Viernes 11 de enero de
2013, GH se levantó de la cama
disfrutando que todas las mañanas sean endemoniadamente ociosas. Desde que
estaba de vacaciones, había pasado dos meses levantándose tarde siendo
beneficioso para cuerpo y alma. Cuando volvería retomar clases en la
universidad, extrañaría ese privilegio de “tirarse la dolce vita”. La mañana era radiante, el sol está feliz de
que el hombre disfrute sus vacaciones como se merece. Parece que la fortuna, lo
acompaña desde el amanecer hasta el anochecer. Su cuarto, como siempre está
desordenado: lleno de calcetines, medias y ropa desperdigada en su cuarto. Parecía
la habitación de un artista bohemio, que lucha contra las convenciones
sociales. Lo único que faltaba era porros de marihuana y botellas de “Punto G”.
Tras cambiarse, se dirige a la sala donde está preparado ya su desayuno. El
televisor daba el boletín informativo, que emitía cosas poco sorprendentes:
asesinatos, violaciones, robos, pandilleros de pacotilla que harían avergonzar
a la Mara Salvatrucha e incluso las infidelidades de los famosos era
noticia. Lo único resaltante era el
asunto de la revocatoria. Lo único rescatable era el asunto de la revocatoria a
la alcaldesa Susana Villarán.
Esta dizque consulta popular, porque de popular no tiene pero
si mucho de populista. Mostraba cuan infantil es nuestra política, así por
decirlo. GH se pregunta “miércoles ¿cuando empezará a crecer y convertirse en
adulta responsable…sino estaremos jodidos hasta el fin de los tiempos? Cambió
los canales para ver si encontraba otras noticias destacables, quería saber
como los medios hablan sobre “La asunción virtual de Chávez”. Lo cual ha
marcado un precedente en la historia de Latinoamérica. Los analistas hablan,
algunos entusiastas hasta la exageración; otros con cierta modestia sobre el
posible fin del caudillo de la revolución bolivariana. Ya hablan de transición
o traspaso de poder. En cambio el joven prefería esperar hasta que ocurra un
desenlace realista, nunca le había gustado aventurarse con hipótesis que
podrían ser catalogadas de desubicadas. En el fondo, desean que un gobernante
tipo “Carlos Andrés Pérez” empiece una
nueva de “normalidad “en el país llanero. El orden establecido “políticamente
correcto” más no la democracia, eso es lo que clama a gritos los medios
defensores de la libertad de empresa.
Terminó de devorar el desayuno, vuelve otra vez a su cuarto
para coger algo de dinero de su alcancía. Quiere comprar el semanario
“Hildebrandt en sus trece” justo sale hoy día, era una de sus publicaciones periodísticas
favoritas que tiene un estilo realmente crítica formando opinión. Lo leo,
porque encuentro cosas que son analizados de manera profunda, al contrario de
los medios puramente comerciales que dicen últimamente payasadas. Ni siquiera
hay que mencionar el nombre de “aquellos medios de comunicación”. Su contenido,
el primer número del 2013, no decepciona. Se destaca en primer lugar, por la
biografía exagerada de la uruguaya Blanca Luz Bruhm (1905-1985) viuda del poeta
peruano Juan Parra del Riego fallecido en Montevideo a la temprana edad de
treinta y un años por el año de 1925. La historia se hizo más fascinante,
cuando la joven aspirante a poetisa dio su primer recital en las tertulias limeñas
llevadas a cabo en la casa de José Carlos Mariátegui. Parecía que las
credenciales de su fallecido marido, le abriría los puestos para el desarrollo
de su carrera. Más su encantadora belleza, que hacía suspirar a renombrados
intelectuales. Luego la historia gira a unos 360 grados, cuando se convirtió en
la sufrida pareja del genial pintor mexicano
David Alfaro Siqueiros. El fracaso de su relación, sería el comienzo de
una seguidilla de desastrosos matrimonios a lo largo de 25 años.
Su inestabilidad sentimental fue tal…que opacó su producción poética, encasillada en el
modernismo. Cansada de escapar, exiliarse, con un trabajo poético que nunca
despegó, presenciando la muerte de sus hijos en sendos accidentes
automovilísticos, ser protagonista de sonadas infidelidades con diversas
personalidades públicas y, decepcionada en cierto sentido de si misma, se puede
así resumir su vida. Tuvo una tremenda metamorfosis, de ser en su juventud estar
enamorada al igual que su finado Juan Parra de la revolución socialista, donde
ella sería la protagonista. Esa ilusión lo creyó cuando debutaba como novel
poetisa en las reuniones con “El Amauta”. Con el paso del tiempo, se convirtió
en una “momia” conservadora reaccionaria que apoyó el sangriento golpe de
estado de Pinochet en Chile, como si este fuera una bendición celestial. Blanca
Luz Bruhm, terminaría sus días en una especie de soledad esperpéntica en la
isla de Juan Fernández. Donde volcó sus últimas energías en la búsqueda de
tesoros imaginarios dejados por los piratas.
La historia, digna de una tragedia griega de un talento que
murió antes de nacer fue sumamente conmovedora. Se preguntaba, que pensaba el
alma de su primer marido acerca de la conducta íntima de su querida Blanca Luz.
Tal vez estaría muy decepcionado de cómo termino su carrera poética. Lo releía
como unas tres veces el texto, era tan atrapante la historia que no quería que
terminara. Leyó otros artículos de la revista, pero el que más les gustó fue la
biografía. Terminada la lectura, preparó sus cosas para salir. Tenía que mandar
unos currículos, para lograr obtener alguna mísera práctica. El lugar donde
debía dirigirse era la sede de “Radio Libertad”, ubicada en la avenida
Salaverry. Una amiga de la universidad había trabajado en dicha estación y tomó
su experiencia como una recomendación. El viaje de Pueblo Libre Jesús María, se
destacó porque el micro saltaba por los continuos baches y el color sofocante
al interior del vehículo. Pero eso sería la mitad del camino, ya que su destino
final era el Cercado. Al llegar a la Radio, buscó la puerta principal para
entregar el documento. Al hallarla, tocó el timbre. Siempre se ponía algo
nervioso parecía que tocaba la puerta de la sede alguna sociedad secreta al
cual la ha importunado. De repente una voz maternal, me indicaba donde entregar
el sobre manila. Le hacía sentir seguro y hasta hizo promesas de que lo
llamarían en los próximos días. Eran bonitas y falsas…pero igual quería
ilusionarse otra vez. Luego tomó otro bus que lo apodaba “la bicolor”, por sus
colores semejantes a la bandera peruana. Tuvo suerte de que no estuviera lleno,
porque ir hasta allá era un viaje homérico. Además el calor, hacía que el
vehículo se convirtiera en un horno móvil especialmente cuando tenía que
pararse en los constantes atascos en el tránsito.
Mientras duraba la
travesía, observaba con orgullo su currículum, quería ver si el diario “La
República”, el cual era uno de sus diarios favoritos, podía aceptar su
solicitud. Su sede se ubicaba en la plaza armas, al frente de la sede del poder
ejecutivo a quien fiscalizaba con rigor periodístico, propio de un estado
democrático. El bus ya se acercaba a la avenida Abancay el instinto le decía
que debía prepararse, como si estuviera surfeando una ola descomunal. El sitio,
era una especie de territorio comanche urbano y se parecía a cruzar un campo
minado. Tenía que sortear numerosos obstáculos como vendedores ambulantes, paraderos
informales de vehículos que hubieran podido participar con honores en “Rápidos
y Furiosos”. Estaba rodeada de edificios monstruosos que tenían vida propia y
un tránsito, personificado en un vendedor de DVD piratas. No fue difícil llegar
hasta el lugar. Estar en el centro de poder, donde hace más de cuatrocientos
años, se formó el Perú moderno le daba un aura especial a GH. Al llegar al
jirón Camaná, entró al primer piso que era un ambiente fresco frente al
inclemente calor. Parecía que había llegado al paraíso. Entregó su documento, a
una señora encargado al parecer de recibir documentación importante. Lo recibió
con una sonrisa artificial y parecía encantada con su dossier personal. Le
hacía promesas de que leería el documento y respondería a su solicitud. Se
retiró del lugar, con una sonrisa en los labios. Hacer el intento, era una
especie de victoria. Recorrió el amplio jirón de la Unión hasta la plaza San
Martín en su recorrido observaba como pasaba la gente, aquello era “una torre
de babel” horizontal.
Pasaba un universo de personas de toda índole: mujeres
jovencísimas embarazadas, señoras venidas de la sierra; con sus innumerables
polleras, universitarios con Blackberrys, payasos con sonrisa triste, policías
con su panza chelera, teatrales mendigos, adolescentes con piercing como si
fueran faquires, nuevos ricos entre otras especies de la jungla urbana. Al
llegar a la plaza San Martín, se encaminó al Jirón Quilca un lugar fascinante
para los nerds como GH: el hueco de los libros piratas, que parecía un
territorio liberado de las garras del imperio de la ignorancia. El conjunto de
edificios, que tenía grabados anti sistema que podrían haber sido catalogados
veinte años atrás de subversivas. Le fascinaba esa muestra de creatividad y
rebeldía de esta que le decían “El Averno”. Caminaba a una de las librerías,
quería comprarse alguno de “tesoros milenarios”. Dependía de cuanto dinero
tenía para lograr completar alguna colección de su biblioteca personal. Revisaba
los títulos, preguntaba a los encargados y tenía que economizar su insaciable
amor por el saber. Pudo comprar una novela del nobel norteamericano William
Faulkner, llamada “El Villorrio”. Más una revista de la National Geografic, una
de sus publicaciones favoritas que le abría al portal de una geografía
fantástica y desconocida. Si hubiera tenido más dinero GH le hubiera hecho el
amor a la diosa Razón, cuyo placer es superior a cualquier mujer real. Con el dolor de su alma, tuvo que retirarse
del lugar. Por lo menos se iba a casa, triunfante con un nuevo tesoro
adquirido. Siguió caminando, lo hacía de manera vigorosa. No le importaba el
sudor ni el cansancio…solo seguía su camino. Llegó a la plaza Bolognesi, ya no
ere sitio hacía cien años de refinado estilo modernista francés. El baluarte de
las élites limeñas, había sido invadido por esa indiada piojosa….a la que
inclusive, considerada su servidumbre por derecho divino, no eran catalogados
siquiera como humanos. Las fotos que vio en una página del facebook acerca de
la Lima de antaño, atestiguaba ese esplendor artificial que imitaba las modas
europeas. Al ver sus edificios pintado de anaranjado, uno de ellos fue sede de
la embajada de Bolivia, se preguntaba que hubieran pensado los transeúntes de
ese tiempo de ver la plaza hecha en homenaje al héroe de Arica; se convertía en
un muladar cacofónico de orondas quintas cayéndose a pedazos. Allí escuchado
que por esa zona, se haría un mitin político.
Preguntó a un transeúnte, donde quedaba el local de los
partidarios por el NO. Lo gracioso de todo esto, se presentó como periodista.
Parece que le daba cierto estatus por presentarse así. Gracias al dato que le
proporcionó, se dirigió a su local. Aparte quería buscar un sitio fresco, para
renovar sus energías. Hacía tiempo, que su conciencia le pedía participar en la
vida nacional del país. Tenía la edad y la energía, para ser protagonista de
los destinos de la nación. También había investigado las posturas políticas
desde Platón hasta Pol Pot, algunas premisas enseñadas por un profe genial al
que apodaba “Woody”, por su cierto parecido al vaquero de la película “Toy
Story”. Se debía pasar de la teoría a la práctica, era un camino oscuro y
tortuoso como una puerta angosta. La política de la atribulada patria, le
fascinaba desde la época en que salían “los Vladivideos”, en esa época tenía
once años. Miraba con fascinación “La marcha de los cuatro suyos” por la tele. Cuyo
clamor popular por una verdadera democracia retumbó por todo el Perú a inicios
del tercer milenio. De esa manera inició su aprendizaje, aunada por los
testimonios de sus familiares que militaren en movimientos de diversas
tendencias: sus padres y una tía muy querida que eran partidarios confesos de
la izquierda. Lo cual le generaba una emulación que jamás logrará hacer. La
época de sus “viejos”, ha sido insuperable y a veces superior al resto de todas
las eras de la historia. Su abuelo materno militó en el APRA e incluso sufrió
prisión, cuando se presentaban las reñidas elecciones de 1962, impidiéndole
votar. Hasta sale en las fotos con Alan García, un joven presidente en la
década de los ochenta…inclusive siendo aprista le dieron una pistola para
defenderse de los terrucos. Su otro abuelo en cambio, fue apaleado por los
partidarios del partido de la estrella a mediados de los años cuarenta. Siempre se caracterizó por apoyar a los
políticos conservadores y en sus últimos días apoyó al fujimorismo.¿ junto a su
madrina. Eso incluye a un tío abuelo, que era marxista y estuvo preso en el
Frontón. Y para finalizar, algunos parientes han pertenecido al mayor partido
político que ha tenido el país desde 1821: el ejército. GH era un poco de todo:
izquierdista, liberal, castrense, nacionalista, medio revolucionario, utopista,
idealista, pragmático, republicano y librepensador. Es loca mezcla ha moldeado su visión política. Una vocecita
le dice que con tal “sancochado” podría ser un estadista que marcaría la
historia.
Entró al local del NO, pasó por un estrecho pasadizo. Llegó
al atrio del edificio, parecía que el recinto lo habían remodelado
recientemente. Vio a personas con sus polos blancos saliendo y entrando al
lugar. Pude observar que las paredes estaban llenas de recortes de periódicos,
revistas y propaganda con su característica color celeste. Tanto le habían
hablado de partidos políticos y ahora estaba comiendo de ello. Parecía que
asistía a un banquete. Luego empezó a preguntar a la gente, de cómo podía
aportar un grano de arena a la gente. La información proporcionada, le llevaron
a otra sala contigua, donde había una gran aglomeración de personas. Era
increíble que en ese minúsculo lugar, se pudiera hacer un mitin. Aparte de los
militantes, se encontraban reporteros de algunos canales. Pudo ver a una
reportera flaquita, que parecía provenir de algún programa dedicada a la
farándula, hablar ante las cámaras. Luego vio otro reportero: un joven flaco
con pelo largo ondulado. Anotaba lo que sucedía con su pequeño lápiz. Tenía en
su cuello, como si fuera un amuleto, el carnet de prensa que lo identificaba
como periodista. Parecía que trabajaba para “Diario 16”. Al frente, parecía
haber una especie de concurso de oratoria en la palestra. Le hubiera gustado
abrirse paso y decir algunas palabras pero justo acababa el tiempo de los
oradores. La multitud aplaudía y vivaban los discursos. Era un sitio de sublime
alegría, gritaba en ese coro de voces que aclamaba los lemas de los principales
expositores del “No”. Pudo observar que se encontraba famosa, a la cual solo
conocían por la televisión y los diarios. Parecía que se vivía un sueño,
imposible de creer.
Las cosas que llevaba, le incomodaba mucho. Impidiéndole
aplaudir con más entusiasmo y comodidad. Aparte de esto, se agregaba el ir y
venir las personas. De repente unos chicos, que parecían que habían venido del
carnaval de Rio de Janeiro, tocaron con estruendo unos tambores. Cuyo ruido era
equivalente a todas las discotecas de Lima sonando los viernes. Los gritos y
aclamaciones, era imposibles de escuchar. El mitin termino convirtiéndose en
una fiesta popular. La gente salió de la sala, encabezados por los chicos que
tocaban sus ruidosos instrumentos. Hicieron fila india, hasta llegar a la
puerta. Al salir, un enjambre de reporteros. GH se sentía extasiado de estar en
el centro de la noticia, ser testigo de los acontecimientos que podían cambiar
la historia de la ciudad. Los principales líderes del mitin, fueron
entrevistados por la prensa. Trataba de colarse, a ver si su cara salía por el
telediario. Ya se imaginaban, lo que dirían sus familiares si su cara aparecía
en los noticieros de la noche. Sin conocernos, había una especie de ambiente de
camaradería como si automáticamente fuéramos amigos de toda la vida. Eso es lo
que le fascina de la política, ser parte de una organización que se convierte
en una segunda familia. Desde hacía más de veinte años, los partidos políticos
ya no son el motor que mueve la sociedad. Aquello lo ponía muy triste, sentía
que su generación estaba desamparada. “Ojala esta situación se revierta, sino
las coas no tendrán sentido” pensaba en sus adentros. Los partidarios del “No”,
anunciaban nuevas movilizaciones en contra de la revocatoria en los conos. Le
enorgullecía ver a esos chicos, renunciando a las comodidades que les prolija
la juventud de hoy, displicente y frívola. Sabía que no podría ser como ellos,
su espíritu no era para esos trances.
Se retiró de la plaza con un orgullo realmente placentero por
hacer algo fuera de lo común. Llevaba consigo un polo por “El No”, que le
regalaron el mitin. Era un testimonio de que participó en un mitin político.
Eso marcaría un antes y un después en su vida. Tuvo que esperar una eternidad
en la avenida Brasil, para que un micro lo llevara a la Bolívar. Lo bueno es
que el paradero era un sitio con sombra. Era increíble de que en un verano tan
inclemente como el limeño, los paraderos no tenían sombra. Parecía el paisaje
urbano, ser el decorado del teatro del absurdo. Cuando se subió al vehículo, se
puso a leer la sinopsis del libro del autor norteamericano. Los viajes en micro
son sumamente aburridos. Una sana lectura, no vendría nada mal para alimentar
la mente. El calor arreciaba, cuando llegó a casa. Era un alivio, estar
nuevamente en el hogar. Les contaría a sus padres y hermano, sobre la aventura
que había tenido en la plaza Bolognesi: participar en un mitin político, era
como tener sexo por primera vez. Al subir al tercer piso de su casa, los
encontró almorzando un excelente ají de gallina. Su madre lo saludó con su
clásica efusividad, él les respondió de manera formal. Luego se dirigió a su
cuarto, puso su mochila en la silla. Era quitarse una cruz encima, su pobre
espalda podía respirar en paz. Se echó sobre su cama, era como si manos
celestiales lo masajearon. Era uno de los momentos más felices que disfruta y
que podría ser el último. Descansó unos quince minutos y escuchó la radio. La
música estaba endemoniadamente buena, canciones de ayer, hoy y siempre. Ya se
encontraba preparado, luego del breve descanso, para contar mi historia de mi
primera participación en un mitin político. Lo contaba como si hubiera visto
“La transfiguración de Cristo”, se sentía una persona nueva.
Sus padres lo miraban como si hubiera logrado escalar el
Himalaya. Para coronar su aventura, les mostró su polo por el “No”. Parecía que
les traía una reliquia religiosa. Ellos lo miraron anonadados…mientras su
hermano se ponía sarcástico con mi convicción política recién adquirida. Desde
que ingresó a la universidad, su bagaje cultural. Le dijo “que en el poco
tiempo andaba en la universidad lo que no pudo aprender había aprendido en diez
mientras estuvo en la escuela”. Hablaban los hermanos mucho de política, de
manera sumamente cosmopolita, como estuvieran asistiendo alguna reunión de los
antiguos filósofos griegos. Discutían sobre el neoliberalismo, la guerra de
Afganistán, la primavera árabe, sobre la idea la república, burlándose también
de lo absurdo que son las teocracias y monarquías absolutas. Temas que para un
chico de su edad, apenas lograría comprender. Su padre siempre les decía, que
ellos hablaban de cosas prácticamente ininteligibles. Aquello era un elogio,
escucharlo en boca suya. Pero muchas lo sorprendía que incluso a temprana edad
ya lo superara en cuestiones de sapiencia. Tener un hermano como él, era un
tesoro irremplazable. Terminada la conversación, se tiró la verdadera siesta.
Echarse a la cama, era como ser recibido en el paraíso. Tenía que recuperar
fuerzas para ya ir al gimnasio que estaba a unas cuadras de su casa. Desde
hacía meses, iba al templo “del cuerpo perfecto” para rehabilitarse de los excesos de la gula.
Bueno también había hecho ciertos cambios en su dieta, preguntaba
constantemente a su madre, como si fuera su guía espiritual, en la lucha contra
la gordura. GH tenía la costumbre de poner la radio mientras dormía para así
poder aligerar el sueño y saber la hora. Porque sin querer podía dormirse unas
dos o tres horas, cuando solo quería descansar cuarenta minutos. Cuando se
despertaba de su largo tedio, al ver que su cuerpo estaba encadenado por el
encanto del arpa de Morfeo sentía pánico. Era como el cuerpo físico estuviera
encadenado. Felizmente ese día pudo despertar a la hora que quería. Miró la
habitación en actitud vigilante, como si esperara una señal. Después organizó
sus cosas para ir al gimnasio.
Era una tarde preciosa, el sol no arreciaba como al mediodía
como una ametralladora fulminante cuando regresó a casa. Tomó sus lentes
oscuros y echose a andar. Le encantaba hacer grandes caminatas, para él
recorrer la ciudad a pies era como hacer “tracking” y protagonizar grandes
aventuras. Recorría la larga avenida Lincoln y era testigo de su
transformación. Estaba cada vez más rodeada de edificios monstruosos, sacados
de algún rincón de la Rumanía de Ceucescu. Representaban en cierta medida, la
fragilidad de la civilización humana. Llegó luego a un parque colindante, lleno
de árboles que parecía una hectárea del Edén. Una isla verde en medio de un mar
de cemento que arrecia con sus grandes olas. Había niños jugando, parejas
disfrutando de su idilio y señoras mayores conversando. Era el universo, que le
daba vida al área verde y reconfortaba espiritualmente. Al llegar al BCP, un
edificio gigante donde se hallaba la sede del club del banco de reserva. Entró
al lugar, no tenía problemas con los vigilantes…solo con los nuevos que le
pedían su clásica tarjeta celeste. Subió al tercer piso hasta llegar al
vestidor y así cambiarse. Entró al palacio, donde hombres y mujeres moldeaban
su cuerpo para parecerse a las estrellas de la televisión o hacer el intento.
La música resonaba el ambiente y le daba vida al ambiente,
como si fuera una discoteca de moda. Además había unos televisores de pantalla
plana que trasmitían series norteamericanas. La serie que más le gustaba era
CSI, un programa muy interesante donde un grupo de geniales detectives
resolvían los casos más complicados. Con unas técnicas totalmente científicas,
que dejarían fascinado al mismo Sherlock Holmes, le dejaban muy impresionado.
Otro programa que le gustaba era acerca de un clarividente medio cojo, que
podía ver con solo tocar a una persona su pasado e incluso su futuro si tomaba
alguna decisión. Su poder era tal, que era consultado por la policía para
resolver casos misteriosos. Pero lo más
fascínate de todo, era mostrado como un ser de carne y hueso. Con miedo,
rencores y una perturbable soledad de no tener una mujer a su lado. Aquel
aislamiento de las personas talentosas, le hacía recordar su propia existencia.
No poder gozar de la normalidad del hombre común. Tras terminar su rutina, GH
puso sus cosas y firmó su asistencia en el libro. Se dirigió a una de las
máquinas, donde quemaría cientos de calorías y sudaría la gota gorda. Miraba la
televisión, mientras hacía su rutina de ejercicios. Habían puesto una canción
de la “Venus californiana” Kate Perry, le daba más ímpetu para correr con mayor
fuerza en la máquina. Miraba como si estuviera gozando de alguna película
porno, el número de calorías quemadas. Tenía una cierta manía por las cifras
exactas y eso que no le gustaba las matemáticas. Pasaría una hora entre
ejercicios y otra para finalizar su ritual con una buena entrada en la sauna. Además
de sudar y más chevre aún era conversar con alguien y no aburrirse mientras
contaba los minutos que debía estar allí. Hablar de temas triviales o sobre
algún asunto picante no vendría nada mal. Gozaba pensar de estar desnudo ante
una mujer, le hacía sentir más espiritual.
Anhelaba en las profundidades de su pervertida alma que su
fantasía, se hiciera realidad. Quería que una chica le examinara como si fuera
una científica que ha descubierto a una criatura nueva. Tras terminar su
ritual, se cambió. Observó en la ventana que estaba anocheciendo. El ocaso
mostraba un cuadro de un cielo morado y amarillo. Era una visión mágica, bella
y un signo inequívoco de que la vida valía la pena. Salió del recinto y se
dirigió a la universitaria para tomar su carro que lo llevara al paradero de la
católica. A diferencia de otras horas, el transporte estaba lleno. Los micros
parecían “latas de sardinas móviles”. La
única opción era elegir el micro menos
lleno, puede considerarse una metáfora de las elecciones en el Perú. Al final.
El menos malo de todos los candidatos. GH tomó el microbús, era una custer
medio destartalada, con colores brillantes y cualquiera diría que era una
caravana de un circo gitano. Su único consuela, era que el trayecto iba a ser
corto. Así que podía aguantar “el servicio de lujo” del transporte público.
Justo cuando iba a partir el vehículo, empezó a detenerse. Asomó por la ventana
y descubrió para su sorpresa y horror, que estaba siendo multado por la
policía. GH ya había tenido una mala experiencia, cuando regresaba a su casa y
el micro fue detenido por los policías que pedían documentos. Tuvo suerte de
que no llegara a mayores, pero aquel incidente lo traumatizó. El joven tuvo que
tomar otro vehículo y realizar un breve pero incómodo recorrido. Parecía que
estaba huyendo de una jauría de lobos, tras salir del carro. Respiraba aliviado
tras salir de las fauces del “monstruo metálico”. Ya era de noche. Rápidamente
se olvidó de la mala experiencia y se encaminó a su casa que estaba a unas
pocas cuadras. Le encintaba el barrio donde había pasado la mayor parte de su
vida, tras regresar hacía muchos años de una estadía en el extranjero. Aún no
quería imaginar mudarse a Surco, era una posibilidad que su padre le había
hablado. Aquella propuesta lo había dejado, con cierta desazón. Esperaba que
solo se quedara…un simple proyecto. Le encantaba recorrer las calles
silenciosas de su barrio, que la ola de moles de cemento acechaba como un
guepardo a su presa. Solo en ocasiones especiales, el mutismo era interrumpido
por las bombardas, comparsas y fuegos artificiales. Sentía que la historia de
su familia estaba emanada en ese conjunto de chalets construidos a finales de
los setenta, cuando Lima experimentaba una revolución urbana. Ahora “la ciudad
de los reyes”, sufría otra transformación: el objetivo conquistar el cielo,
construir nuevas torres de babel para competir con los dioses del Olimpo. Era un monumento a la historia, ese contraste
entre esas casitas y los nuevos apartamentos.
Al entrar a su casa, encontró la sala media vacía. Pero
escuchó en el cuarto de sus padres, de que el televisor estaba prendido. GH no
tenia ganas de saludar, solo quería saciar su apetito. Recordó que a las ocho, se trasmitía el programa
favorito de su madre. Se dirigió a la habitación donde se encontraban sus
padres. Para saludarlos, no quería que le dijeran que era “un sobrado”. Tras
este procedimiento formal, se dirigió a la mesa para cenar. Prendió la
televisión, aparte de buscar algún programa interesante quería saber la hora. No
quería perderse un solo episodio de su programa favorito “Escobar, el patrón
del mal”. A GH, le interesaba profundizar más su conocimiento acerca de este
polémico personaje que parecía estar sacado de la novela de Gabriel García
Márquez “El otoño del patriarca”: Zacarías. Tenía características comunes del
protagonista que compartía con el dictador de esa ficticia república bananera
de corte estrafalaria. Psicópata,
extravagante y megalómano, eran las tristes cualidades que los unían tanto en
la ficción como en la realidad. También tiene una connotación marqueziana, con
el asunto de la muerte violenta de varios personajes. Donde era una constante
la eterna crónica de una y mil muertes
anunciadas. Allí podría hacer un análisis del programa, más que la trama quería
saber como retrataban el contexto social-político colombiano que ha sido el
combustible para la violencia suicida del capo. Así comprendería porque este
criminal sembró el terror en Colombia, superando a todos los villanos de las
novelas de “Gabo”.
Justo se emitía un capítulo, el cual se entretejía el
asesinato del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla que era partidario de
la extradición de los barones de la droga a EEUU. La actuación de los personajes lo impresiona,
especialmente el de Pablo Escobar. Los villanos son los mejores personajes de
la historia, GH soñaba con hacer el rol del malo “Hacer de villano, me caería
como anillo al dedo” pensaba mientras
veía la serie. Terminado el programa, ya no quiso ver el telediario. Desde
hacía mucho tiempo, se había aburrido del contenido morboso de la programación.
Se fue a su cuarto, prendió su computadora. Quería ver como andaba en la
escritura de su nuevo cuento que estaba produciendo en los últimos días. Quería corregir varias cosas de su relato y
agregar más párrafos. Hacerlo, era como criar a un hijo fruto del amor que
había tenido con la sabiduría. Por lo menos ella es una esposa tolerante y
siempre se jactaba de ellos cuando la gente le preguntaba sobre su vida
sentimental. Verlo crecer, desarrollarse y superar a su creador era una
experiencia religiosa. Una de las pocas cosas que realmente valen la pena y hay
que luchar hasta el final de los tiempos. Leía el texto y pensaba como podría
hacer que una idea encajara con la mente del lector. Sus ojos estaban cansados,
pero la perseverancia estaba por encima de todo. Por lo menos no se iría de
este mundo, dejando una huella que daría
la vuelta al mundo. Parecía que era una tarea que no le podía fallar a la
historia, otra de sus grandes amores y “esposas tolerantes” que colecciona a lo
largo de su vida. Desde hacía dos años, había descubierto su vocación en medio
de una conversación que tuvo con una de sus tías políticas, una de ellas era de
nacionalidad belga, acerca de la poesía de Apollinarie y fue el punto de
partida para este gran proyecto creativo que se había convertido en la razón de
su vida. El cansancio lo vencía, tras terminar
de escribir un rato, decidió echarse a la cama. Mañana sería otro día y
debía entregarse a todo dar.
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