El
parque Ayacucho es un pequeño óvalo flanqueado por departamentos
medianos y pequeños. Es un sitio donde el ruido cae como una gota de
agua, a diferencia de la intersección de la avenidas Brasil y
Bolívar, unas cuadras más adelante. Eran las siete de la noche, un
coche DAEWO negro se detenía y daba bocinazos como si estuviera
boxeando contra la acústica.
Salió
del vehículo, un tío “macetón” que tenía un aire altanero.
Vestía un impecable uniforme de la fuerza aérea, con los zapatos
bien lustrados. El señor tenía una cara ovalada, peinado engominado
y unos ojos celestes divinos. Su nombre era Tito Kern y andaba
esperando a su novia, una chica al que le doblaba la edad. Miró por
la ventana de su departamento, en algunas ocasiones había visitado
su casa pasándola bien con su grata compañía. Miraba la hora en su
reloj de pulsera con impaciencia, daba vueltas como “un pantera
enjaulada”.
Sus
tardanzas le sacaban de quicio a un hombre acostumbrado a un rígido
horario que había adquirido en su experiencia castrense. Fue
entonces cuando llegó de manera celestial su amada, se llamaba
Mikayla, tenía un cabello lacio negro recogido que combinaba con el
vehículo que tenía Tito, además su cuerpo estaba bien contoneado
mostrando su magnífica lozanía. Vestía un una blusa verde oscura,
una falda marrón más unas botas que le hacían resaltar su figura.
A
pesar de que no era ocasión para usar el uniforme, quería darle una
grata impresión. Desde que era un cadete que aún no le crecía el
bigote, tener un traje impecable y usar sus ojitos celeste eran el
anzuelo perfecto para atrapar a una chica, recordaba en sus tiempos
de alferez que las putas de los burdeles poblaban los solitarios
arenales piuranos que Mario Vargas Llosa describió en su novela “La
casa Verde”, se volvían locas por tenerlo como clientes por un
chico con sus características. Sus novias y amantes conquistadas
eran equivalentes a todas las victorias que obtuvieron Castilla,
Cáceres y Ureta juntos.
- ¿Tito por que te has puesto tu uniforme? Vamos a una presentación musical no a un desfile- ocultando en su boca la risa
- ¿no mes “churro” amor?- Dando una vuelta sobre su propio eje-
- estás guapísimo osito- dándole un apasionado beso
Las diferencias entre ambos eran resaltantes...aparte de sus edades..
Las malas lenguas decían que ella se parecía más a una hija que a
su pareja. La joven era menuda y usaba a cada ocasión zapatos de
tacón. Además su caracter era más sencillo a diferencia de Tito
con su aire altanero. Verlos juntos provocaba cierta risa, recordaba
ese poema de Góngora en que se narraba el amor entre el cíclope
Polifermo y la ninfa Galatea.
Además esto provocaba algunos problemas cuando iban a las fiestas de
la FAP, donde su novia era coqueteada descaradamente por los jóvenes
tenientes. Para Tito tenían la conchudez de decirle “ Señor
podría bailar con su hija esta pieza”, pero le respondía a sus
malcriadeces de manera tajante“ Ella es mi novia”. Muchos de
ellos retrocedían con respeto y temor. Pero su madre y algunos
amigos de su confianza le pedían que no continuara su relación ya
que era muy desequilibrada. Pero se negaba a escucharlos.
El oficial cabellorosamente le abrió la puerta de su carro, haciendo
como una reverencia a su “Dulcinea del Toboso”. Ella se sintió
rara y halaga por ese trato. Tenía unas piernas infartantes que todo
hombre deseaba tocar , se resaltaban cuando subió al vehículo.
Mikayla había sido invitada por una amiga suya al colegio médico
para un concierto que iba a cantar una artista vernacular que le
decían “La Mamacha Cordillerana”. Tito ofreció llevarle para
darle gusto a su enamorada y así ganar puntos a su relación. El
coche partió a la carrera para llegar al sitio que quedaba cerca de
Larcomar frente al mar. Aunque hubiera preferido pasear en el parque
Domodossola, donde tenía gratos recuerdos de su infancia y juventud.
Mientras recorrían la ruta, en el auto puso música ochentera que le
encantaba a Mikayla. Se alternaban con las melancólicas y poéticas
canciones de Julio Iglesias. Con esta armoniosa alternancia la pareja
no se peleaban por una tontería, como rezaba una estrofa del
cantante español. Tito hablaba con ella con hunor socarrón acerca
de su carrera militar en meteórico ascenso, los puestos como
agregado militar en Portugal e Italia, los líos de falda que tenían
sus superiores,sobre su papel fallido en la guerra del Cenepa, los
aviones que piloteaba...finalizando al comentar de manera peyorativa
acerca de su ex mujer, se refería a ella como si hubiese perdido la
lotería.
A su novia le disgustaba la forma de expresarse en ese último
tema...pero se calló para no aguar la animada exposición de un
abanico de temas por parte de “su héroe victorioso”. Le
fascinaba su carácter campechano y jovial por una parte. Ambos se
conocieron en una gala de oficiales por el aniversario de su
institución, donde su tío, promoción de Tito, la presentó y sin
conocerse surgió el flechazo. Justo en ese momento se estaba
divorciando de su esposa Paula, con quien tenía dos hijas gemelas.
Las voces chismosas decían que iban a casarse en un futuro cercano.
-¡
ya estamos por aterrizar!- anunció su llegada al sitio como si
estuviera en misión de vuelo, la miraba pícaramente
- hasta en eso no se te quita lo militar- le respondía sin llegar al sarcasmo
Al bajar del carro, le abrió la puerta caballerosamente para que
bajara como la duquesa de Alba. Vieron el local de arte criollo, que
el maremoto de construcciones de condominios aún no devoraba. Era
más pequeño de lo que imaginaba, pero su mirada se centraba en el
mar oscuro solo iluminado de manera débil por las luces de la
ciudad. Una fuerte ventisca sacudía las ramas de los árboles
centenarios. Le parecía extraño de que no hubiera un cartel que
anunciase el espectáculo, mientras pensaba se acercó la amiga de su
novia Soraya. Saludó efusivamente a Mikayla.
Vestía un traje que no combinaba con la contextura delgada de ella.
Tenia un cabello castaño que parecía pelirrojo y su aspecto no era
de lo más agradable, la primera impresión fue decepcionante. No
cabía en su cabeza como una preciosidad pudiera ser amiga de esta
piltrafa. Tuvo que aguantar su desazón. La pareja entró al recinto,
llegaron a un patio interior donde se encontraba más adelante el
escenario. Una estatua grecorromana les daba la bienvenida, el sitio
era enorme. Sus paredes estaban pintadas de barniz blanco y se
encontraba a medio llenar. Tito empezó a sentirse desubicado en ese
lugar más por el uniforme que llevaba encima. Un gesto de
incomodidad, se evidenciaba al fruncir el ceño.
Le hacía recordar a una escena de la película Forrest Gump, en la
cual el protagonista siendo soldado va a una fiesta de hippies y
panteras negras donde los uniformados no eran bienvenidos. Era una
analogía menos cruel que se asimilaba a su caso. Se ubicaron en la
quinta fila, el oficial dio una ojeada parecía que se hallaba en una
misión de reconocimiento del campo enemigo. Se decepcionó mucho al
ver que al público asistente fueran en su mayoría jubilados que
deseaban pasar el rato. No había chicas bonitas de la edad de
Mikayla para darles una miradita en sus ojitos siempre solteros.
¿ donde me ha llevado Mikayla a un geriátrico? Comentaba en sus
adentros, además no se hallaban chicas que lucieran provocadores
atuendos ni lucieran su belleza para echarles una miradita a su
monumentales figuras. No era lo que imaginaba. Entretanto las dos
mujeres hablaban como “loras” de temas baladis y no advirtieron
el silencio de Tito. Miró su reloj con cierta pavonería para saber
cuando empezaba la dichosa función. Le irritaba de que no estuviera
preparado, detestaba la impuntualidad. “La tardanza es uno de los
peores enemigos del Perú”, decía siempre a los jóvenes
aspirantes que ingresaban a la FAP. Pero ahora lo combatía de forma
silenciosa y esta parecía que lo iba a vencer.
Leyó los folletos que hablaban del evento , allí mencionaban los elogios a la “Mamacha Cordillerana”, resaltando su canto y amor desinteresado por el arte andino. Allí había una foto en blanco y negro de la cantante en que llevaba unos largas trenzas negras como Rapunzel. Vestía un traje negro costumbrista junto a un sombrero. Se imaginaba que así se presentaría en el escenario. Su conocimiento de la cultura andina, equivalía a la de un combista acerca de física cuántica.
Leyó los folletos que hablaban del evento , allí mencionaban los elogios a la “Mamacha Cordillerana”, resaltando su canto y amor desinteresado por el arte andino. Allí había una foto en blanco y negro de la cantante en que llevaba unos largas trenzas negras como Rapunzel. Vestía un traje negro costumbrista junto a un sombrero. Se imaginaba que así se presentaría en el escenario. Su conocimiento de la cultura andina, equivalía a la de un combista acerca de física cuántica.
Durante su carrera militar, jamás había pisado la sierra, solo
estuvo en guarniciones de la costa norte y sur. Esperando con ansias
una imaginaria orden de luchar contra algún tipo de enemigo exterior
por más inexistente que fuera. Ni siquiera los avioneros que supiera
eran parte de dicha región, aquellos reclutas cara de niños con
rasgos cobrizos. Como para sacar algún tipo de experiencia
compartido.
Después se fue a comprar cigarrillos al no ver señales de que
empezara a comenzar salió y sintió una bocanada de aire fresco que
su cuerpo le pedía a gritos. Fumaba y sacaba rosquillas de humo, que
el viento las diluía. Dio unas vueltas por el parque, zonzenando de
lo lindo. También había comprado unas mentitas para ocultar el mal
aliento y no ser ampayado por Mikayla que le desagradaba que fumara.
Sintiendo como si hubiera sido advertido por alguna consigna comando,
se dirigió al local. La intuición no le mentía, cuando entró al
escenario y se oían aplausos. Comenzaba el show de la “Mamacha
Cordillerana”. Tomó su asiento, su novia le regañó por su ligera
tardanza.
Al abrirse el telón vio a la dichosa cantante, verla le dejaba
impresionado bueno no era Marisol, esa intérprete de cumbia que
había oído en boca de los soldados que fantaseaban en sus noches
solitarias del cuartel. Era una persona rellenita de piel cobriza.
Vestía una blusa amarilla, una pollera negra y usaba ojotas. Se
asemejaba a una abejita con esa vestimenta. Ella empezó a cantar, la
hacía de manera apasionada a pesar de los años de su larga carrera.
Su música hablaba de paisajes bucólicos, amor a la naturaleza y a
la maternidad. Todo iba bien hasta que empezó a elogiar al
guerrillero poeta Javier Heraud, dándole vivas. Tito se sintió
incómodo poniéndose alerta, le hacía recordar los tiempos de la
guerra contra Sendero, la tensión afloraba en su rostro.
Su mente le ordenaba que interrunpiera ya sea con su arma o donde un
grito diciendo alguna grosería propio de los cachacos, alegando que
era una reunión de terrucos. Mikayla al notar su ansiedad le tocó
la mano, este gesto le calmó diciéndole “ es solo una tonta
canción”. El público aplaudió estruendosamente la letra subversiva, Tito se quedó estático sin aplaudir. El evento le
pareció extraño para una persona acostumbrada a una mentalidad tan
vertical. Después de otro número el espectáculo que calmó un poco
las aguas.
El siguiente cantante se trataba de un anciano cuya edad pasaba los 70 años. Que tocaba en un singular instrumento musical, era un viejo acordeón del siglo XVIII traído por los padres franciscanos que se tocaban las notas con los pies. Aquella era una imagen melancólica con esa tonada monótoma. Su espíritu duro se ablandó al escuchar estas tristes melodías. Fue lo mejor que habís oído, equivalente a mil marchas triunfales. Terminando su turno, la “Mamacha Cordillerana” retomó su polémico cancionero. En vez de lanzar otra de esas canciones que hablaban de lo hermoso que era el mundo andino, esta vez su tema se centró en la masacre de estudiantes de secundaria ocurrida en Huanta por el gobierno militar de Velasco por los años 70.
Tito la observó con horror ¿ había notado que vestía el uniforme
, que representaba a los crueles villanos que fustigaban sus
canciones?. Ya estaba por arrepentirse de usar el sagrado traje de la
patria y complacer a su novia al ir a esa reunión. Se sentía como
el coronel Bolognesi que se vía abrumado por la superioridad del
enemigo en cuanto a armamento y número de soldados. Pero la cantante
vernacular usaba una poderosa arma más potente que todos los
obsoletos tanques T 55 que tenía el ejército para los desfiles y
golpes de estado grandilocuentes. Era su voz, la punta de lanza de su
ofensiva que estaba por derrotar a Tito en esta guerra silenciosa. Su
rostro sudaba por la tensión y este se lo secaba con un pañuelo.
Para el fue un alivio que se terminara esta canción subversiva.
Apareció otra cantante que no tenía la fuerza de voz de la
anterior, pero su mediocre presencia lo calmó...hasta iba a tirarse
“un jatito” cuando oyó la voz altisonante la voz de la “Mamacha
Cordillerana”, habló de los compañeros encarcelados por una y
otra razón política, también criticó al gobierno por su apoyo a
rajatabla a un proyecto minero que estaba causando un conflicto
social en el norte del país.
Había escuchado por los medios, que el presidente declaró el estado
de emergencia en esa región. Los ánimos se caldearon cuando algunos
presentes empezaron a dar vivas en contra del bendito proyecto
minero. Tito se dio cuenta de que vivir en un círculo cerrado le
impidiría comprender un poco a esta gente que la consideraba rara,
que tenía otra visión de la realidad. Luego de otro par de
canciones, la gente empezó a bailar improvisadamente.
- Mikayla, sabes te llevo a casa se nos hace tarde-
- amor son las 11 y 20
- es muy tarde, te invito a cenar a mi casa- besándole el cuello
Su novia disfrutaba del evento junto con su amiga junto con su amiga,
hasta quería bailar ese animado huayno con héroe. Pero Tito pudo
forzarle a irse con él, bueno su estrategia no era la mejor pero
quería huir de “esa olla de grillos”. Tuvo que despedirse de su
amiga de manera rochosa, aadvirtiendo un gesto de amargura por su
apresurada salida. Al salir del recinto, sentía que se quitaba un
peso de encima. Extiró sus brazos, como si estuviera realizando sus
flexiones de entrenamiento al estar sentado durante horas. Mikayla se
encontraba pensativa y silenciosa. Subieron al coche y se dirigió a
la avenida Canevaro.
- si quieres podemos ir a a ese restaurante que tanto te gusta Mikayla- tratando de disipar la tensión
- no gracias tengo hambre- con tono apagado
- con tono apagado y te preparo algo- tratando de cambiar de tema
Las
avenidas de Miraflores, se hallaban vacias, una imagen de sosiego en
una ciudad monstruosa. El viaje de regreso transcurrió en silencio
con un aire trágico. Bueno a él no le gustaba discutir con su novia
ya que le hacía recordar su fracasado matrimonio. Al llegar a casa
de Mikayla, Tito se quitó la chaqueta y sacó un cigarrillo sin
importarle la presencia de ella. La chica iba a entrar en su
departamento, fue entonces que le hizo una pregunta que desnudó su
incomodidad de su “chava”.
- ¿pareces que huyes de algo amor?- dándole un besito volado
- No me gusto lo que hiciste hoy- fue su tajante respuesta
- pero no te enojes por eso además podría pasar la noche en tu casa, mañana es domingo y lo podemos olvidar como si nada- haciéndose el gracioso
- esta noche no amor- fue la despedida rauda que hizo su novia
“Ya
se le pasará” pensó mientras miraba la luna llena.


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