El despertador tronaba su terrible descarga fónica, como si fuera un
corneta militar o un brutal terremoto que sacudían el sueño del
“bello durmiente”. Wilhelm Arrechaga, era el pobre individuo que
realizaba el tedioso ritual acto de levantarse temprano. Perdiendo el
placer de gozar de sus sueños, miró el lado izquierdo vacío y dio
un suspiro bien largo. Haciendo un esfuerzo titánico se zafó de su
cómoda cama en medio de su desordenada habitación llena de ropa y
papeles higiénicos.
Se las arreglaba para ponerse algo decente porque iba a ser un día
duro en la oficina. Todavía la cortina cubría la ventana de su
habitación y no amanecía en el feo cuarto más parecido a un burdel
de carretera. Se desquitó de su querida pijama, se vistió con prisa.
El era de complexión robusta, alto, trigueño y empezaba a quedarse
calo a una temprana edad. A pesar de tener 36 años, se sentía un vejestorio. El desodorante corría por sus axilas y el perfume inauguraba su quehacer. Buscaba como loco sus zapatos, se peleaba
con las tallas de sus pantalones ya que algunos no le daban.
Rastreaba alguna camisa que no lo hiciera parecer “huachafo”. Al
final la última prueba era hacerse el moño de la corbata.
Tras esa batalla con su traje se prepara para el otro combate,
prepararse un buen desayuno que le permitiría aguantar. Entretanto
prendía el televisor para ver la hora y no enterarse de las noticias
que siempre decían “la misma huevada” que se repetía mil veces.
Además de la música estresante de los noticieros y los comerciales.
Como extrañaba a su difunta esposa que le preparaba el desayuno y
lo despertaba como un niño que tenía que ir al colegio....esa
nostalgia lo consumía.
¡La misma cojudez del Colca” no pueden hablar de otra cosa!
Gritaba en voz alta cuando mencionaban los medios a esa ninfómana,
mala madre y sospechosa de asesinar a ese pobre estudiante en
aquella escapada cordillerana. Sin tiempo para rajar de tanto bodrio
en la TV, puso sus cosas en su maletín, salió al garaje de su casa
y trepó a su “nave”. Su compañero de mil y un aventuras viajaba
en una galaxia llamada Lima.
Su nave de combate era un nissan plomo que prácticamente era un
hermano para él. Hizo un giro a la derecha por la calle llendo a la
AV Bolívar, que parecía un campo de golf lleno de agujeros. Le
encantaba ir a su trabajo escuchando radio oasis u oxígeno,
detestaba escuchar las noticias en la radio lo desesperaba. Él era
profesor de marketing de la de Lima, justo era el día que les tocaba
dar a sus queridos alumnos el examen parcial. Se encontraba de buen
humor, no pensaba jalar a sus pupilos.
Siempre se mostró en sus clases como una persona jovial ante sus
alumnos que se reían y disfrutaban de su manera de hacer sus clases.
Le encantaba ironizar, era uno de los maestros más populares de la
facultad. Aquello le agradaba mucho, su querida esposa Pilarcita
QEPD, se sentía orgullosa de este profesor talentoso que dirigía su
clase como si fuera una orquesta. La nave llegó a una zona de
asteroides llamada el cruce de Arenales y Javier Prado. Detestaba el
ruido de los claxons, que eran ecos inútiles contra el tránsito
monstruoso. Le irritaba también la ineptitud de las policías de
tránsito que eran un adorno más de esta triste ciudad.
Tras probar ese traga amargo, se dirigió a la universidad llegando
unos quince minutos antes de los ocho. Estacionó su carro y saludó
a los “guardianes del templo”. Era un termino mejor para quienes
resguardaban este “santuario del saber”. Se registró y pasó
donde iba a tomar exámenes. Al entrar al salón algunos de los
alumnos lo saludaron jovialmente, otros lo miraban con desazón y
temor. Se sentó en su silla, prendió la máquina para tomar
asistencia. Miraba a los alumnos como si estuviera examinando su
capacidad combativa. También observó como iban vestidas las chicas
que destacaban, sobretodo al usar esas botas con tacón y unos jeans
saca pompis.
En el primer semestre cuando el verano arreciaba con fuerza brutal.
Muchas chicas mostraban un espectáculo maravilloso con sus shorcitos
que exhibían sus piernas bien cuidadas. Deseaba en sus adentros de
que aprobaban el examen que a su juicio era “bien papaya”. Ya era
tiempo para tomar la prueba que hacía felices y aterraba a los alumnos al mismo tiempo. Pasó lista unas tres veces, porque ellos se
distraían muchísimo. Luego pasó las pruebas a sus queridos
pupilos, el examen empezó. La tensión afloraba en el aula, un
sepulcral silencio se instaló como si fuera la promulgación de un
decreto dictatorial.
Durante la medio hora que transcurría, el silencio se interrumpió por algunas preguntas consideradas impertinentes . Luego observando
como un águila americana a un alumno con cara de nerd tratando de plagiarse...al principio lo toleró pero como lo hacía de manera tan reiterada decidió ponerse a actuar. El pobre chico ampayado hizo
unos ruegos bastante teatrales que trataron de conmover al
maestro...pero él permaneció inmutable y gélido. No tuvo ningún
reparo en bajarle cuatro puntos en su prueba. después siguió
descubriendo plagiadores que no hicieron escenas tan tragicómicas.
Tras terminar, se dirigió a otros salones donde repitió el mismo
ritual. Wilhelm Arrechaga, tomó su nave y se fue rumbo al siguiente
planeta. Era su segundo trabajo, donde era un sitio más agradable
que la universidad, allí podía encontrarse con “Sasha” una
chica guapísima recién egresada de la universidad. Trabajaba como
“uña y mugre” en el equipo de de marketing de la empresa de
seguros “La Positiva . Admiraba su creatividad, versatilidad a la
hora de de tomar importantes decisiones de su novia.
La
chica pequeña, de cabellos lacios, castaño oscuro, de piel oliva y
rellenita. Le encantaba verla cuando usaba unas botitas que le
exaltaban su enorme culo como Eva Longoria, la protagonista de una
serie americana “Desperate
Housewives” que
era su favorita. Se destacaba también por hablar por los codos desde
la gastronomía hasta del flaquísimo presidente Obama que daba la
impresión de ser su fan número uno. Aquella cualidad le agradaban a
Wilhelm, ya que su esposa difunta era algo reservada y no tenía
aires de grandeza como su chica. Verla, hacía que su ánimo mejorara. Tras renegar de los plagiadores que descubrió y el
terrible tráfico que soportaba a diario, axfixiandole con su humo,
destrozando sus tímpanos el ruido infernal. Adoraba su sonrisa,
Pilarcita, así era el nombre de su fallecida mujer, era algo fría y
distante pero con ella todo era calidez.
- osito que bueno verte- recibiéndole con una sonrisa exagerada
- ¿recuerdas nuestra cita el viernes? -Tratando de hacerse el listo
- como no voy a olvidarlo- dándole un abrazo
- para eso si recuerdas- con tono sarcástico tratando de ocultar su incomodidad
- todo por fastidiar- poniéndose risueña y dándole un beso, hacía zancadillas para alcanzarlo.
Con ello, podía realizar su maravillosa rutina. Era como un juego de
niños, sobretodo cuando hablaban de los comerciales que iban a
impactar al pública. Tras tres días de espera e intenso trabajo ,
por fin ya era hora de divertirse con “Sasha”. Su cónyuge fallecida tras un accidente de tránsito que pudo ser fácilmente
evitado. Era un recuerdo cada vez más lejano.el tiempo de duelo no
duró mucho tiempo ni fue tan afectado por su pérdida. No se sentía
mal cuando se acostaba con su nuevo amor. Mejor que un divorcio...la
viudez le caía como anillo al dedo. La chica era una bocanada de
aire de francés que le llenaba su vida de intensidad. Tenía las
virtudes que carecía su finada señora.
El día sábado, justo en el mediodía, iba a ser la reunión tantas
veces postergada para ratificar su intensa relación. Wilhelm
Arrechaga se miraba en el espejo como Narciso, se peinaba sin sentido
en su cada vez escasa cabellera. Se agarraba el montón, decía unas
frases impactantes cuando ensayaba como si fuera a ir al casting de
“American Idol”. La boca se hacía agua, imaginaba el traje
provocador que llevaría “Sasha”. A pesar de no ser un
millonario, podía darse algunos desquites contra las limitaciones.
Por ese momento, ni pensaba casarse con ella por el momento. Si lo
hacía, su relación tan bonita se perdería su aire mágico lo mismo
pasó con su anterior matrimonio. Era como decirle a los niños la
verdad, de que el conejo de Pascua no existe o que ellos vinieron al
mundo mediante un acto de apareamiento, considerado por la mente
infantil como asquerosa y vulgar. Era era la metáfora que describía
su situación sentimental. Salió de su casa,vestido con un traje más
o menos casual. Detestaba usar corbatas nunca fue bueno para eso...a
pesar de que veía en youtube como hacerse el bendito nudo “le
salía el tiro por la corbata”.
Eran las cuatro de la tarde, iba a ver a su “Dulcinea”. La
recogería en su casa de Jesús María, cerca de San Felipe. Alguna
vez la pareja hacía y deshacía planes para vivir juntos por allí y
hacer “su nidito de amor”. Llegar no le tomó mucho tiempo,
encontró a “Sasha” esperándole en la puerta de la clínica San
Felipe, justo en ese lugar acordaron reunirse. Le impresiona como
vestía, llevaba puesto un apretado vestido plomo con rayas negra,
ver expuestas sus grandes piernas esculturales y llevar esos tacos
rojos; hacían resaltar su figura. Con caballerosidad le abrió la
puerta de su nave. Su piel se erizaba sentándose en el asiento del
copiloto y mostrar su belleza bien trabajada. El sudor le corría en
la espalda.
- te has arreglado como para ir a la entrega del oscar- mirándola libidinosamente sus grandes senos que resaltaban
- tú siempre con tus exageraciones amor- poniéndose sarcástico como siempre
La nave hizo un viaje interestatal hasta plaza San Miguel, meca del
consumismo peruano. La sorpresa era llevarla a cenar al Chilis, un
restaurante de la picante y subliminal comida mexicana. Hacía siglos
que no iba desde que era un joven que se iniciaba en el sexo. En esa
época fue por el cumpleaños de su madre. Wilhelm miró a la chica
con dulzura, mientras la tarde moría una vez más. Dejó la carta
lleno de platos picantes, aquello era como revisar el catálogo del
kamasutra con que comenzaría la la degustación amatoria.
- que mala suerte que no se puede fumar aquí- sonriéndole al ver un cartel de no fumar
- es fascinante ver a una chica como tú fumando, es un signo de independencia- elogiando la frase
- sabes ¿alguna vez invitaste a tu esposa a este lugar o a un sitio “ficho”- lo preguntó con inocencia un espinoso tema
A Sasha siempre le gustó hacer preguntas incómodas, si no hubiera
estudiado marketing sería una estrella de algún canal tipo CNN. No
era un persona buena mintiendo ante las preguntas sorpresas, Lo hacía
por joder de manera amical...pero esta broma tocaba una fibra
sensible para él. En primer lugar, Pilarcita se estaba poniéndose
fea, cada vez más dominada por la rutina y para el momento de su
muerte su matrimonio iba por “la cuerda floja”. Le incomodaba
hablar del tema. Consideraba a la finada, como una una quejona peor
que su suegra. Discutían por las puras, además ya le “ponía los
cuernos” con otra chica. Bueno el hombre le contestó de manera
sarcástica, mientras los recuerdos de esa malograda relación
pasaban por su cabeza.
- ¿ Acaso piensas reemplazarla? Acercando pícaramente la mirada
- No es para tanto, ni llevamos ni siete meses y todavía no quiero ser la señora de Arrechaga con ademán infantil
El tenso diálogo ocultada en esta burlona conversación, fue interrumpido por una guapa mesera que vino a tomar su pedido. “Como
me hubiera gustado que fuera un mesero churrísimo, así Wilhelm no
tendría esa cara de mañoson” pensaba mientras Sasha una mueca de
desprecio al observar como su amado le hacía una venia de
coquetería. Pidió ella su orden con tono desganado. El profesor
notó su estado de ánimo y decidió cambiar de conversación o
simplemente a comer en silencio. Mientras esperaban su orden, Wilhelm
no veía a su actual pareja como una usurpadora que deseaba ocupar el
puesto de su difunta mujer. Tenía la corazonada de que ella como
muchas simplemente suplía un vacío emocional. Cuando empezó a
hablarle de alguna “pela” para ver en la noche, los ojos de la
mujer se iluminaron. Dio unas palmas estruendosas aceptando la oferta
de su amigo.
- no he revisado la cartelera pero buscamos una al terminar el combo-
- hace siglos que no iba al cine, bueno ya no hay buenas pelas como en la época de mis viejos- frotándose las manos
- esas como “Calígula” o “El último tango en París”- haciendo el papel de crítica de cine
- Tienes una gran imaginación de los mil demonios, deberías ser guionista de cine porno – burlándose de su erudición
- tú podrías ser un gran comediante como Carlos Álvares con todas esas bromas que me haces- respondiendo con su genial contraataque
Terminada la cena, la pareja se fue a buscar un cine cercano ya que
se hacía muy tarde. Tanto a hombre como a la mujer...no les vacilaba
la cartelera llena de “gringadas”. Sentían que no mostraban
creatividad ni encanto solo fórmulas repetitivas el mejor caso era
la saga redundante del “Juego del miedo 6,7....) Deseaban ver
filmes extranjeros, con argumentos salidos de los pelos causando
impacto. No importaba si era argentina, rusa e inclusive tibetana si
era el caso. Los marketeros ahora eran cinéfilos consagrados.
Vieron un cartel que les llamó la atención, no por sus llamativos
colores ni los actores. La nacionalidad era la que más le
impactaba...era una de esas películas peruanas que se estrenan
esporádicamente en una oferta llena de “basura gringa”. El filme
se llamaba “El inca, la boba y el hijo del ladrón”, decidieron
hacer patria y fueron a verla.
Lo vieron en una sala casi vacía, se agarraron de la mano. Les
decepcionó la historia, era un cliché excesivamente costumbrista
que exageraba el estado ya calamitoso del país. Además carecía de
una continuidad, mostrando contradicciones ridículas. Lo único
destacable era que la actriz que interpretaba a la “Boba”, Flor
de Maria Quesada, estrenaba “las teteras”. Verla así le construía una sonrisa en su rostro. La pareja salió decepcionada del
lugar, “rajando” como buenos peruanos. Sasha fue la que más
habló y despotricó contra esa bazofia fílmica...hasta “Crepúsculo”
le parecía una obra maestra frente a este bodrio olvidable. Wilhelm
mandó al diablo a los niños mendigos que pululaban en las calles
que pedían que les compraran sus pasados caramelos. Consideraba que
la mendicidad debía ser declarado un delito al igual que el plagio y
la vagancia de los universitarios. Luego subieron a la nave, allí le
preguntó.
- te llevo a tu “hato”-dándole una palmadita en su culo
- no mejor, llévame a tu casa mejor- apoyándose en su hombro
- bueno está cerca de aquí- suspirando
Satisfacer el capricho, le restauró el ánimo. Llegaron a su casa
justo a las 11, su vivienda de dos pisos, de color blanco. La pareja
entró a la vivienda, Sasha se sacó los zapatos cuando llegó a la
sala , se frotaba los pies y mostraba alivio por estar descalza.
Tenía las uñas pintadas de rojo como unos rubíes y se resaltaban
unas piernas gloriosas. A Wilhelm se le paró “ el pajarito”,
hasta ponerse rígido, se destacaba por su fascinación por los pies.
Se acercó, besándole con furia y tocándole su enorme culo. Luego
la tumbó al piso,como si estuviera tumbando un árbol. Todo era un
animalismo brutal que no tenía parangón Él trataba de lamerle las
tetas enorme, la chica estaba en shock por la sorpresa. Al cachar
como simples animales, sin ninguna fórmula de cortesía
acostumbrada. Se quitó el pantalón, le quito con violencia su
enorme calzón a mordiscazos. Tirársela era una desahogar todas las
frustraciones que tenía en la universidad con sus zánganos pupilos,
en el tránsito, en las malas noticias por parte de los medios, en el
pasado que lo jodía ese pasado cuya figura era Pilarcita , etc.
La experiencia lo emancipaba de los prejuicios, sudaba de manera
profusa en la espalda, su corazón latía a mil por hora como los
pájaros. La chica iba a asfixiarse por ese arrebato erótica,
parecían que la habían estrangulado por la penetración que aún le
atrapaba como si la atacara una anguila. No hubo besos ni caricias en
ese encuentro. Con las pocas fuerza que contaba, imploró que parese.
Se detuvo, no porque atendiera las súplicas de la joven...sino por
el agotamiento de sus energías amatorias. El hombre tomaba aire.
Sasha se asemejaba a una mujer violada por algún sucio vagabundo.
Tenía las tetas al aire, venía despeinada y veía su enorme calzón tirado en la sala. Ello lo miraba como si hubiera presenciado una
explosión termonuclear.
- eres dios- quedándose petrificada
- no soy un dios, solo un gil que acaba de cacharte- le respondía con su clásico sarcasmo
- jamás he hecho el amor en el suelo duro, revolcándome como una cerda- su mirada denotaba sorpresa
- ¿ que no te gusta hacerlo en la cama? Siguiendo con su ironía
- bueno, es que hacerlo aquí te podría llevar a problemas en la espalda- ella señalaba el piso
- pero hacerlo en un sitio inesperado aumenta el placer, además tengo una enfermedad que puedes curarme - lo dijo de manera científica
- ¿cual el amor?- Preguntando como una niña ingenua
- no eso es una cojudez, se llama satiriasis- riéndose como una hiena hambrienta
- te estás inventado- burlándose
- tú eres la cura en verdad- riéndose
- tirando como una puta-le respondió dando un rodeo
- ¡ oye vamos a dormir en mi cuarto! Tengo un sueño de la patada- mirando su reloj de pulsera
- encima quieres pasar la noche conmigo en la cama con quien compartiste con Pilarcita- agarrándose las caderas
- ha estado vacío desde que murió- agachando la cabeza
- sería magnífico estar una noche en la cama de un viudo debe ser alucinante- apoyando su cabeza en el hombro de Wilhelm
“La
conquisté eres un genio, Sasha es mejor que Pilarcita sobretodo con
ese cuerpazo”
- Bueno no dormiré en el sofá solo porque tuve 5 minutos de sexo salvaje-
“Dios
como ha podido calcular todo eso, seguro que ha estado con tíos
mejores que yo o yo soy mejor que esos cabrones.” tapándose la
boca de asombro
- Entonces iremos a mi cuarto y dormamos como dulces angelitos-
Al terminar esta frase, se quitó su provocativo vestido como si estuviera pasando a una metamorfosis de piel. Verla así fue una epifanía religiosa...la había visto desnuda un montón de veces pero en esta ocasión era mágico. Si hubiera vivido en el Renacimiento Botichelli la habría convertido en su modelo número uno sin pensarlo dos veces. Era la musa perfecta para los pintores que hacen pinturas de desnudos. Le fascinaba como ella asumía su desnudez con familiaridad y naturalidad similar a esas tribus polinesias o amazónicas que andan felices de andar calatos. Sasha aún no había descubierto el pecado de la vergüenza de estar desnudos. En cambio con su difunta esposa era todo lo contrario, ella era más puritana que afgana con burka. No le gustaba mucho mostrar lo bello que era su cuerpo. Decía ella que no tenía senos agraciados.
- ¿donde está la habitación?-
- arriba en el segundo piso- le indicó con una amable sonrisa
Al subir por las escaleras, ascendía su novia al igual que una diosa
al glorioso Olimpo. Se quedó absorto por varios minutos cuando subía
y su culo se resaltaba por todo lo alto. Despojándose de la ropa que
tenía, se sintió un hombre liberado de las ataduras de la sociedad
moderna y siempre chic. Subió a su habitación, encontró a la chica
tumbada en su cama con unas poses dignas de los cuadros de
Bottochelli. En el sitio se encontraba fotos de sus padres, otras de
su adolescencia y finalmente imágenes de Pilarcita: una chica
delgada, con gafas modernas que a su parecer la hacían fea y una
frondosa cabellera negra. Además el lugar se encontraba iluminada
por una lámpara de luz tenue.
- oye tu esposa no era tan fea como le contaste. Solo porque usaba lentes que le hacían parecer una nerd, como en las series americanas- indicándole la foto.
- Cuando se muere un ser querido uno recién lo valora y esto me ha caído como un balde de agua fría- su sonrisa desapareció al decir eso
- no te tortures por eso, me tienes a mi- respondiéndole con una sonrisa para consolarlo
- lo que pasó pasó- dando un largo suspiro
Sasha no podía contener la risa, ella se tapaba la boca. Pero Wilhelm se dio cuenta de aquello.
- ¿de que te ríes?- le miro con desconfianza
- de tu “pajarito”, es pequeño como un botón he visto otros mejores- señándole con una mirada maliciosa
- Ah si que mi cañón es pequeño y eso que has sentido mi artillería- Su frase parecía sacado de una canción del reggaeton.
El hombre se echó en la cama de manera escandalosa. La pareja se
taparon con la sábana como si fuera el sexo una cuestión
clandestina, se rieron muchísimo. Mientras tanto la imagen
inmortalizada de Pilarcita, observaba el acto. Pasaron tres horas él
tenía un insomnio terrible además de una comezón espantosa,
parecía que se había olvidado de algo. Los actos sexuales hacen que
la gente se duerma plácidamente...en cambio no podía conciliar el
sueño, cuando empezó a escuchar una voz familiar que trató de no
hacerle caso. Pero palpaba una presencia que invadía la habitación,
cuando escuchó una palabra que le hizo estremecer.
- Wilhelm ¿que haces calato?- el espíritu le señalaba con el dedo acusatorio su desnudez
- ¿Pilar eres tú? O ¿yo estoy borracho?- tratando de comprender el raro fenómeno
Vio la figura de su mujer al principio borrosa y tenía un color
celeste. Pero el rostro del fantasma mostraba amargura y decepción
como si hubiera tenido una deuda pendiente que le dejaba incómoda.
Luego el espectro se mostró más reconocible. El profesor sentía
que su corazón iba a reventar y agarró fuertemente una sábana.
- Wilhelm te estas divirtiendo mientras estoy ausente- no podía creer que las ánimas del más allá pudieran ser tan sarcásticas, así que de pronto perdió el miedo
- a que has venido querido asustarme o ha molestarme como lo hace mi mamá-
- me da asco que muestra cama sea usada para tus cochinadas – señalándole el espíritu a la mujer gorda acostada. El hombre sintió rabia una rabia enorme y expulsar al espíritu por más absurdo que fuera
- pero si tú has muerto, no estoy haciendo nada malo. Que no te caiga bien esta chica es otra cosa- se instaló un gran silencio
El ánima dio vueltas en la cama, observando con tristeza a la chica
que apenas se tapaba su desnudez. Después de manera disgustada dijo
- no debiste casarte conmigo, sino con ella primero. Tenía el presentimiento que iba terminar mal-
Parecía que el objetivo de asustarlo fracasaba de manera
silenciosa. Pero se dedicó a hacerle una serie de reproches acerca
de su nueva mujer.
- en esa cama solo duermen personas casadas ante Dios y la ley- le reprochaba frunciendo el ceño
- mira si me vas a molestar simplemente porque me acuesto con una chica soltera, ese es mi problema- con tono desganado
- cásate con ella mejor , yo no he venido a asustarte sino a encaminarte por la senda de la responsabilidad- su viudo la miraba con dudas de que los fantasmas pudieran ser consejeros morales.
Fastidiado la mandó al diablo como si botarla de su cuarto
- Pilar nuestra relación se acabó, estoy con “una chava” que es mejor que tú en todos los aspectos y si quieres meterte en mis asuntos personales llamo a los caza fantasmas y todo solucionado. Así que no me jodas y déjame ponerte celosa que ya estas muerta. Además tienes muchos pretendientes en el otro mundo que andan buscando chicas- parecia que iba a combatir al fantasma
Pilarcita se desvaneció en el aire ante la sinceridad brutal de Wilhelm y viendo que su interés y libido tenían un reemplazo se
despidió con las siguientes palabras.
- al menos ten un buen recuerdo de mi y deseo que no terminen distanciados por tonterías- el fantasma hablaba como si estuviera en el mundo de los vivos con una naturalidad desbordante.
La bendición digamos forzada del ánima, le daba una paz interior.
Sintió al mirar el culo marrano de Sasha que su relación debía
cuidar como un diamante en bruto, sino hubiera muerto su anterior
esposa en ese ridículo accidente de tránsito su matrimonio
naufragaría como los miles en el mar de la ruptura. La habitación
quedó en silencio...solo se escuchaba el esporádico pasar de los
autos y los pasos de uno que otro transeúnte silbando.
- Pilarcita ¿donde estará?- se preguntaba mientras miraba el televisor apagado de su cuarto
Se preguntaba mientras se frotaba en su casi calva cabeza, ,mientras
se echaba a la cama. Miró el techo blanco y sus ojos empezaron a
cerrarse. A la mañana siguiente se despertó muy tarde como a la 9.
Sasha la primera en levantarse y actuar como Eva antes de descubrir
el pecado original. Acarició su frente y le susurró.
- ¿ayer me soñé que discutías con Pilar?- mientras se levantaba con dificultad
- te estás imaginando nada más- al despertarse con brusquedad
- como quieras, pero tuve ese sueño- mientras señalaba la foto de la difunta
- veo que tienes un interés por ella y eso que no la conociste. Si quieres te llevo al cementerio donde está enterrada creo que se hubieran convertido en unas buenas amigas sobretodo cotorras- al ver que las palabras de Sasha tenían un matiz serio.
- ¿ en que cementerio está sepultada?- con una sonrisa exagerada en los labios
- En Campo Fe Huachipa, ojala no te incomode el viaje- mientras le daba un besito en la boca
- allí esta enterrado mi abuelito- agachando la cabeza
- tus deseos son órdenes madame- poniéndose su polo
Tras una semana de ajetreos por la cuestión de la oficina donde se
discutían acerca de la estrategia de ventas si había sido un éxito
o fracasado miserablemente. Esperar hasta el sábado fue como
aguardar la venida de Cristo. La pareja fue temprano para ir al
camposanto y así evitando el tráfico infernal que era una terrible
vía crucis. Salir de la ciudad lo rejuvenecía de los vicios
terrenales. Al llegar al panteón, ellos se pasearon agarrados de la
mano, escuchaban el trinar de los ojos. Tras una placentera caminata
llegaron al pabellón donde estaba enterrada Pilarcita, recordaba su
entierro de manera difusa, parientes olvidables y lleno de solemnidades vacías. Lo único que recordaba que se hizo en un
atardecer precioso. Su relación con Sasha, prácticamente ya no
recordaba a su difunta mujer, su nueva pareja se apoyó en su hombro
y empezó susurrarle alegremente.
- tengo que contarte algo amor- como si fuera a decirle una travesura que cometió en el pasado
- ¿que hiciste amor ?- preguntaba sin emoción
- me hice un chequeo médico- tocándole el hombro
- ¿ y que dice ese resultado? - mirando sin mucha emoción la lápida
- Estoy esperando un hijo tuyo- el mundo se paralizó con la verdad





