diferencia de su esposa, no lo tomaba muy a pecho. Los seguía esos temas con pasión. No le gustaba complicarse la vida con esas notas, detestaba cuando su marido la obligaba a participar en esas discusiones donde él dominaba la discusión. Además le recriminaba su poco interés intelectual, le decía sin querer ofender “bruta” o “simplista”. A Pinky le parecían cuestiones lejanas y abstractas para ella. Con tal de tener algo rico para camer, el mundo iba en buen camino, ese era su concepto ingénuo de las cosas.
Pero la paz de su hogar, no podía durar mucho. La gota que colmó el vaso fue un reportaje que vio cuando xse hablaba de una crisis ministerial que involucraba un grado de corrupción. Quería golpear el aparato cuando se revelo ese contenido noticioso incómodo con el poder.
“como me gustaría que les salieran sapos y culebras por decir tantas mentiras”
La frase que pronunció con tanta vehemencia, le soreprendió un poco. A Pinky le daba miedo de que ese hombre caballeroso y bueno se convirtiera en “El demonio de Tasmania”. Se puso pálida, por la violencia que pronunciaba esas palabras. Quiso concentrarse con la preparación de la cena, pero le era imposible olvidar esa frase. Pensó burlarse un poco de el sentido justiciero de su marido...pero temió una mala reacción por parte de él. Su conyuge apagó el televisor y se mantuvo en silencio . Aquel mutismo, le dio más tranquilidad a Pinky, que pudo cocinar con el amor que le ponía a su sazón.
Logró que cambiara el tema de la conversación hacia temas banales como los que concernían a su relación con una actitud servil. Se ponía pícara cuando cenaban, ta,bién contó chistes picantes. Ambos se rieron muchísimo. Parecía que la política se había difuminado por la sala pequeña, como si el espíritu de su mujer marcado por la bondad y la ingenuidad pudiera convertir a este hombre tan pesimista y furioso...en una persona agradable. Se tocaron las manos, sonriendo con un gesto cómplice. Luego alabó su sazón e hizo odiosas comparaciones odiosas con su madre. Aquello le iluminó el espíritu.
Luego de la comida, se animaron a tener relaciones. Tener sexo era una excelente medicina para el estres que ocasionaba el trabajo que lo convertía “en un Hyde”, a su juicio. También para calmar su frustración por tantas malas noticias. Le encantaba tocarle sus pechos eran más o menos grandes, incluso cuando estaba vestida con sostén. No era como sus compañeros de “la chamba” jactándose de sus aventuras o hablando acerca de las fantasías eróticas más descabelladas. Se sentía incómodo con esas conversaciones. Estar en esa intimidad encontraba la paz, algo que no hallaría ni visitando mil veces el confesionario. Gozaba de esa conversación intima.
Esa noche la pareja pudo dormir plácidamente, olvidando la crueldad que vive el mundo. Él no quería que fuera lunes, no porque fuera día laboral...sino enterarse por parte de los medios acerca de accidentes, asesinatos, masacres y degradación moral que cundía la sociedad. Lo deprimía pensar en eso, mientras acariciaba los cabellos negros de su mujer. Como soñaba con ser un polinesio que nunca ha conocido la civilización ocidental y vive feliz sin ataduras ni prejuicios morales. No quería que la resignación se convirtiera en el ancla de su vida, pero tenía el presentimiento de que encadenaría hasta su muerte (una gran liberación que todavía no quería encontrar)
El despertador sonó a las seís en punto. El hombre se despertó de forma mecánica, sentía el ruido atroz del aparato que jodía sus mañanas. Sufría como millones de seres humanos, el castigo divino a los descendientes de Adan al ganar el pan con el “sudor de su frente”. Su mujer comenzó el día con algo de brusquedad, se veía hermosa con el cabello despeinado, somnolienta, con los mulos bien contoneados y los senos casi al descubierto. Enseguida tuvo que darse una rápida ducha, jamás pudo gozar de la experiencia placentera del baño debido a la prisa que giraba el planeta.
Detestaba los trajes formales, eran una formalidad absurda. Añoraba sus tiempos de adolescente donde imponía su propia moda...pero ya era pasado. Su esposa trabajaba en un horario más cómodo, en una empresa de telemarketing. No sufría tanto como su conyuge, además le ponía amor a las cosas, como acomodándole la corbata o ayudándole a encontrar las llaves de su carro. Pronto tuvieron que prender el televisor,” un miembro más de la familia”, menos cruel que su suegra. Prendió la tele con cierto temor, solo para ver la hora. El noticero aparte de servir como reloj, se mostraban un cúmulo de crueldad, brutalidad y estupidez. Daba una impresión apocalíptica.
Mientras veían el noticiero, un funcionario hablaba de los accidentes terribles que ensangrentaban las carreteras del país. Durante su alocución...hacía muecas horribles e incómodas, como si quisiera arrojar. La pareja vio asombrada e incrédula, como el pobre hombre se retorcía de dolor. Lo asombroso, es que en su boca salía un asqueroso,abyecto, putrefacto y húmedo sapo. Era la representación de la corrupción que axfixiaba a la nación. Pinky se tapó la boca por el grotesco espectáculo que presenciaban su lindos ojos. Mientras que Giordano tuvo un horrible presentimiento de que su pedido se hubiera hecho realidad...empezó a temblar.
Apagó el televisor, besó a su mujer y se apresuró a su trabajo. Condujo su viejo Volvo con prisa, trataba de olvidarse como racional que se consideraba. Lo enmarcó como una maniobra de la prensa para generar rating o distraer a los ciudadanos con psicosociales como” las vírgenes que lloran” o los “pishtacos”. “ seguro que ese tío se hizo para no contestar una pregunta incómoda”. Puso la radio para escuchar música ochentera, pero parecía que los sapos se habían apoderado de los medios.
El tránsito estaba por convertirlo en “Hulk” por tanta rabia acumulada. Detestaba el tráfico de esta podrida ciudad. Tenía ganas de abandonarlo todo e ir con su mujer alguna caleta del norte o una bucólica villa para pasar un año sabático. Temía miedo de que no iba a pasar los 50 años, si seguía viviendo en esta horrible Babilonia donde la gente se comportaba como bestias. Sabía que el asunto de los sapos sería explotado por la prensa por unos días y al fin de cuentas la gente se olvidaría de ello como siempre.
Llegó a su trabajo, justo a tiempo. Su desempeño era notable y sus jefes eran considerados con él. Aunque su actitud era un poco extrema con la dedicación que le ponía a su deber. Parecía que cumplía una misión sagrada al dedicarse cuerpo y alma a la empresa. Al llegar a su trabajo vio como la gente estaba absorta viendo la pantalla plana del televisor, parecían zombis. Verlo le hizo correr electricidad en su cuerpo. No era ninguna alucinación o eso era lo que los medios querían hacerle creer. No le presto caso al asunto, cuando se encontró con su jefe: un hombre gordo, calvo que se parecía a James Gruning. Un tío gringo que lo mencionaban en las clases de la universidad, cuando era un pobre estudiante.
Tenía una personalidad afable bueno de manera excesiva. Ello lo ponía nervioso...nunca se sintió agusto con su jefe que tuviera un caracter tan campechano. Prefería un líder, que viera la organización como una unidad de comando, priorizando la ejecución de la estrategia. Él le gustaba hablar de temas más sencillos que profesionales y no sentir esa pasión obsesiva que tenía Giordano en el trabajo. Esa conducta lo irritaba en secreto.
- Giordano, he visto que le salen sapos por la boca a nuestros políticos-
- por las mentiras que han acumulado- respondió tajante
- espero que sea solo los políticos-
- ¿ será terrible que sucediera con los simples mortales?- Con un tono de ironia
- ¿no me diga que tiene algún trapito sucio?- Mirando con cierta incredulidad a su jefe
- los hombres tienen ciertas necesidades que una mujer oficial no satisface todas las necesidades- lo hablaba como si fuera un científico, agitando el dedo índice, señalándole el culo de una guapa secreataria rubia.
- Ya veo ensuciaría su traje- tratando de halagarlo
Tras terminar su trabajo, sin muchos sobresaltos por el momento por el momento. Mientras pasaba en un semáforo, observó unos sapos saltando por el pavimento. Iba a darle un infarto, cuando dio en verde y aplastó con su carro a esos bichos. Matarlos le produjo un alivio, no sentía desde que había hecho malabares para pagar su hipoteca años atras. Quería llegar a su hogar, abrazar a su mujer, tirársela y confesarle que los sapos, eran producto de su fantasia idealista. Al llegar a su casa, como si hubiera escapado de algún monstruo sangriento que iba a devorárselo. Se encontró con su mujer que no explicaba porque su esposa llegaba con esa expresión de miedo.
- ¿que te ha pasado cariño?- se tocándole los cachetes
- acaba de ver algo horrible- Con respiración agitada
- ¿te han querido asaltar o viste un crimen? ¿no me digas que has atropellado a alguien? Con cara de asustada, tocándose el mentón.
- ¡No nada de eso, vi sapos saltando en la vía pública!- sus ojos estaban a punto de saltar por puro miedo.
- No me hagas reir, esos bichitos te asustan- con tono sarcástico
- pensé que era mentira lo que vi en la televisión- señalando al televisor con terror el demonio
- relájate, amor deja de preocuparte por esas cojudeces y si quieres te preparo tu comida favorita- le respondía como si fuera la mamá que le dice a su hijo que el cuco no existe.
- Gracias amor, eres un pan de dios-
Las palabras de su mujer se hicieron proféticas, cuando la epidemia de los sapos disminuyó. Inclusive los casos de corrupción empezaron a ser esporádicos, probablemente ese grotesco espectáculo los había hecho remorder la conciencia. Giordano se sentía triunfante en su inconsciente de que algún día sus deseos de justicia fueran satisfechas. “ es increible que se materializaran mis deseos” pensaba mientras tenía sus momentos de insomnio. Por fin lograba hacer un bien para la humanidad.
Pasaron unos meses, su matrimonio pasaba por un mal momento. Desde que terminó la pandemia, el orgullo se le subió a la cabeza. Trataba con menosprecio a su mujer, considerándola inferior por ser poco intelectual, además por su espíritu hogareño y conservador. No soportaba la monotomia de su relación carecía de sorpresas, menos aún el romanticismo idiota de Pinky. La decía estúpida por cualquier equivocación que realizaba. Incluso los actos sexuales ya no eran los mismos, el amor y la ternura fueron remplazados por el mero acto de placer que solo practicaban los animales. Le asqueaba que su esposa quería parecerse a un actor porno.
Giordano empezó a gilear auna chica llamada Alexandra Tomic, una rara mezcla de croata y boliviana. Tenía cabellos rubios tirando para castaño, de contextura delgada y un excelente gusto por la moda. Su personalidad cosmopolita, su altanería y una conversación sofisticada eran cualidades que él apreciaba mucho. Cada una de ellas eran la antítesis del caracter de su esposa, considerándola una persona vulgar y ordinaria.
Le encantaba trabajar con ella, era una profesional altamente competente tanto en la oficina como en la cama. Su sentido de humor le fascinaba y poco a poco construyó su relación ilícita. Comenzaron con roces, luego con mensajitos de texto, chateos y “prolongadas reuniones”. Ella gozaba de ser coquetada por un hombre de su edad, así se burlaba de “James Gruning”, cuando se rumoreaba de que escucharon a Alexandra decir de forma jocosa que su jefe era un impotente. Sabía que su amante estaba casado con una “ fea huachafa”. La conoció de vista durante alguna fiesta que daba la empresa. Desde ese primer momento, le cayó muy mal por su forma de vestir y hasta su acento considerado según su gusto “ muy provinciano”.
Se preguntaba ¿como un hombre tan inteligente puede casarse con esa campesina piojosa?. Pero le encantaba que hubiera recapacitado al buscar sus caricias. Daba la impresión de que ella era la mala de esas telenovelas lacrimógenas. Pero en esta serie no existían guiones ni un salón de grabación...ellos los protagonistas de su propia miniserie retratando su adulterio. Giordano empezó a olvidar ese deseo de que la mentira fuera castigada. Bueno eso se lo merecían los políticos siempre corruptos no los ciudadanos de a pie.
Muchos compañeros del trabajo celebraban la relación con la sex simbol de la empresa. Era una victoria sobre su jefe en el liderazgo amatorio. El sexo entre ellos era intenso, se consideraba un verdadero macho. Le avergonzaba recordar que hizo el amor a Pinky. Pero no todos sus colegas no les causaba gracia que Giordano le pusiera los cuernos a una mujer tan bondadosa, no se merecía esto. Pero uno se atrevió a contarle el escabroso secreto. Pinky todavía no sospechaba que su marido la engañaba, aunque su actitud desdeñosa era preocupante. Su matrimonio no iba por buen camino y temía lo peor. Su “príncipe azul” se había convertdo en un ogro tirano. Lloraba cuando se encontraba sola...pero tenía la fuerza suficiente para soportar sus humillaciones y seguir adelante.
Para desahogar su frustración, veía harta televisión especialmente las series de comedias de situación americanas. Pero cuando pasaba siquiera un breve momento ese comercial del programa “amas de casa deseperadas”, lo apagaba o cambiaba en un santiamén, como si estuviera en un duelo del salvaje oeste. También empezó a ser fanática del chat y las redes sociales. Durante esas conversaciones virtuales se contactaba con una amiga del trabajo de su esposo. Se conocían desde la secundaria y el tiempo le permitió ser confidentes. Su nombre era Carolina, era una chica gordita. Chata, cabellos cortos y llevaba gafas. Nadie se fijaba en ellas. Pero se sentía feliz de estar soltera y sin compromiso.
Carolina no quería arruinar la amistad con Pinky, al ocultarle por mucho tiempo la terrible verdad. No deseaba destrozar a su amiga, la consideraba una hermana. Sentía culpa de no decírselo, sentía una rabia asesina cuando los encontraba infraganti a los dos amantes. Verlo toqueteándole el culo a Alexandra le daba ganas de vomitar. Tras muchas idas y vueltas, se animo a hacerlo al recordar una frase cébebre: “ más vale el amigo que hiriere que él que besa”.
Ya no aguantó y decidió actuar ya. Un buen día en que Giordano estaba en uno de sus amarres con la chava...Carolina jugó al paparazi tomando fotos en su celular. Le tomó una semana para reunir evidencia incriminatoria, además su pequeña cámara no tenía mucha nitidez ni zoom otra razón por la demora. Trataba de pasar desapercibida para registrar los encuentros furtivos del marido de su amiga. Lo hacía con tanta entereza moral, como si estuviera guiando una cruzada contra el adulterio.
Tras una minuciosa investigación, decidió enviarle por el facebook. Sabía que provocaría un terremoto de proporciones bíblicas...pero era por el bien de Pinky. Esa tarde, la mujer se encontraba entretenida en las redes sociales cuando recibió la información delicada en un santiamén, hubiera sido lo correcto de que su amiga se lo presentara personalmente pero las circunstancias lo impedían. Marcó un antes y un después la revelación, al ver estupefacta las imágenes donde su “principe azul”le sacaba la vuelta. Nunca sospechó de que tuviera otra, conocía a Alexandra solo de vista...le deagradaba su orgullo narcisista con toda esa moda fashion que se ponía.
Comprendió dolorosamente el porque del desprecio de su cónyuge, tanto ninguneo. Al revivir una u otra vez esas imágenes donde aparecía la rubia, que le arrebataba a su marido. Empezaron a enjuagarse los ojos de lágrimas, era por descubrir que vivía una gran mentira. Carolina le quito esos anteojos donde solo veía las cosas en color de rosa. Se sentía asqueada, humillada y destrozada de ser engañada de manera vil. Su matrimonio se derrumbaba como un castillo de naipes.
Del llanto empezó a cambiar por la rabia, era una bomba termonuclear a punto de reventar contra ese canalla traidor. Le rechinaban los dientes, buscó en youtube música metalera para simbolizar esa furia.Deseaba romperse los tímpanos con esa música furiosa y brutal. Lo hacía como para prepararse para una batalla donde correría mucha sangre derramada .
Pinky fue a preparar la maleta, quería sorprenderlo, mostrarle ya no iba a aguantar esa mentira que durante tantos años le taparon los ojos y oidos. Miraba el reloj, quería que llegara....la impaciencia ls carcomía. Tenía unas ganas de destriparlo, destrozarlo, llenar sus vísceras la sala y bañarse en su sangre como esa condesa húngara que se creía vampiro. Gozaba como nunca antes de esos pensamientos mórbidos. Pero era mejor torturarlo lentamente hasta morir junto a esa puta babilónica. La bondad e ingenuidad que alguna vez la caracterizaron eran parte del pasado. Planeaba el guión de su macabro plan en su mente y destruir a esa rata.
Al atardecer, Giordano llegó a casa silbando una marcha popular. Tenía la corbata desaprovchada y llevaba en los hombros su saco. Iba a decirle “ amor ya llegué ”, cuando vio horrorizado la maleta en el sofá. Sospechó de que algo malo sucedería. Escuchó la voz de su cónyuge que provenía de una habitación oscuro. Su piel se erizó por el ambiente de terror sacado de alguna novela gótica.
- ¿ amor no me digas que es una de tus bromas? ¿oye que hace mi maleta en el sofá- tratando de minimizar el miedo, riéndose de manera artificial
- -¿encima me preguntas que hace allí?- Su tono se asemejaba a Medusa cuando iba a convertir a sus víctimas en piedras.
- -Dejata de vainas, sal de ese agujero- se agarraba la cabeza
- ja ja ja, aún no te has dado cuenta de que te he descubierto grandísimo canalla- riéndose como una de esas villanas que aparecen en las películas
- ¿que has descubierto amor, una fórmula para el cancer o archivos secretos del estado? -Poniéndose burlón
- ¡no te hagas el tonto, porque he descubierto que me pones los cuernos con esa rubiecita llamada Alexandra!- gritando como una energúmena
- ¿Alexandra? Bueno solo fue una cosa pequeña sin importancia amor- balbuceando
Entonces su estómago sintió unos ácidos que lo carcomía hacía muecas espantosas por el dolor. Recordaba de manera dolorosa cuando vio a ese funcionario gubernamental cuando sufría la misma suerte que el. Ahora probaba su propia medicina, se tumbó al suelo para tratar de mitigar su propio sufrimiento. Pinky en cambio se reía de manera cruel como su marido sufría retorciéndose. Luego un sapo asqueroso salío de su boca y cuando empezaba a saltar vió con horror como este era aplastado con sangre fría por una bota de tacón puntiaguda. Giordano se veía patético hasta los tuétanos.
- ¡a ja has caído en tu propia trampa! Me da risa tu patetismo pero te lo mereces pendejo-mientras caminaba en círculos alrededor de la víctima.
- por favor perdóname, solo fue un desliz mío yo te quiero de verdad...
- dícelo a tu abuela- mostrándole un palo
Mientras lo amenazaba con un palo, el hombre se encontraba debilitado por los contínuos vómitos y resbalaba continuamente. No podía oponer resistencia...sin pensarlo dos veces ella atacó a su esposo con saña y brutalidad sin límites. Eliminando a esa alimaña que alguna vez fue “su príncipe azul”. Apenas terminó de matarlo, prendió la computadora y en el muro de su amiga puso “ ya terminé, aunque se me pasó la mano.

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