martes, 10 de julio de 2012

El viudo sigue casado

 El despertador tronaba su terrible descarga fónica, como si fuera un corneta militar o un brutal terremoto que sacudían el sueño del “bello durmiente”. Wilhelm Arrechaga, era el pobre individuo que realizaba el tedioso ritual acto de levantarse temprano. Perdiendo el placer de gozar de sus sueños, miró el lado izquierdo vacío y dio un suspiro bien largo. Haciendo un esfuerzo titánico se zafó de su cómoda cama en medio de su desordenada habitación llena de ropa y papeles higiénicos.

Se las arreglaba para ponerse algo decente porque iba a ser un día duro en la oficina. Todavía la cortina cubría la ventana de su habitación y no amanecía en el feo cuarto más parecido a un burdel de carretera. Se desquitó de su querida pijama, se vistió con prisa. El era de complexión robusta, alto, trigueño y empezaba a quedarse calo a una temprana edad. A pesar de tener 36 años, se sentía un vejestorio. El desodorante corría por sus axilas y el perfume inauguraba su quehacer. Buscaba como loco sus zapatos, se peleaba con las tallas de sus pantalones ya que algunos no le daban. Rastreaba alguna camisa que no lo hiciera parecer “huachafo”. Al final la última prueba era hacerse el moño de la corbata.

Tras esa batalla con su traje se prepara para el otro combate, prepararse un buen desayuno que le permitiría aguantar. Entretanto prendía el televisor para ver la hora y no enterarse de las noticias que siempre decían “la misma huevada” que se repetía mil veces. Además de la música estresante de los noticieros y los comerciales. Como extrañaba a su difunta esposa que le preparaba el desayuno y lo despertaba como un niño que tenía que ir al colegio....esa nostalgia lo consumía.


¡La misma cojudez del Colca” no pueden hablar de otra cosa! Gritaba en voz alta cuando mencionaban los medios a esa ninfómana, mala madre y sospechosa de asesinar a ese pobre estudiante en aquella escapada cordillerana. Sin tiempo para rajar de tanto bodrio en la TV, puso sus cosas en su maletín, salió al garaje de su casa y trepó a su “nave”. Su compañero de mil y un aventuras viajaba en una galaxia llamada Lima.

Su nave de combate era un nissan plomo que prácticamente era un hermano para él. Hizo un giro a la derecha por la calle llendo a la AV Bolívar, que parecía un campo de golf lleno de agujeros. Le encantaba ir a su trabajo escuchando radio oasis u oxígeno, detestaba escuchar las noticias en la radio lo desesperaba. Él era profesor de marketing de la de Lima, justo era el día que les tocaba dar a sus queridos alumnos el examen parcial. Se encontraba de buen humor, no pensaba jalar a sus pupilos.

Siempre se mostró en sus clases como una persona jovial ante sus alumnos que se reían y disfrutaban de su manera de hacer sus clases. Le encantaba ironizar, era uno de los maestros más populares de la facultad. Aquello le agradaba mucho, su querida esposa Pilarcita QEPD, se sentía orgullosa de este profesor talentoso que dirigía su clase como si fuera una orquesta. La nave llegó a una zona de asteroides llamada el cruce de Arenales y Javier Prado. Detestaba el ruido de los claxons, que eran ecos inútiles contra el tránsito monstruoso. Le irritaba también la ineptitud de las policías de tránsito que eran un adorno más de esta triste ciudad.

Tras probar ese traga amargo, se dirigió a la universidad llegando unos quince minutos antes de los ocho. Estacionó su carro y saludó a los “guardianes del templo”. Era un termino mejor para quienes resguardaban este “santuario del saber”. Se registró y pasó donde iba a tomar exámenes. Al entrar al salón algunos de los alumnos lo saludaron jovialmente, otros lo miraban con desazón y temor. Se sentó en su silla, prendió la máquina para tomar asistencia. Miraba a los alumnos como si estuviera examinando su capacidad combativa. También observó como iban vestidas las chicas que destacaban, sobretodo al usar esas botas con tacón y unos jeans saca pompis.

En el primer semestre cuando el verano arreciaba con fuerza brutal. Muchas chicas mostraban un espectáculo maravilloso con sus shorcitos que exhibían sus piernas bien cuidadas. Deseaba en sus adentros de que aprobaban el examen que a su juicio era “bien papaya”. Ya era tiempo para tomar la prueba que hacía felices y aterraba a los alumnos al mismo tiempo. Pasó lista unas tres veces, porque ellos se distraían muchísimo. Luego pasó las pruebas a sus queridos pupilos, el examen empezó. La tensión afloraba en el aula, un sepulcral silencio se instaló como si fuera la promulgación de un decreto dictatorial.

Durante la medio hora que transcurría, el silencio se interrumpió por algunas preguntas consideradas impertinentes . Luego observando como un águila americana a un alumno con cara de nerd tratando de plagiarse...al principio lo toleró pero como lo hacía de manera tan reiterada decidió ponerse a actuar. El pobre chico ampayado hizo unos ruegos bastante teatrales que trataron de conmover al maestro...pero él permaneció inmutable y gélido. No tuvo ningún reparo en bajarle cuatro puntos en su prueba. después siguió descubriendo plagiadores que no hicieron escenas tan tragicómicas.

Tras terminar, se dirigió a otros salones donde repitió el mismo ritual. Wilhelm Arrechaga, tomó su nave y se fue rumbo al siguiente planeta. Era su segundo trabajo, donde era un sitio más agradable que la universidad, allí podía encontrarse con “Sasha” una chica guapísima recién egresada de la universidad. Trabajaba como “uña y mugre” en el equipo de de marketing de la empresa de seguros “La Positiva . Admiraba su creatividad, versatilidad a la hora de de tomar importantes decisiones de su novia.

La chica pequeña, de cabellos lacios, castaño oscuro, de piel oliva y rellenita. Le encantaba verla cuando usaba unas botitas que le exaltaban su enorme culo como Eva Longoria, la protagonista de una serie americana “Desperate Housewives” que era su favorita. Se destacaba también por hablar por los codos desde la gastronomía hasta del flaquísimo presidente Obama que daba la impresión de ser su fan número uno. Aquella cualidad le agradaban a Wilhelm, ya que su esposa difunta era algo reservada y no tenía aires de grandeza como su chica. Verla, hacía que su ánimo mejorara. Tras renegar de los plagiadores que descubrió y el terrible tráfico que soportaba a diario, axfixiandole con su humo, destrozando sus tímpanos el ruido infernal. Adoraba su sonrisa, Pilarcita, así era el nombre de su fallecida mujer, era algo fría y distante pero con ella todo era calidez.

  • osito que bueno verte- recibiéndole con una sonrisa exagerada 

  • ¿recuerdas nuestra cita el viernes? -Tratando de hacerse el listo

  • como no voy a olvidarlo- dándole un abrazo

  • para eso si recuerdas- con tono sarcástico tratando de ocultar su incomodidad

  • todo por fastidiar- poniéndose risueña y dándole un beso, hacía zancadillas para alcanzarlo.

Con ello, podía realizar su maravillosa rutina. Era como un juego de niños, sobretodo cuando hablaban de los comerciales que iban a impactar al pública. Tras tres días de espera e intenso trabajo , por fin ya era hora de divertirse con “Sasha”. Su cónyuge fallecida tras un accidente de tránsito que pudo ser fácilmente evitado. Era un recuerdo cada vez más lejano.el tiempo de duelo no duró mucho tiempo ni fue tan afectado por su pérdida. No se sentía mal cuando se acostaba con su nuevo amor. Mejor que un divorcio...la viudez le caía como anillo al dedo. La chica era una bocanada de aire de francés  que le llenaba su vida de intensidad. Tenía las virtudes que carecía su finada señora.

El día sábado, justo en el mediodía, iba a ser la reunión tantas veces postergada para ratificar su intensa relación. Wilhelm Arrechaga se miraba en el espejo como Narciso, se peinaba sin sentido en su cada vez escasa cabellera. Se agarraba el montón, decía unas frases impactantes cuando ensayaba como si fuera a ir al casting de “American Idol”. La boca se hacía agua, imaginaba el traje provocador que llevaría “Sasha”. A pesar de no ser un millonario, podía darse algunos desquites contra las limitaciones.

Por ese momento, ni pensaba casarse con ella por el momento. Si lo hacía, su relación tan bonita se perdería su aire mágico lo mismo pasó con su anterior matrimonio. Era como decirle a los niños la verdad, de que el conejo de Pascua no existe o que ellos vinieron al mundo mediante un acto de apareamiento, considerado por la mente infantil como asquerosa y vulgar. Era era la metáfora que describía su situación sentimental. Salió de su casa,vestido con un traje más o menos casual. Detestaba usar corbatas nunca fue bueno para eso...a pesar de que veía en youtube como hacerse el bendito nudo “le salía el tiro por la corbata”.

Eran las cuatro de la tarde, iba a ver a su “Dulcinea”. La recogería en su casa de Jesús María, cerca de San Felipe. Alguna vez la pareja hacía y deshacía planes para vivir juntos por allí y hacer “su nidito de amor”. Llegar no le tomó mucho tiempo, encontró a “Sasha” esperándole en la puerta de la clínica San Felipe, justo en ese lugar acordaron reunirse. Le impresiona como vestía, llevaba puesto un apretado vestido plomo con rayas negra, ver expuestas sus grandes piernas esculturales y llevar esos tacos rojos; hacían resaltar su figura. Con caballerosidad le abrió la puerta de su nave. Su piel se erizaba sentándose en el asiento del copiloto y mostrar su belleza bien trabajada. El sudor le corría en la espalda.

  • te has arreglado como para ir a la entrega del oscar- mirándola libidinosamente sus grandes senos que resaltaban

  • tú siempre con tus exageraciones amor- poniéndose sarcástico como siempre


La nave hizo un viaje interestatal hasta plaza San Miguel, meca del consumismo peruano. La sorpresa era llevarla a cenar al Chilis, un restaurante de la picante y subliminal comida mexicana. Hacía siglos que no iba desde que era un joven que se iniciaba en el sexo. En esa época fue por el cumpleaños de su madre. Wilhelm miró a la chica con dulzura, mientras la tarde moría una vez más. Dejó la carta lleno de platos picantes, aquello era como revisar el catálogo del kamasutra con que comenzaría la la degustación amatoria.

  • que mala suerte que no se puede fumar aquí- sonriéndole al ver un cartel de no fumar

  • es fascinante ver a una chica como tú fumando, es un signo de independencia- elogiando la frase

  • sabes ¿alguna vez invitaste a tu esposa a este lugar o a un sitio “ficho”- lo preguntó con inocencia un espinoso tema

A Sasha siempre le gustó hacer preguntas incómodas, si no hubiera estudiado marketing sería una estrella de algún canal tipo CNN. No era un persona buena mintiendo ante las preguntas sorpresas, Lo hacía por joder de manera amical...pero esta broma tocaba una fibra sensible para él. En primer lugar, Pilarcita se estaba poniéndose fea, cada vez más dominada por la rutina y para el momento de su muerte su matrimonio iba por “la cuerda floja”. Le incomodaba hablar del tema. Consideraba a la finada, como una una quejona peor que su suegra. Discutían por las puras, además ya le “ponía los cuernos” con otra chica. Bueno el hombre le contestó de manera sarcástica, mientras los recuerdos de esa malograda relación pasaban por su cabeza.

  • ¿ Acaso piensas reemplazarla? Acercando pícaramente la mirada

  • No es para tanto, ni llevamos ni siete meses y todavía no quiero ser la señora de Arrechaga con ademán infantil

El tenso diálogo ocultada en esta burlona conversación, fue interrumpido por una guapa mesera que vino a tomar su pedido. “Como me hubiera gustado que fuera un mesero churrísimo, así Wilhelm no tendría esa cara de mañoson” pensaba mientras Sasha una mueca de desprecio al observar como su amado le hacía una venia de coquetería. Pidió ella su orden con tono desganado. El profesor notó su estado de ánimo y decidió cambiar de conversación o simplemente a comer en silencio. Mientras esperaban su orden, Wilhelm no veía a su actual pareja como una usurpadora que deseaba ocupar el puesto de su difunta mujer. Tenía la corazonada de que ella como muchas simplemente suplía un vacío emocional. Cuando empezó a hablarle de alguna “pela” para ver en la noche, los ojos de la mujer se iluminaron. Dio unas palmas estruendosas aceptando la oferta de su amigo.

  • no he revisado la cartelera pero buscamos una al terminar el combo-

  • hace siglos que no iba al cine, bueno ya no hay buenas pelas como en la época de mis viejos- frotándose las manos

  • esas como “Calígula” o “El último tango en París”- haciendo el papel de crítica de cine

  • Tienes una gran imaginación de los mil demonios, deberías ser guionista de cine porno – burlándose de su erudición

  • tú podrías ser un gran comediante como Carlos Álvares con todas esas bromas que me haces- respondiendo con su genial contraataque


Terminada la cena, la pareja se fue a buscar un cine cercano ya que se hacía muy tarde. Tanto a hombre como a la mujer...no les vacilaba la cartelera llena de “gringadas”. Sentían que no mostraban creatividad ni encanto solo fórmulas repetitivas el mejor caso era la saga redundante del “Juego del miedo 6,7....) Deseaban ver filmes extranjeros, con argumentos salidos de los pelos causando impacto. No importaba si era argentina, rusa e inclusive tibetana si era el caso. Los marketeros ahora eran cinéfilos consagrados. Vieron un cartel que les llamó la atención, no por sus llamativos colores ni los actores. La nacionalidad era la que más le impactaba...era una de esas películas peruanas que se estrenan esporádicamente en una oferta llena de “basura gringa”. El filme se llamaba “El inca, la boba y el hijo del ladrón”, decidieron hacer patria y fueron a verla.



Lo vieron en una sala casi vacía, se agarraron de la mano. Les decepcionó la historia, era un cliché excesivamente costumbrista que exageraba el estado ya calamitoso del país. Además carecía de una continuidad, mostrando contradicciones ridículas. Lo único destacable era que la actriz que interpretaba a la “Boba”, Flor de Maria Quesada, estrenaba “las teteras”. Verla así le construía una sonrisa en su rostro. La pareja salió decepcionada del lugar, “rajando” como buenos peruanos. Sasha fue la que más habló y despotricó contra esa bazofia fílmica...hasta “Crepúsculo” le parecía una obra maestra frente a este bodrio olvidable. Wilhelm mandó al diablo a los niños mendigos que pululaban en las calles que pedían que les compraran sus pasados caramelos. Consideraba que la mendicidad debía ser declarado un delito al igual que el plagio y la vagancia de los universitarios. Luego subieron a la nave, allí le preguntó.
  • te llevo a tu “hato”-dándole una palmadita en su culo 

  • no mejor, llévame a tu casa mejor- apoyándose en su hombro

  • bueno está cerca de aquí- suspirando


Satisfacer el capricho, le restauró el ánimo. Llegaron a su casa justo a las 11, su vivienda de dos pisos, de color blanco. La pareja entró a la vivienda, Sasha se sacó los zapatos cuando llegó a la sala , se frotaba los pies y mostraba alivio por estar descalza. Tenía las uñas pintadas de rojo como unos rubíes y se resaltaban unas piernas gloriosas. A Wilhelm se le paró “ el pajarito”, hasta ponerse rígido, se destacaba por su fascinación por los pies. Se acercó, besándole con furia y tocándole su enorme culo. Luego la tumbó al piso,como si estuviera tumbando un árbol. Todo era un animalismo brutal que no tenía parangón  Él trataba de lamerle las tetas enorme, la chica estaba en shock por la sorpresa. Al cachar como simples animales, sin ninguna fórmula de cortesía acostumbrada. Se quitó el pantalón, le quito con violencia su enorme calzón a mordiscazos. Tirársela era una desahogar todas las frustraciones que tenía en la universidad con sus zánganos pupilos, en el tránsito, en las malas noticias por parte de los medios, en el pasado que lo jodía ese pasado cuya figura era Pilarcita , etc.

La experiencia lo emancipaba de los prejuicios, sudaba de manera profusa en la espalda, su corazón latía a mil por hora como los pájaros. La chica iba a asfixiarse por ese arrebato erótica, parecían que la habían estrangulado por la penetración que aún le atrapaba como si la atacara una anguila. No hubo besos ni caricias en ese encuentro. Con las pocas fuerza que contaba, imploró que parese. Se detuvo, no porque atendiera las súplicas de la joven...sino por el agotamiento de sus energías amatorias. El hombre tomaba aire. Sasha se asemejaba a una mujer violada por algún sucio vagabundo. Tenía las tetas al aire, venía despeinada y veía su enorme calzón tirado en la sala. Ello lo miraba como si hubiera presenciado una explosión termonuclear.

  • eres dios- quedándose petrificada

  • no soy un dios, solo un gil que acaba de cacharte- le respondía con su clásico sarcasmo

  • jamás he hecho el amor en el suelo duro, revolcándome como una cerda- su mirada denotaba sorpresa

  • ¿ que no te gusta hacerlo en la cama? Siguiendo con su ironía

  • bueno, es que hacerlo aquí te podría llevar a problemas en la espalda- ella señalaba el piso

  • pero hacerlo en un sitio inesperado aumenta el placer, además tengo una enfermedad que puedes curarme - lo dijo de manera científica

  • ¿cual el amor?- Preguntando como una niña ingenua

  • no eso es una cojudez, se llama satiriasis- riéndose como una hiena hambrienta 

  • te estás inventado- burlándose

  • tú eres la cura en verdad- riéndose

  • tirando como una puta-le respondió dando un rodeo

  • ¡ oye vamos a dormir en mi cuarto! Tengo un sueño de la patada- mirando su reloj de pulsera

  • encima quieres pasar la noche conmigo en la cama con quien compartiste con Pilarcita- agarrándose las caderas

  • ha estado vacío desde que murió- agachando la cabeza

  • sería magnífico estar una noche en la cama de un viudo debe ser alucinante- apoyando su cabeza en el hombro de Wilhelm

“La conquisté eres un genio, Sasha es mejor que Pilarcita sobretodo con ese cuerpazo”

  • Bueno no dormiré en el sofá solo porque tuve 5 minutos de sexo salvaje-

“Dios como ha podido calcular todo eso, seguro que ha estado con tíos mejores que yo o yo soy mejor que esos cabrones.” tapándose la boca de asombro

  • Entonces iremos a mi cuarto y dormamos como dulces angelitos-


Al terminar esta frase, se quitó su provocativo vestido como si estuviera pasando a una metamorfosis de piel. Verla así fue una epifanía religiosa...la había visto desnuda un montón de veces pero en esta ocasión era mágico. Si hubiera vivido en el Renacimiento Botichelli la habría convertido en su modelo número uno sin pensarlo dos veces. Era la musa perfecta para los pintores que hacen pinturas de desnudos. Le fascinaba como ella asumía su desnudez con familiaridad y naturalidad similar a esas tribus polinesias o amazónicas que andan felices de andar calatos. Sasha aún no había descubierto el pecado de la vergüenza de estar desnudos. En cambio con su difunta esposa era todo lo contrario, ella era más puritana que afgana con burka. No le gustaba mucho mostrar lo bello que era su cuerpo. Decía ella que no tenía senos agraciados.

  • ¿donde está la habitación?-

  • arriba en el segundo piso- le indicó con una amable sonrisa

Al subir por las escaleras, ascendía su novia al igual que una diosa al glorioso Olimpo. Se quedó absorto por varios minutos cuando subía y su culo se resaltaba por todo lo alto. Despojándose de la ropa que tenía, se sintió un hombre liberado de las ataduras de la sociedad moderna y siempre chic. Subió a su habitación, encontró a la chica tumbada en su cama con unas poses dignas de los cuadros de Bottochelli. En el sitio se encontraba fotos de sus padres, otras de su adolescencia y finalmente imágenes de Pilarcita: una chica delgada, con gafas modernas que a su parecer la hacían fea y una frondosa cabellera negra. Además el lugar se encontraba iluminada por una lámpara de luz tenue.

  • oye tu esposa no era tan fea como le contaste. Solo porque usaba lentes que le hacían parecer una nerd, como en las series americanas- indicándole la foto.

  • Cuando se muere un ser querido uno recién lo valora y esto me ha caído como un balde de agua fría- su sonrisa desapareció al decir eso

  • no te tortures por eso, me tienes a mi- respondiéndole con una sonrisa para consolarlo
  • lo que pasó pasó- dando un largo suspiro

Sasha no podía contener la risa, ella se tapaba la boca. Pero Wilhelm se dio cuenta de aquello.

  • ¿de que te ríes?- le miro con desconfianza 

  • de tu “pajarito”, es pequeño como un botón he visto otros mejores- señándole con una mirada maliciosa

  • Ah si que mi cañón es pequeño y eso que has sentido mi artillería- Su frase parecía sacado de una canción del reggaeton.

El hombre se echó en la cama de manera escandalosa. La pareja se taparon con la sábana como si fuera el sexo una cuestión clandestina, se rieron muchísimo. Mientras tanto la imagen inmortalizada de Pilarcita, observaba el acto. Pasaron tres horas él tenía un insomnio terrible además de una comezón espantosa, parecía que se había olvidado de algo. Los actos sexuales hacen que la gente se duerma plácidamente...en cambio no podía conciliar el sueño, cuando empezó a escuchar una voz familiar que trató de no hacerle caso. Pero palpaba una presencia que invadía la habitación, cuando escuchó una palabra que le hizo estremecer.

  • Wilhelm ¿que haces calato?- el espíritu le señalaba con el dedo acusatorio su desnudez 

  • ¿Pilar eres tú? O ¿yo estoy borracho?- tratando de comprender el raro fenómeno


Vio la figura de su mujer al principio borrosa y tenía un color celeste. Pero el rostro del fantasma mostraba amargura y decepción como si hubiera tenido una deuda pendiente que le dejaba incómoda. Luego el espectro se mostró más reconocible. El profesor sentía que su corazón iba a reventar y agarró fuertemente una sábana.

  • Wilhelm te estas divirtiendo mientras estoy ausente- no podía creer que las ánimas del más allá pudieran ser tan sarcásticas, así que de pronto perdió el miedo

  • a que has venido querido asustarme o ha molestarme como lo hace mi mamá-

  • me da asco que muestra cama sea usada para tus cochinadas – señalándole el espíritu a la mujer gorda acostada. El hombre sintió rabia una rabia enorme y expulsar al espíritu por más absurdo que fuera

  • pero si tú has muerto, no estoy haciendo nada malo. Que no te caiga bien esta chica es otra cosa- se instaló un gran silencio

El ánima dio vueltas en la cama, observando con tristeza a la chica que apenas se tapaba su desnudez. Después de manera disgustada dijo

  • no debiste casarte conmigo, sino con ella primero. Tenía el presentimiento que iba terminar mal-

Parecía que el objetivo de asustarlo fracasaba de manera silenciosa. Pero se dedicó a hacerle una serie de reproches acerca de su nueva mujer.



  • en esa cama solo duermen personas casadas ante Dios y la ley- le reprochaba frunciendo el ceño

  • mira si me vas a molestar simplemente porque me acuesto con una chica soltera, ese es mi problema- con tono desganado

  • cásate con ella mejor , yo no he venido a asustarte sino a encaminarte por la senda de la responsabilidad- su viudo la miraba con dudas de que los fantasmas pudieran ser consejeros morales.

Fastidiado la mandó al diablo como si botarla de su cuarto

  • Pilar nuestra relación se acabó, estoy con “una chava” que es mejor que tú en todos los aspectos y si quieres meterte en mis asuntos personales llamo a los caza fantasmas y todo solucionado. Así que no me jodas y déjame ponerte celosa que ya estas muerta. Además tienes muchos pretendientes en el otro mundo que andan buscando chicas- parecia que iba a combatir al fantasma 


Pilarcita se desvaneció en el aire ante la sinceridad brutal de Wilhelm y viendo que su interés y libido tenían un reemplazo se despidió con las siguientes palabras.

  • al menos ten un buen recuerdo de mi y deseo que no terminen distanciados por tonterías- el fantasma hablaba como si estuviera en el mundo de los vivos con una naturalidad desbordante.

La bendición digamos forzada del ánima, le daba una paz interior. Sintió al mirar el culo marrano de Sasha que su relación debía cuidar como un diamante en bruto, sino hubiera muerto su anterior esposa en ese ridículo accidente de tránsito su matrimonio naufragaría como los miles en el mar de la ruptura. La habitación quedó en silencio...solo se escuchaba el esporádico pasar de los autos y los pasos de uno que otro transeúnte silbando.

  • Pilarcita ¿donde estará?- se preguntaba mientras miraba el televisor apagado de su cuarto 

Se preguntaba mientras se frotaba en su casi calva cabeza, ,mientras se echaba a la cama. Miró el techo blanco y sus ojos empezaron a cerrarse. A la mañana siguiente se despertó muy tarde como a la 9. Sasha la primera en levantarse y actuar como Eva antes de descubrir el pecado original. Acarició su frente y le susurró.

  • ¿ayer me soñé que discutías con Pilar?- mientras se levantaba con dificultad 

  • te estás imaginando nada más- al despertarse con brusquedad

  • como quieras, pero tuve ese sueño- mientras señalaba la foto de la difunta

  • veo que tienes un interés por ella y eso que no la conociste. Si quieres te llevo al cementerio donde está enterrada creo que se hubieran convertido en unas buenas amigas sobretodo cotorras- al ver que las palabras de Sasha tenían un matiz serio.

  • ¿ en que cementerio está sepultada?- con una sonrisa exagerada en los labios

  • En Campo Fe Huachipa, ojala no te incomode el viaje- mientras le daba un besito en la boca

  • allí esta enterrado mi abuelito- agachando la cabeza

  • tus deseos son órdenes madame- poniéndose su polo

Tras una semana de ajetreos por la cuestión de la oficina donde se discutían acerca de la estrategia de ventas si había sido un éxito o fracasado miserablemente. Esperar hasta el sábado fue como aguardar la venida de Cristo. La pareja fue temprano para ir al camposanto y así evitando el tráfico infernal que era una terrible vía crucis. Salir de la ciudad lo rejuvenecía de los vicios terrenales. Al llegar al panteón, ellos se pasearon agarrados de la mano, escuchaban el trinar de los ojos. Tras una placentera caminata llegaron al pabellón donde estaba enterrada Pilarcita, recordaba su entierro de manera difusa, parientes olvidables y lleno de solemnidades vacías. Lo único que recordaba que se hizo en un atardecer precioso. Su relación con Sasha, prácticamente ya no recordaba a su difunta mujer, su nueva pareja se apoyó en su hombro y empezó susurrarle alegremente.



  • tengo que contarte algo amor- como si fuera a decirle una travesura que cometió en el pasado

  • ¿que hiciste amor ?- preguntaba sin emoción 

  • me hice un chequeo médico- tocándole el hombro

  • ¿ y que dice ese resultado? - mirando sin mucha emoción la lápida

  • Estoy esperando un hijo tuyo- el mundo se paralizó con la verdad 

La Mamacha Cordillerana


El parque Ayacucho es un pequeño óvalo flanqueado por departamentos medianos y pequeños. Es un sitio donde el ruido cae como una gota de agua, a diferencia de la intersección de la avenidas Brasil y Bolívar, unas cuadras más adelante. Eran las siete de la noche, un coche DAEWO negro se detenía y daba bocinazos como si estuviera boxeando contra la acústica.


Salió del vehículo, un tío “macetón” que tenía un aire altanero. Vestía un impecable uniforme de la fuerza aérea, con los zapatos bien lustrados. El señor tenía una cara ovalada, peinado engominado y unos ojos celestes divinos. Su nombre era Tito Kern y andaba esperando a su novia, una chica al que le doblaba la edad. Miró por la ventana de su departamento, en algunas ocasiones había visitado su casa pasándola bien con su grata compañía. Miraba la hora en su reloj de pulsera con impaciencia, daba vueltas como “un pantera enjaulada”.

Sus tardanzas le sacaban de quicio a un hombre acostumbrado a un rígido horario que había adquirido en su experiencia castrense. Fue entonces cuando llegó de manera celestial su amada, se llamaba Mikayla, tenía un cabello lacio negro recogido que combinaba con el vehículo que tenía Tito, además su cuerpo estaba bien contoneado mostrando su magnífica lozanía. Vestía un una blusa verde oscura, una falda marrón más unas botas que le hacían resaltar su figura.

A pesar de que no era ocasión para usar el uniforme, quería darle una grata impresión. Desde que era un cadete que aún no le crecía el bigote, tener un traje impecable y usar sus ojitos celeste eran el anzuelo perfecto para atrapar a una chica, recordaba en sus tiempos de alferez que las putas de los burdeles poblaban los solitarios arenales piuranos que Mario Vargas Llosa describió en su novela “La casa Verde”, se volvían locas por tenerlo como clientes por un chico con sus características. Sus novias y amantes conquistadas eran equivalentes a todas las victorias que obtuvieron Castilla, Cáceres y Ureta juntos.

  • ¿Tito por que te has puesto tu uniforme? Vamos a una presentación musical no a un desfile- ocultando en su boca la risa

  • ¿no mes “churro” amor?- Dando una vuelta sobre su propio eje-

  • estás guapísimo osito- dándole un apasionado beso

Las diferencias entre ambos eran resaltantes...aparte de sus edades.. Las malas lenguas decían que ella se parecía más a una hija que a su pareja. La joven era menuda y usaba a cada ocasión zapatos de tacón. Además su caracter era más sencillo a diferencia de Tito con su aire altanero. Verlos juntos provocaba cierta risa, recordaba ese poema de Góngora en que se narraba el amor entre el cíclope Polifermo y la ninfa Galatea.

Además esto provocaba algunos problemas cuando iban a las fiestas de la FAP, donde su novia era coqueteada descaradamente por los jóvenes tenientes. Para Tito tenían la conchudez de decirle “ Señor podría bailar con su hija esta pieza”, pero le respondía a sus malcriadeces de manera tajante“ Ella es mi novia”. Muchos de ellos retrocedían con respeto y temor. Pero su madre y algunos amigos de su confianza le pedían que no continuara su relación ya que era muy desequilibrada. Pero se negaba a escucharlos.

El oficial cabellorosamente le abrió la puerta de su carro, haciendo como una reverencia a su “Dulcinea del Toboso”. Ella se sintió rara y halaga por ese trato. Tenía unas piernas infartantes que todo hombre deseaba tocar , se resaltaban cuando subió al vehículo. Mikayla había sido invitada por una amiga suya al colegio médico para un concierto que iba a cantar una artista vernacular que le decían “La Mamacha Cordillerana”. Tito ofreció llevarle para darle gusto a su enamorada y así ganar puntos a su relación. El coche partió a la carrera para llegar al sitio que quedaba cerca de Larcomar frente al mar. Aunque hubiera preferido pasear en el parque Domodossola, donde tenía gratos recuerdos de su infancia y juventud.


Mientras recorrían la ruta, en el auto puso música ochentera que le encantaba a Mikayla. Se alternaban con las melancólicas y poéticas canciones de Julio Iglesias. Con esta armoniosa alternancia la pareja no se peleaban por una tontería, como rezaba una estrofa del cantante español. Tito hablaba con ella con hunor socarrón acerca de su carrera militar en meteórico ascenso, los puestos como agregado militar en Portugal e Italia, los líos de falda que tenían sus superiores,sobre su papel fallido en la guerra del Cenepa, los aviones que piloteaba...finalizando al comentar de manera peyorativa acerca de su ex mujer, se refería a ella como si hubiese perdido la lotería.

A su novia le disgustaba la forma de expresarse en ese último tema...pero se calló para no aguar la animada exposición de un abanico de temas por parte de “su héroe victorioso”. Le fascinaba su carácter campechano y jovial por una parte. Ambos se conocieron en una gala de oficiales por el aniversario de su institución, donde su tío, promoción de Tito, la presentó y sin conocerse surgió el flechazo. Justo en ese momento se estaba divorciando de su esposa Paula, con quien tenía dos hijas gemelas. Las voces chismosas decían que iban a casarse en un futuro cercano.

-¡ ya estamos por aterrizar!- anunció su llegada al sitio como si estuviera en misión de vuelo, la miraba pícaramente

  • hasta en eso no se te quita lo militar- le respondía sin llegar al sarcasmo

Al bajar del carro, le abrió la puerta caballerosamente para que bajara como la duquesa de Alba. Vieron el local de arte criollo, que el maremoto de construcciones de condominios aún no devoraba. Era más pequeño de lo que imaginaba, pero su mirada se centraba en el mar oscuro solo iluminado de manera débil por las luces de la ciudad. Una fuerte ventisca sacudía las ramas de los árboles centenarios. Le parecía extraño de que no hubiera un cartel que anunciase el espectáculo, mientras pensaba se acercó la amiga de su novia Soraya. Saludó efusivamente a Mikayla.

Vestía un traje que no combinaba con la contextura delgada de ella. Tenia un cabello castaño que parecía pelirrojo y su aspecto no era de lo más agradable, la primera impresión fue decepcionante. No cabía en su cabeza como una preciosidad pudiera ser amiga de esta piltrafa. Tuvo que aguantar su desazón. La pareja entró al recinto, llegaron a un patio interior donde se encontraba más adelante el escenario. Una estatua grecorromana les daba la bienvenida, el sitio era enorme. Sus paredes estaban pintadas de barniz blanco y se encontraba a medio llenar. Tito empezó a sentirse desubicado en ese lugar más por el uniforme que llevaba encima. Un gesto de incomodidad, se evidenciaba al fruncir el ceño.

Le hacía recordar a una escena de la película Forrest Gump, en la cual el protagonista siendo soldado va a una fiesta de hippies y panteras negras donde los uniformados no eran bienvenidos. Era una analogía menos cruel que se asimilaba a su caso. Se ubicaron en la quinta fila, el oficial dio una ojeada parecía que se hallaba en una misión de reconocimiento del campo enemigo. Se decepcionó mucho al ver que al público asistente fueran en su mayoría jubilados que deseaban pasar el rato. No había chicas bonitas de la edad de Mikayla para darles una miradita en sus ojitos siempre solteros.

¿ donde me ha llevado Mikayla a un geriátrico? Comentaba en sus adentros, además no se hallaban chicas que lucieran provocadores atuendos ni lucieran su belleza para echarles una miradita a su monumentales figuras. No era lo que imaginaba. Entretanto las dos mujeres hablaban como “loras” de temas baladis y no advirtieron el silencio de Tito. Miró su reloj con cierta pavonería para saber cuando empezaba la dichosa función. Le irritaba de que no estuviera preparado, detestaba la impuntualidad. “La tardanza es uno de los peores enemigos del Perú”, decía siempre a los jóvenes aspirantes que ingresaban a la FAP. Pero ahora lo combatía de forma silenciosa y esta parecía que lo iba a vencer.

 Leyó los folletos que hablaban del evento , allí mencionaban los elogios a la “Mamacha Cordillerana”, resaltando su canto y amor desinteresado por el arte andino. Allí había una foto en blanco y negro de la cantante en que llevaba unos largas trenzas negras como Rapunzel. Vestía un traje negro costumbrista junto a un sombrero. Se imaginaba que así se presentaría en el escenario. Su conocimiento de la cultura andina, equivalía a la de un combista acerca de física cuántica.


Durante su carrera militar, jamás había pisado la sierra, solo estuvo en guarniciones de la costa norte y sur. Esperando con ansias una imaginaria orden de luchar contra algún tipo de enemigo exterior por más inexistente que fuera. Ni siquiera los avioneros que supiera eran parte de dicha región, aquellos reclutas cara de niños con rasgos cobrizos. Como para sacar algún tipo de experiencia compartido.

Después se fue a comprar cigarrillos al no ver señales de que empezara a comenzar salió y sintió una bocanada de aire fresco que su cuerpo le pedía a gritos. Fumaba y sacaba rosquillas de humo, que el viento las diluía. Dio unas vueltas por el parque, zonzenando de lo lindo. También había comprado unas mentitas para ocultar el mal aliento y no ser ampayado por Mikayla que le desagradaba que fumara. Sintiendo como si hubiera sido advertido por alguna consigna comando, se dirigió al local. La intuición no le mentía, cuando entró al escenario y se oían aplausos. Comenzaba el show de la “Mamacha Cordillerana”. Tomó su asiento, su novia le regañó por su ligera tardanza.

Al abrirse el telón vio a la dichosa cantante, verla le dejaba impresionado bueno no era Marisol, esa intérprete de cumbia que había oído en boca de los soldados que fantaseaban en sus noches solitarias del cuartel. Era una persona rellenita de piel cobriza. Vestía una blusa amarilla, una pollera negra y usaba ojotas. Se asemejaba a una abejita con esa vestimenta. Ella empezó a cantar, la hacía de manera apasionada a pesar de los años de su larga carrera. Su música hablaba de paisajes bucólicos, amor a la naturaleza y a la maternidad. Todo iba bien hasta que empezó a elogiar al guerrillero poeta Javier Heraud, dándole vivas. Tito se sintió incómodo poniéndose alerta, le hacía recordar los tiempos de la guerra contra Sendero, la tensión afloraba en su rostro.

Su mente le ordenaba que interrunpiera ya sea con su arma o donde un grito diciendo alguna grosería propio de los cachacos, alegando que era una reunión de terrucos. Mikayla al notar su ansiedad le tocó la mano, este gesto le calmó diciéndole “ es solo una tonta canción”. El público aplaudió estruendosamente la letra subversiva, Tito se quedó estático sin aplaudir. El evento le pareció extraño para una persona acostumbrada a una mentalidad tan vertical. Después de otro número el espectáculo que calmó un poco las aguas.


El siguiente cantante se trataba de un anciano cuya edad pasaba los 70 años. Que tocaba en un singular instrumento musical, era un viejo acordeón del siglo XVIII traído por los padres franciscanos que se tocaban las notas con los pies. Aquella era una imagen melancólica con esa tonada monótoma. Su espíritu duro se ablandó al escuchar estas tristes melodías. Fue lo mejor que habís oído, equivalente a mil marchas triunfales. Terminando su turno, la “Mamacha Cordillerana” retomó su polémico cancionero. En vez de lanzar otra de esas canciones que hablaban de lo hermoso que era el mundo andino, esta vez su tema se centró en la masacre de estudiantes de secundaria ocurrida en Huanta por el gobierno militar de Velasco por los años 70.

Tito la observó con horror ¿ había notado que vestía el uniforme , que representaba a los crueles villanos que fustigaban sus canciones?. Ya estaba por arrepentirse de usar el sagrado traje de la patria y complacer a su novia al ir a esa reunión. Se sentía como el coronel Bolognesi que se vía abrumado por la superioridad del enemigo en cuanto a armamento y número de soldados. Pero la cantante vernacular usaba una poderosa arma más potente que todos los obsoletos tanques T 55 que tenía el ejército para los desfiles y golpes de estado grandilocuentes. Era su voz, la punta de lanza de su ofensiva que estaba por derrotar a Tito en esta guerra silenciosa. Su rostro sudaba por la tensión y este se lo secaba con un pañuelo.

Para el fue un alivio que se terminara esta canción subversiva. Apareció otra cantante que no tenía la fuerza de voz de la anterior, pero su mediocre presencia lo calmó...hasta iba a tirarse “un jatito” cuando oyó la voz altisonante la voz de la “Mamacha Cordillerana”, habló de los compañeros encarcelados por una y otra razón política, también criticó al gobierno por su apoyo a rajatabla a un proyecto minero que estaba causando un conflicto social en el norte del país.

Había escuchado por los medios, que el presidente declaró el estado de emergencia en esa región. Los ánimos se caldearon cuando algunos presentes empezaron a dar vivas en contra del bendito proyecto minero. Tito se dio cuenta de que vivir en un círculo cerrado le impidiría comprender un poco a esta gente que la consideraba rara, que tenía otra visión de la realidad. Luego de otro par de canciones, la gente empezó a bailar improvisadamente.

  • Mikayla, sabes te llevo a casa se nos hace tarde-

  • amor son las 11 y 20

  • es muy tarde, te invito a cenar a mi casa- besándole el cuello

Su novia disfrutaba del evento junto con su amiga junto con su amiga, hasta quería bailar ese animado huayno con héroe. Pero Tito pudo forzarle a irse con él, bueno su estrategia no era la mejor pero quería huir de “esa olla de grillos”. Tuvo que despedirse de su amiga de manera rochosa, aadvirtiendo un gesto de amargura por su apresurada salida. Al salir del recinto, sentía que se quitaba un peso de encima. Extiró sus brazos, como si estuviera realizando sus flexiones de entrenamiento al estar sentado durante horas. Mikayla se encontraba pensativa y silenciosa. Subieron al coche y se dirigió a la avenida Canevaro.

  • si quieres podemos ir a a ese restaurante que tanto te gusta Mikayla- tratando de disipar la tensión

  • no gracias tengo hambre- con tono apagado

  • con tono apagado y te preparo algo- tratando de cambiar de tema

Las avenidas de Miraflores, se hallaban vacias, una imagen de sosiego en una ciudad monstruosa. El viaje de regreso transcurrió en silencio con un aire trágico. Bueno a él no le gustaba discutir con su novia ya que le hacía recordar su fracasado matrimonio. Al llegar a casa de Mikayla, Tito se quitó la chaqueta y sacó un cigarrillo sin importarle la presencia de ella. La chica iba a entrar en su departamento, fue entonces que le hizo una pregunta que desnudó su incomodidad de su “chava”.

  • ¿pareces que huyes de algo amor?- dándole un besito volado

  • No me gusto lo que hiciste hoy- fue su tajante respuesta

  • pero no te enojes por eso además podría pasar la noche en tu casa, mañana es domingo y lo podemos olvidar como si nada- haciéndose el gracioso

  • esta noche no amor- fue la despedida rauda que hizo su novia

“Ya se le pasará” pensó mientras miraba la luna llena.