domingo, 23 de junio de 2013

La jornada de un aspirante a escritor

Viernes 11 de enero  de 2013, GH se levantó  de la cama disfrutando que todas las mañanas sean endemoniadamente ociosas. Desde que estaba de vacaciones, había pasado dos meses levantándose tarde siendo beneficioso para cuerpo y alma. Cuando volvería retomar clases en la universidad, extrañaría ese privilegio de “tirarse la dolce vita”.  La mañana era radiante, el sol está feliz de que el hombre disfrute sus vacaciones como se merece. Parece que la fortuna, lo acompaña desde el amanecer hasta el anochecer. Su cuarto, como siempre está desordenado: lleno de calcetines, medias y ropa desperdigada en su cuarto. Parecía la habitación de un artista bohemio, que lucha contra las convenciones sociales. Lo único que faltaba era porros de marihuana y botellas de “Punto G”. Tras cambiarse, se dirige a la sala donde está preparado ya su desayuno. El televisor daba el boletín informativo, que emitía cosas poco sorprendentes: asesinatos, violaciones, robos, pandilleros de pacotilla que harían avergonzar a la Mara Salvatrucha e incluso las infidelidades de los famosos era noticia.  Lo único resaltante era el asunto de la revocatoria. Lo único rescatable era el asunto de la revocatoria a la alcaldesa Susana Villarán.
Esta dizque consulta popular, porque de popular no tiene pero si mucho de populista. Mostraba cuan infantil es nuestra política, así por decirlo. GH se pregunta “miércoles ¿cuando empezará a crecer y convertirse en adulta responsable…sino estaremos jodidos hasta el fin de los tiempos? Cambió los canales para ver si encontraba otras noticias destacables, quería saber como los medios hablan sobre “La asunción virtual de Chávez”. Lo cual ha marcado un precedente en la historia de Latinoamérica. Los analistas hablan, algunos entusiastas hasta la exageración; otros con cierta modestia sobre el posible fin del caudillo de la revolución bolivariana. Ya hablan de transición o traspaso de poder. En cambio el joven prefería esperar hasta que ocurra un desenlace realista, nunca le había gustado aventurarse con hipótesis que podrían ser catalogadas de desubicadas. En el fondo, desean que un gobernante tipo “Carlos Andrés Pérez”  empiece una nueva de “normalidad “en el país llanero. El orden establecido “políticamente correcto” más no la democracia, eso es lo que clama a gritos los medios defensores de la libertad de empresa.
Terminó de devorar el desayuno, vuelve otra vez a su cuarto para coger algo de dinero de su alcancía. Quiere comprar el semanario “Hildebrandt en sus trece” justo sale hoy día, era una de sus publicaciones periodísticas favoritas que tiene un estilo realmente crítica formando opinión. Lo leo, porque encuentro cosas que son analizados de manera profunda, al contrario de los medios puramente comerciales que dicen últimamente payasadas. Ni siquiera hay que mencionar el nombre de “aquellos medios de comunicación”. Su contenido, el primer número del 2013, no decepciona. Se destaca en primer lugar, por la biografía exagerada de la uruguaya Blanca Luz Bruhm (1905-1985) viuda del poeta peruano Juan Parra del Riego fallecido en Montevideo a la temprana edad de treinta y un años por el año de 1925. La historia se hizo más fascinante, cuando la joven aspirante a poetisa dio su primer recital en las tertulias limeñas llevadas a cabo en la casa de José Carlos Mariátegui. Parecía que las credenciales de su fallecido marido, le abriría los puestos para el desarrollo de su carrera. Más su encantadora belleza, que hacía suspirar a renombrados intelectuales. Luego la historia gira a unos 360 grados, cuando se convirtió en la sufrida pareja del genial pintor mexicano  David Alfaro Siqueiros. El fracaso de su relación, sería el comienzo de una seguidilla de desastrosos matrimonios a lo largo de 25 años.
Su inestabilidad sentimental fue tal…que opacó  su producción poética, encasillada en el modernismo. Cansada de escapar, exiliarse, con un trabajo poético que nunca despegó, presenciando la muerte de sus hijos en sendos accidentes automovilísticos, ser protagonista de sonadas infidelidades con diversas personalidades públicas y, decepcionada en cierto sentido de si misma, se puede así resumir su vida. Tuvo una tremenda metamorfosis, de ser en su juventud estar enamorada al igual que su finado Juan Parra de la revolución socialista, donde ella sería la protagonista. Esa ilusión lo creyó cuando debutaba como novel poetisa en las reuniones con “El Amauta”. Con el paso del tiempo, se convirtió en una “momia” conservadora reaccionaria que apoyó el sangriento golpe de estado de Pinochet en Chile, como si este fuera una bendición celestial. Blanca Luz Bruhm, terminaría sus días en una especie de soledad esperpéntica en la isla de Juan Fernández. Donde volcó sus últimas energías en la búsqueda de tesoros imaginarios dejados por los piratas.
La historia, digna de una tragedia griega de un talento que murió antes de nacer fue sumamente conmovedora. Se preguntaba, que pensaba el alma de su primer marido acerca de la conducta íntima de su querida Blanca Luz. Tal vez estaría muy decepcionado de cómo termino su carrera poética. Lo releía como unas tres veces el texto, era tan atrapante la historia que no quería que terminara. Leyó otros artículos de la revista, pero el que más les gustó fue la biografía. Terminada la lectura, preparó sus cosas para salir. Tenía que mandar unos currículos, para lograr obtener alguna mísera práctica. El lugar donde debía dirigirse era la sede de “Radio Libertad”, ubicada en la avenida Salaverry. Una amiga de la universidad había trabajado en dicha estación y tomó su experiencia como una recomendación. El viaje de Pueblo Libre Jesús María, se destacó porque el micro saltaba por los continuos baches y el color sofocante al interior del vehículo. Pero eso sería la mitad del camino, ya que su destino final era el Cercado. Al llegar a la Radio, buscó la puerta principal para entregar el documento. Al hallarla, tocó el timbre. Siempre se ponía algo nervioso parecía que tocaba la puerta de la sede alguna sociedad secreta al cual la ha importunado. De repente una voz maternal, me indicaba donde entregar el sobre manila. Le hacía sentir seguro y hasta hizo promesas de que lo llamarían en los próximos días. Eran bonitas y falsas…pero igual quería ilusionarse otra vez. Luego tomó otro bus que lo apodaba “la bicolor”, por sus colores semejantes a la bandera peruana. Tuvo suerte de que no estuviera lleno, porque ir hasta allá era un viaje homérico. Además el calor, hacía que el vehículo se convirtiera en un horno móvil especialmente cuando tenía que pararse en los constantes atascos en el tránsito.
 Mientras duraba la travesía, observaba con orgullo su currículum, quería ver si el diario “La República”, el cual era uno de sus diarios favoritos, podía aceptar su solicitud. Su sede se ubicaba en la plaza armas, al frente de la sede del poder ejecutivo a quien fiscalizaba con rigor periodístico, propio de un estado democrático. El bus ya se acercaba a la avenida Abancay el instinto le decía que debía prepararse, como si estuviera surfeando una ola descomunal. El sitio, era una especie de territorio comanche urbano y se parecía a cruzar un campo minado. Tenía que sortear numerosos obstáculos como vendedores ambulantes, paraderos informales de vehículos que hubieran podido participar con honores en “Rápidos y Furiosos”. Estaba rodeada de edificios monstruosos que tenían vida propia y un tránsito, personificado en un vendedor de DVD piratas. No fue difícil llegar hasta el lugar. Estar en el centro de poder, donde hace más de cuatrocientos años, se formó el Perú moderno le daba un aura especial a GH. Al llegar al jirón Camaná, entró al primer piso que era un ambiente fresco frente al inclemente calor. Parecía que había llegado al paraíso. Entregó su documento, a una señora encargado al parecer de recibir documentación importante. Lo recibió con una sonrisa artificial y parecía encantada con su dossier personal. Le hacía promesas de que leería el documento y respondería a su solicitud. Se retiró del lugar, con una sonrisa en los labios. Hacer el intento, era una especie de victoria. Recorrió el amplio jirón de la Unión hasta la plaza San Martín en su recorrido observaba como pasaba la gente, aquello era “una torre de babel” horizontal.
Pasaba un universo de personas de toda índole: mujeres jovencísimas embarazadas, señoras venidas de la sierra; con sus innumerables polleras, universitarios con Blackberrys, payasos con sonrisa triste, policías con su panza chelera, teatrales mendigos, adolescentes con piercing como si fueran faquires, nuevos ricos entre otras especies de la jungla urbana. Al llegar a la plaza San Martín, se encaminó al Jirón Quilca un lugar fascinante para los nerds como GH: el hueco de los libros piratas, que parecía un territorio liberado de las garras del imperio de la ignorancia. El conjunto de edificios, que tenía grabados anti sistema que podrían haber sido catalogados veinte años atrás de subversivas. Le fascinaba esa muestra de creatividad y rebeldía de esta que le decían “El Averno”. Caminaba a una de las librerías, quería comprarse alguno de “tesoros milenarios”. Dependía de cuanto dinero tenía para lograr completar alguna colección de su biblioteca personal. Revisaba los títulos, preguntaba a los encargados y tenía que economizar su insaciable amor por el saber. Pudo comprar una novela del nobel norteamericano William Faulkner, llamada “El Villorrio”. Más una revista de la National Geografic, una de sus publicaciones favoritas que le abría al portal de una geografía fantástica y desconocida. Si hubiera tenido más dinero GH le hubiera hecho el amor a la diosa Razón, cuyo placer es superior a cualquier mujer real.   Con el dolor de su alma, tuvo que retirarse del lugar. Por lo menos se iba a casa, triunfante con un nuevo tesoro adquirido. Siguió caminando, lo hacía de manera vigorosa. No le importaba el sudor ni el cansancio…solo seguía su camino. Llegó a la plaza Bolognesi, ya no ere sitio hacía cien años de refinado estilo modernista francés. El baluarte de las élites limeñas, había sido invadido por esa indiada piojosa….a la que inclusive, considerada su servidumbre por derecho divino, no eran catalogados siquiera como humanos. Las fotos que vio en una página del facebook acerca de la Lima de antaño, atestiguaba ese esplendor artificial que imitaba las modas europeas. Al ver sus edificios pintado de anaranjado, uno de ellos fue sede de la embajada de Bolivia, se preguntaba que hubieran pensado los transeúntes de ese tiempo de ver la plaza hecha en homenaje al héroe de Arica; se convertía en un muladar cacofónico de orondas quintas cayéndose a pedazos. Allí escuchado que por esa zona, se haría un mitin político.
Preguntó a un transeúnte, donde quedaba el local de los partidarios por el NO. Lo gracioso de todo esto, se presentó como periodista. Parece que le daba cierto estatus por presentarse así. Gracias al dato que le proporcionó, se dirigió a su local. Aparte quería buscar un sitio fresco, para renovar sus energías. Hacía tiempo, que su conciencia le pedía participar en la vida nacional del país. Tenía la edad y la energía, para ser protagonista de los destinos de la nación. También había investigado las posturas políticas desde Platón hasta Pol Pot, algunas premisas enseñadas por un profe genial al que apodaba “Woody”, por su cierto parecido al vaquero de la película “Toy Story”. Se debía pasar de la teoría a la práctica, era un camino oscuro y tortuoso como una puerta angosta. La política de la atribulada patria, le fascinaba desde la época en que salían “los Vladivideos”, en esa época tenía once años. Miraba con fascinación “La marcha de los cuatro suyos” por la tele. Cuyo clamor popular por una verdadera democracia retumbó por todo el Perú a inicios del tercer milenio. De esa manera inició su aprendizaje, aunada por los testimonios de sus familiares que militaren en movimientos de diversas tendencias: sus padres y una tía muy querida que eran partidarios confesos de la izquierda. Lo cual le generaba una emulación que jamás logrará hacer. La época de sus “viejos”, ha sido insuperable y a veces superior al resto de todas las eras de la historia. Su abuelo materno militó en el APRA e incluso sufrió prisión, cuando se presentaban las reñidas elecciones de 1962, impidiéndole votar. Hasta sale en las fotos con Alan García, un joven presidente en la década de los ochenta…inclusive siendo aprista le dieron una pistola para defenderse de los terrucos. Su otro abuelo en cambio, fue apaleado por los partidarios del partido de la estrella a mediados de los años cuarenta.  Siempre se caracterizó por apoyar a los políticos conservadores y en sus últimos días apoyó al fujimorismo.¿ junto a su madrina. Eso incluye a un tío abuelo, que era marxista y estuvo preso en el Frontón. Y para finalizar, algunos parientes han pertenecido al mayor partido político que ha tenido el país desde 1821: el ejército. GH era un poco de todo: izquierdista, liberal, castrense, nacionalista, medio revolucionario, utopista, idealista, pragmático, republicano y librepensador. Es loca mezcla  ha moldeado su visión política. Una vocecita le dice que con tal “sancochado” podría ser un estadista que marcaría la historia.
Entró al local del NO, pasó por un estrecho pasadizo. Llegó al atrio del edificio, parecía que el recinto lo habían remodelado recientemente. Vio a personas con sus polos blancos saliendo y entrando al lugar. Pude observar que las paredes estaban llenas de recortes de periódicos, revistas y propaganda con su característica color celeste. Tanto le habían hablado de partidos políticos y ahora estaba comiendo de ello. Parecía que asistía a un banquete. Luego empezó a preguntar a la gente, de cómo podía aportar un grano de arena a la gente. La información proporcionada, le llevaron a otra sala contigua, donde había una gran aglomeración de personas. Era increíble que en ese minúsculo lugar, se pudiera hacer un mitin. Aparte de los militantes, se encontraban reporteros de algunos canales. Pudo ver a una reportera flaquita, que parecía provenir de algún programa dedicada a la farándula, hablar ante las cámaras. Luego vio otro reportero: un joven flaco con pelo largo ondulado. Anotaba lo que sucedía con su pequeño lápiz. Tenía en su cuello, como si fuera un amuleto, el carnet de prensa que lo identificaba como periodista. Parecía que trabajaba para “Diario 16”. Al frente, parecía haber una especie de concurso de oratoria en la palestra. Le hubiera gustado abrirse paso y decir algunas palabras pero justo acababa el tiempo de los oradores. La multitud aplaudía y vivaban los discursos. Era un sitio de sublime alegría, gritaba en ese coro de voces que aclamaba los lemas de los principales expositores del “No”. Pudo observar que se encontraba famosa, a la cual solo conocían por la televisión y los diarios. Parecía que se vivía un sueño, imposible de creer.
Las cosas que llevaba, le incomodaba mucho. Impidiéndole aplaudir con más entusiasmo y comodidad. Aparte de esto, se agregaba el ir y venir las personas. De repente unos chicos, que parecían que habían venido del carnaval de Rio de Janeiro, tocaron con estruendo unos tambores. Cuyo ruido era equivalente a todas las discotecas de Lima sonando los viernes. Los gritos y aclamaciones, era imposibles de escuchar. El mitin termino convirtiéndose en una fiesta popular. La gente salió de la sala, encabezados por los chicos que tocaban sus ruidosos instrumentos. Hicieron fila india, hasta llegar a la puerta. Al salir, un enjambre de reporteros. GH se sentía extasiado de estar en el centro de la noticia, ser testigo de los acontecimientos que podían cambiar la historia de la ciudad. Los principales líderes del mitin, fueron entrevistados por la prensa. Trataba de colarse, a ver si su cara salía por el telediario. Ya se imaginaban, lo que dirían sus familiares si su cara aparecía en los noticieros de la noche. Sin conocernos, había una especie de ambiente de camaradería como si automáticamente fuéramos amigos de toda la vida. Eso es lo que le fascina de la política, ser parte de una organización que se convierte en una segunda familia. Desde hacía más de veinte años, los partidos políticos ya no son el motor que mueve la sociedad. Aquello lo ponía muy triste, sentía que su generación estaba desamparada. “Ojala esta situación se revierta, sino las coas no tendrán sentido” pensaba en sus adentros. Los partidarios del “No”, anunciaban nuevas movilizaciones en contra de la revocatoria en los conos. Le enorgullecía ver a esos chicos, renunciando a las comodidades que les prolija la juventud de hoy, displicente y frívola. Sabía que no podría ser como ellos, su espíritu no era para esos trances.
Se retiró de la plaza con un orgullo realmente placentero por hacer algo fuera de lo común. Llevaba consigo un polo por “El No”, que le regalaron el mitin. Era un testimonio de que participó en un mitin político. Eso marcaría un antes y un después en su vida. Tuvo que esperar una eternidad en la avenida Brasil, para que un micro lo llevara a la Bolívar. Lo bueno es que el paradero era un sitio con sombra. Era increíble de que en un verano tan inclemente como el limeño, los paraderos no tenían sombra. Parecía el paisaje urbano, ser el decorado del teatro del absurdo. Cuando se subió al vehículo, se puso a leer la sinopsis del libro del autor norteamericano. Los viajes en micro son sumamente aburridos. Una sana lectura, no vendría nada mal para alimentar la mente. El calor arreciaba, cuando llegó a casa. Era un alivio, estar nuevamente en el hogar. Les contaría a sus padres y hermano, sobre la aventura que había tenido en la plaza Bolognesi: participar en un mitin político, era como tener sexo por primera vez. Al subir al tercer piso de su casa, los encontró almorzando un excelente ají de gallina. Su madre lo saludó con su clásica efusividad, él les respondió de manera formal. Luego se dirigió a su cuarto, puso su mochila en la silla. Era quitarse una cruz encima, su pobre espalda podía respirar en paz. Se echó sobre su cama, era como si manos celestiales lo masajearon. Era uno de los momentos más felices que disfruta y que podría ser el último. Descansó unos quince minutos y escuchó la radio. La música estaba endemoniadamente buena, canciones de ayer, hoy y siempre. Ya se encontraba preparado, luego del breve descanso, para contar mi historia de mi primera participación en un mitin político. Lo contaba como si hubiera visto “La transfiguración de Cristo”, se sentía una persona nueva.
Sus padres lo miraban como si hubiera logrado escalar el Himalaya. Para coronar su aventura, les mostró su polo por el “No”. Parecía que les traía una reliquia religiosa. Ellos lo miraron anonadados…mientras su hermano se ponía sarcástico con mi convicción política recién adquirida. Desde que ingresó a la universidad, su bagaje cultural. Le dijo “que en el poco tiempo andaba en la universidad lo que no pudo aprender había aprendido en diez mientras estuvo en la escuela”. Hablaban los hermanos mucho de política, de manera sumamente cosmopolita, como estuvieran asistiendo alguna reunión de los antiguos filósofos griegos. Discutían sobre el neoliberalismo, la guerra de Afganistán, la primavera árabe, sobre la idea la república, burlándose también de lo absurdo que son las teocracias y monarquías absolutas. Temas que para un chico de su edad, apenas lograría comprender. Su padre siempre les decía, que ellos hablaban de cosas prácticamente ininteligibles. Aquello era un elogio, escucharlo en boca suya. Pero muchas lo sorprendía que incluso a temprana edad ya lo superara en cuestiones de sapiencia. Tener un hermano como él, era un tesoro irremplazable. Terminada la conversación, se tiró la verdadera siesta. Echarse a la cama, era como ser recibido en el paraíso. Tenía que recuperar fuerzas para ya ir al gimnasio que estaba a unas cuadras de su casa. Desde hacía meses, iba al templo “del cuerpo perfecto”  para rehabilitarse de los excesos de la gula. Bueno también había hecho ciertos cambios en su dieta, preguntaba constantemente a su madre, como si fuera su guía espiritual, en la lucha contra la gordura. GH tenía la costumbre de poner la radio mientras dormía para así poder aligerar el sueño y saber la hora. Porque sin querer podía dormirse unas dos o tres horas, cuando solo quería descansar cuarenta minutos. Cuando se despertaba de su largo tedio, al ver que su cuerpo estaba encadenado por el encanto del arpa de Morfeo sentía pánico. Era como el cuerpo físico estuviera encadenado. Felizmente ese día pudo despertar a la hora que quería. Miró la habitación en actitud vigilante, como si esperara una señal. Después organizó sus cosas para ir al gimnasio.
Era una tarde preciosa, el sol no arreciaba como al mediodía como una ametralladora fulminante cuando regresó a casa. Tomó sus lentes oscuros y echose a andar. Le encantaba hacer grandes caminatas, para él recorrer la ciudad a pies era como hacer “tracking” y protagonizar grandes aventuras. Recorría la larga avenida Lincoln y era testigo de su transformación. Estaba cada vez más rodeada de edificios monstruosos, sacados de algún rincón de la Rumanía de Ceucescu. Representaban en cierta medida, la fragilidad de la civilización humana. Llegó luego a un parque colindante, lleno de árboles que parecía una hectárea del Edén. Una isla verde en medio de un mar de cemento que arrecia con sus grandes olas. Había niños jugando, parejas disfrutando de su idilio y señoras mayores conversando. Era el universo, que le daba vida al área verde y reconfortaba espiritualmente. Al llegar al BCP, un edificio gigante donde se hallaba la sede del club del banco de reserva. Entró al lugar, no tenía problemas con los vigilantes…solo con los nuevos que le pedían su clásica tarjeta celeste. Subió al tercer piso hasta llegar al vestidor y así cambiarse. Entró al palacio, donde hombres y mujeres moldeaban su cuerpo para parecerse a las estrellas de la televisión o hacer el intento.
La música resonaba el ambiente y le daba vida al ambiente, como si fuera una discoteca de moda. Además había unos televisores de pantalla plana que trasmitían series norteamericanas. La serie que más le gustaba era CSI, un programa muy interesante donde un grupo de geniales detectives resolvían los casos más complicados. Con unas técnicas totalmente científicas, que dejarían fascinado al mismo Sherlock Holmes, le dejaban muy impresionado. Otro programa que le gustaba era acerca de un clarividente medio cojo, que podía ver con solo tocar a una persona su pasado e incluso su futuro si tomaba alguna decisión. Su poder era tal, que era consultado por la policía para resolver  casos misteriosos. Pero lo más fascínate de todo, era mostrado como un ser de carne y hueso. Con miedo, rencores y una perturbable soledad de no tener una mujer a su lado. Aquel aislamiento de las personas talentosas, le hacía recordar su propia existencia. No poder gozar de la normalidad del hombre común. Tras terminar su rutina, GH puso sus cosas y firmó su asistencia en el libro. Se dirigió a una de las máquinas, donde quemaría cientos de calorías y sudaría la gota gorda. Miraba la televisión, mientras hacía su rutina de ejercicios. Habían puesto una canción de la “Venus californiana” Kate Perry, le daba más ímpetu para correr con mayor fuerza en la máquina. Miraba como si estuviera gozando de alguna película porno, el número de calorías quemadas. Tenía una cierta manía por las cifras exactas y eso que no le gustaba las matemáticas. Pasaría una hora entre ejercicios y otra para finalizar su ritual con una buena entrada en la sauna. Además de sudar y más chevre aún era conversar con alguien y no aburrirse mientras contaba los minutos que debía estar allí. Hablar de temas triviales o sobre algún asunto picante no vendría nada mal. Gozaba pensar de estar desnudo ante una mujer, le hacía sentir más espiritual.
Anhelaba en las profundidades de su pervertida alma que su fantasía, se hiciera realidad. Quería que una chica le examinara como si fuera una científica que ha descubierto a una criatura nueva. Tras terminar su ritual, se cambió. Observó en la ventana que estaba anocheciendo. El ocaso mostraba un cuadro de un cielo morado y amarillo. Era una visión mágica, bella y un signo inequívoco de que la vida valía la pena. Salió del recinto y se dirigió a la universitaria para tomar su carro que lo llevara al paradero de la católica. A diferencia de otras horas, el transporte estaba lleno. Los micros parecían “latas de sardinas móviles”.  La única opción  era elegir el micro menos lleno, puede considerarse una metáfora de las elecciones en el Perú. Al final. El menos malo de todos los candidatos. GH tomó el microbús, era una custer medio destartalada, con colores brillantes y cualquiera diría que era una caravana de un circo gitano. Su único consuela, era que el trayecto iba a ser corto. Así que podía aguantar “el servicio de lujo” del transporte público. Justo cuando iba a partir el vehículo, empezó a detenerse. Asomó por la ventana y descubrió para su sorpresa y horror, que estaba siendo multado por la policía. GH ya había tenido una mala experiencia, cuando regresaba a su casa y el micro fue detenido por los policías que pedían documentos. Tuvo suerte de que no llegara a mayores, pero aquel incidente lo traumatizó. El joven tuvo que tomar otro vehículo y realizar un breve pero incómodo recorrido. Parecía que estaba huyendo de una jauría de lobos, tras salir del carro. Respiraba aliviado tras salir de las fauces del “monstruo metálico”. Ya era de noche. Rápidamente se olvidó de la mala experiencia y se encaminó a su casa que estaba a unas pocas cuadras. Le encintaba el barrio donde había pasado la mayor parte de su vida, tras regresar hacía muchos años de una estadía en el extranjero. Aún no quería imaginar mudarse a Surco, era una posibilidad que su padre le había hablado. Aquella propuesta lo había dejado, con cierta desazón. Esperaba que solo se quedara…un simple proyecto. Le encantaba recorrer las calles silenciosas de su barrio, que la ola de moles de cemento acechaba como un guepardo a su presa. Solo en ocasiones especiales, el mutismo era interrumpido por las bombardas, comparsas y fuegos artificiales. Sentía que la historia de su familia estaba emanada en ese conjunto de chalets construidos a finales de los setenta, cuando Lima experimentaba una revolución urbana. Ahora “la ciudad de los reyes”, sufría otra transformación: el objetivo conquistar el cielo, construir nuevas torres de babel para competir con los dioses del Olimpo.  Era un monumento a la historia, ese contraste entre esas casitas y los nuevos apartamentos.
Al entrar a su casa, encontró la sala media vacía. Pero escuchó en el cuarto de sus padres, de que el televisor estaba prendido. GH no tenia ganas de saludar, solo quería saciar su apetito.  Recordó que a las ocho, se trasmitía el programa favorito de su madre. Se dirigió a la habitación donde se encontraban sus padres. Para saludarlos, no quería que le dijeran que era “un sobrado”. Tras este procedimiento formal, se dirigió a la mesa para cenar. Prendió la televisión, aparte de buscar algún programa interesante quería saber la hora. No quería perderse un solo episodio de su programa favorito “Escobar, el patrón del mal”. A GH, le interesaba profundizar más su conocimiento acerca de este polémico personaje que parecía estar sacado de la novela de Gabriel García Márquez “El otoño del patriarca”: Zacarías. Tenía características comunes del protagonista que compartía con el dictador de esa ficticia república bananera de corte estrafalaria.  Psicópata, extravagante y megalómano, eran las tristes cualidades que los unían tanto en la ficción como en la realidad. También tiene una connotación marqueziana, con el asunto de la muerte violenta de varios personajes. Donde era una constante la eterna crónica de una y mil  muertes anunciadas. Allí podría hacer un análisis del programa, más que la trama quería saber como retrataban el contexto social-político colombiano que ha sido el combustible para la violencia suicida del capo. Así comprendería porque este criminal sembró el terror en Colombia, superando a todos los villanos de las novelas de “Gabo”.  
Justo se emitía un capítulo, el cual se entretejía el asesinato del ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla que era partidario de la extradición de los barones de la droga a EEUU.  La actuación de los personajes lo impresiona, especialmente el de Pablo Escobar. Los villanos son los mejores personajes de la historia, GH soñaba con hacer el rol del malo “Hacer de villano, me caería como anillo al dedo”  pensaba mientras veía la serie. Terminado el programa, ya no quiso ver el telediario. Desde hacía mucho tiempo, se había aburrido del contenido morboso de la programación. Se fue a su cuarto, prendió su computadora. Quería ver como andaba en la escritura de su nuevo cuento que estaba produciendo en los últimos días.  Quería corregir varias cosas de su relato y agregar más párrafos. Hacerlo, era como criar a un hijo fruto del amor que había tenido con la sabiduría. Por lo menos ella es una esposa tolerante y siempre se jactaba de ellos cuando la gente le preguntaba sobre su vida sentimental. Verlo crecer, desarrollarse y superar a su creador era una experiencia religiosa. Una de las pocas cosas que realmente valen la pena y hay que luchar hasta el final de los tiempos. Leía el texto y pensaba como podría hacer que una idea encajara con la mente del lector. Sus ojos estaban cansados, pero la perseverancia estaba por encima de todo. Por lo menos no se iría de este mundo,  dejando una huella que daría la vuelta al mundo. Parecía que era una tarea que no le podía fallar a la historia, otra de sus grandes amores y “esposas tolerantes” que colecciona a lo largo de su vida. Desde hacía dos años, había descubierto su vocación en medio de una conversación que tuvo con una de sus tías políticas, una de ellas era de nacionalidad belga, acerca de la poesía de Apollinarie y fue el punto de partida para este gran proyecto creativo que se había convertido en la razón de su vida. El cansancio lo vencía, tras terminar  de escribir un rato, decidió echarse a la cama. Mañana sería otro día y debía entregarse a todo dar.


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