domingo, 9 de diciembre de 2012

Lady Gaga



Lady Gaga, por aquí y por acá. Su nombre lo había escuchado desde finales de la primera década del siglo XXI. Hacia tiempo que la música propiamente de mi generación no me fascinaba en absoluto…desde que apareció la infame moda del Reggaetón en mi adolescencia  con todo su facilismo barato y letras robotizantes de por medio. Peor aun era el boom de Justin Bieber que me parecía una atrocidad cacofónica con esa porquería llamada “Baby”. Salvo algunas excepciones…mi desilusión por ello  para totalmente patente por estar caracterizada por parecerse a los desechables productos “made in China” que una composición que buscaba armonizar con la letra y la música como la novena sinfonía de Beethoven o “Rapsodia Bohemia” de Queen. Ver en que se estaba convirtiéndose el mundo de la música en basura me causaba una tremenda desazón. Bueno mi generación siempre me ha desilusionado pero en este aspecto  era donde mas me causaba frustración.



Hasta mi nacimiento, las cosas tenían sentido en varias facetas de la vida. Prácticamente me he criado con el repertorio musical de mis padres con esas maravillosas composiciones de índole humanista y social como las de “La nueva Trova” o el mártir Víctor Jara con los grandes temas que escuchaba por boca de mi madre  cabe destacarse “El Pimiento”. Tengo que agradecerles por haberme contaminado de la perniciosa moda que consumen mis colegas. Recordar eso me causaba rabia, quería gritarles de que estaban haciendo el ridículo o decirles cuan mierda era la dizque música escuchaban. Pero porque malograrse la vida por esas almas que vagan en el universo de lo ordinario.
Me asqueaba pensar de mi complicidad al permitir la degradación moral de mis conocidos y mentirles cuan fabulosa eras esa cacofonía…era para volverse loco. Recuerdo con repugnancia cuando lo, ponían en las fiestas me causaban una fuerte incomodidad. Hasta una profesora que nos enseñaba un curso de ética en la universidad en esos primeros años acerca de cuan miserable era la realidad de que la gente se estaba animalizando y símbolo de ello era “el reggaetón mas el pop basura igual que la TV mierda. En vez de condenar la homosexualidad el sumo pontífice debería declararle la “guerra santa” a la “Mass Media basura”  a ver si podía encontrar fervorosos creyentes en seguir esta a favor de salvar a la humanidad de la estupidizacion que es un cáncer de proporciones bíblicas. 
Al principio no me llamo tanta la atención Lady Gaga, pensé que era una mas del montón por ejemplo RBD. Pero me equivocaba al juzgarla de manera prematura porque mi hermano tan cosmopolita como yo era su fans incondicional de ella y en cierto sentido me contagio de su parafernalia musical. Lady Gaga al verla en revistas que eran mas bien ventanas publicitarias de seudo artistas de moda, en la sección Luces, primo hermano de la revista frívola “Cosas y en portales de Internet, era la extravagancia en carne y hueso. Si se buscara sinónimos de rareza to le agregaría “Lady Gaga”. Con todos esos disfraces alucinantes y zapatos que te dejaban fuera de quicio y su emblemática “Little Monster” mostraban una imaginación desbordante que no se habían visto desde la creación del disco “Sargento Pimienta” por parte de los Beatles.



A veces en las noches, podía escuchar como cantaba mi hermano sus canciones de manera completa. Todas esas letras llenas de extrañeza y creatividad. A mi madre no lo hacia gracia verla ni escucharla, le parecía una loca que había escapado del Larco Herrera. Contraatacaba su fan incondicional de manera burlona, diciendo que su pequeña mente le era imposible comprender su esencia mística…y su mala reacción era llevada por sus impulsos conservadores.
Bueno mi experiencia mas cercana que tuve con la famosa interprete, ocurrió de manera inesperada.  Era un sábado a fines de noviembre, cuando me preparaba para mis exámenes  finales. Tenia que aprobar si o si un curso de mierda en el cual estaba “en la cuerda floja”. Acababa de regresar de una actuación por el aniversario de mi colegio Jorge Polar, donde me encontré con algunos compañeros de escuela. Tras ponerme a cenar, prendí mi computadora. Tenia que revisar un material fílmico que enviaron por email. Se trataba del Benito neuro marketing que trataba en cristiano de cómo una marca especifica generaba una química en la mente de los consumidores.
Ya había leído un “tratado ptolemaico” acerca de ese tema y sufrí como mierda. Pero en este vídeo  el que hablaba me hacia comprender mejor lo anterior. Mientras me vacilaba por el discurso irreverente del presentador lleno de groserías…mi hermano me interrumpió, me dijo sin creces que iba al concierto de la famosa Lady Gaga y debía acompañarlo. Pegue un grito de incredulidad por la idea de mi hermano, le dije muchas razones para no ir y pensé que se había vuelto loco. El de manera tranquila, me respondió que podía irse solo y que por “el face” se corría la voz de que las entradas costaban diez “lucas”. Acepte su propuesta y me vestí.
Salimos apresuradamente, mi hermano me llevaba por la delantera. La noche era fría y respiraba con dificultad para tratar de alcanzarlo. Tomamos un bus blanco que nos llevaría al estadio de San Marcos, donde producía el concierto. Lo que mas me sorprendió fue encontrar la vía despejada…me imaginaba una gran multitud y pensé que era un chiste de mal gusto.
Mi hermano ya empezaba a jactarse que entrarían de manera triunfante al recital y podríamos escuchar a la controvertida intérprete. Al bajar del vehículo, seguimos la caminata a pasos agigantados. Mi corazón latía a mil por hora por la rapidez con la que nos dirigíamos a las puertas del recinto. Apenas se veían colas y recordé cuando fui a mi primer concierto hacia unos tres meses, había unas colas que recordaban los tiempos de la hiperinflación. Preguntamos por algún revendedor que quisiera hacer “su agosto”…pero la respuesta que recibimos fue increíble no se veía ninguno de ellos.
Seguimos buscando hasta que nos encontramos uno. Era un señor gordo, cuya cara me hacia recordar a un antipático profesor de filosofía que tuve en primer ciclo. Actuaba como si las exiguas ventas que estaba causando el evento le importara un comino y quería cobrarnos un elevado precio. El tío estaba Huamán para semejante cojudez mas bien nos debería haber agradecido por salvarle su noche.
Ante tamaña estupidez nos retiramos. Mi hermano empezó a despotricar su actitud mientras escuchábamos a lo lejos la inconfundible, enigmática y alucinante voz de la próxima sucesora de Maddona. Contemplaba las luces resplandecientes en el cielo, verlas me hacia recordar las luces antiaéreas que veía en los filmes de la II guerra mundial. El ambiente semi-vacio se encontraban vendedores ambulantes que ofrecían CD piratas, posters, polos, vinchas y hasta llaveros de la buena suerte deambulaban como tristes fantasmas en una misión inútil. Me apenaba ver su monumental frustración de aquellas personas que habían depositado su Fe en un concierto de muchas expectativas. Pero como decía una famosa frase de una canción triste “un fracaso que importa…” ya volverían a ganar “su agosto”  con otro evento.



Mi hermano sufría de narcolepsia cuando entonaban varias canciones favoritas como el tema archivamos “Paparazzi”, mientras le comentaba que pasaría si la sensual Kate Perry, a quien fantaseaba con tocarle sus grandes teteras y sus ricas piernas  diera un concierto en Lima. Me respondió de un relativo éxito si lo hacia en el Jockey Plaza  pero de allí nada mas. Mi pene se erectaba solo oír el nombre de esa “Venus californiana”, era una liberación contarle mi fantasía a el.
Decidimos celebrar este acontecimiento, comprándonos unas latas de cerveza además de una vincha que decía el nombre del tour del concierto. Era una gran victoria por parte suya, era como hallar “La Vera Cruz” o “El Santo Grial”. Bebíamos y decíamos groserías, era una experiencia alucinante por sentirnos libres de alguna vigilancia moral. Las canciones siguieron y el las entonaba con una pasión religiosa. No las entendía un carajo y si supiera de qué se trataba me parecerían chistosas.
Revisaba de vez en cuando el reloj de mi celular para ver cuanto tiempo transcurría para llegar a casa temprano, especialmente porque mis padres fueron al matrimonio del hijo de un amigo de la infancia y no podía deducir cuando volverían. No quería preocuparlos por nuestra repentina audiencia…pero me interrumpió mi pensamiento cuando vimos a un par de maricones borrachos siendo expulsados del “Paraíso de Lady Gaga”. Nos pareció una pelea cómica por tamaño dramatismo propia de la naturaleza de los cabros. Lo digo y eso que no soy homofóbico ni nada por el estilo 
Recordaba con cierta decepción, no haber ido al concierto de “Iron Meiden” el año pasado  junto a mis compañeros de la universidad. Me hubiera sentido orgulloso de lucir el polo negro con el emblema de la celebre banda inglesa que siempre me encanto las portadas alucinantes de sus discos. Gritar como energúmeno por su repertorio tétrico y sombrío que te dejaba sin aliento. Hasta ahora me pregunto porque no me avisaron por el evento si estaba tan cerca de mi casa, bueno eso se lo dejo a la imaginación. Me odiaba por perder mi oportunidad de ir a mi primer concierto, era como tener sexo por primera vez, única e inigualable.


Ya era medianoche, cuando termino la fiesta de “Lady Gaga”. Sentí alivio, bueno no porque no me gustara la música sino porque hacia frió  me dolían las piernas y quería llegar temprano para que mis padres no me pillaran. Caminamos de prisa, comentando como seria la reacción de las redes sociales acerca del raleado concierto en el estadio de San Marcos. Recordaba que “La Fania All Stars” había superado creces su audiencia en el Nacional ese mismo día y harían seguro odiosas comparaciones.



Mi hermano se sintió apenado porque acababa ese mágico espectáculo lamentar además de no haber podido entrar. Para conocer según me dijo un castillo alucinante que iba a ser el telón de fondo del escenario. También se quejo de no poder apreciar el Traje “salido de los pelos” que se pondría para deleite del publico. Por primera vez veíamos que las calles se empezaban a llenarse de gente y recobrar vida. Nosotros seguimos apurando el paso para no ser comidos por la multitud.
Mientras nos dirigíamos a casa, conservábamos sobre nuestra vida sentimental y como nos estaba yendo con el asunto del sexo. Fue muy chevre intercambiar experiencias, teníamos tan poca experiencia carnal que lo hablábamos como expertos doctores.  Espiritualmente nos sentíamos vírgenes a pesar de que habíamos debutado. Me olvidaba en medio de esa fresca conversación que unas 48 horas después daría un examen que seria “La madre de todas las batallas”  en la guerra académica por lograr estar invicto en este ciclo aburrido e interesante al mismo tiempo. No sufría al pensar como iban a ser las preguntas o cual seria el nivel de dificultad del mismo, como si fuera a jugar “Age Of Empires” en el ordenador.
Decidimos ya no tomar el autobús e ir a pata al dulce hogar. Las calles aledañas se encontraban desiertas, llenas de tranquilidad, parecía un habitad silvestre virgen. En el camino seguíamos platicando, acerca de nuestra ajetreada existencia en la tierra con mucha energía. Cuando llegamos a casa nuestro ruido disminuyo drásticamente. No sabíamos si habían llegado o todavía. Toda esta incertidumbre me fascinaba por jugar “al gato y al ratón”. Entramos y nos encontramos que no habían llegado aun, eso me hacia sentir mas aliviado. Subimos al tercer piso, nos encontrábamos cansados y felices por experimentar la noción de una aventura inesperada y estar lo mas cerca posible de la próxima sucesora de la gran Maddona. Era como regresar triunfante de una guerra.
Entre a mi cuarto y me eche a la cama contento. Era feliz por evitar que me pillaran y estaría durmiendo como un “dulce angelito” mientras llegaran a casa. Pero mi hermano es un “noctámbulo increíble” con una energía impresionante, permaneció despierto viendo televisión creo no se…hasta la llegada de mis padres. Fue algo surrealista, porque escuchaba la conversación mientras yo me hacia el dormido. Les contaba de como fue el concierto y todos sus detalles mas alucinantes. Siempre tuve el presentimiento de que el tendría el privilegio de sus fan incondicional tener el placer de tan solo oírla desde lo lejos recordando una frase de un libro sagrado “no soy digno que entres a mi casa, pero una palabra tuya será suficiente”. Sentía que compartía su éxito y divertirme en esta aventura alucinante y sorpresiva.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Las siete infortunados



Siete es el número de la buena suerte, Siete enanitos, Siete pecados capitales, Siete colinas tiene Roma, Siete el número de la victoria etc. Pero esta cifra maravillosa no salvaría a siete almas del brutal juego de dados que somete la muerte a la gente todos los días. Mostrando una vez más que los números no determinan el sentido el destino de la gente ni siquiera a la hora de partir “al más allá. El primero de ellos era Gleber Saturnino Saavedra Yupanqui, era un mocoso limeño de II generación, cuyos padres provenían del departamento de Puno. Era un chico flacuchento, peinado medio emo, vestía traje estilo rapero.

El adolescente vivía del parque Arcoíris, en una casa de dos pisos con colores ocre y naranja, frente al nido “Pasito a Paso”. Vivía con su madre de nombre Graciela que se había puesto fea y gorda con el devenir de los años, su hermana mayor Imelda vivía de manera independiente y el chico solo pasaba en su vivienda solo para dormir la mayor parte del tiempo. El resto del día lo pasaba en dizque “trabajos de la academia” o fiestas de amigos. Detestaba estar allí, la presencia de su mamá con sus conversaciones aburridas junto a otros parientes tan angurrrientos como ella que hablaban de temas intrascendentes: hablar de problemas judiciales por unos terrenos de X sitio, sobre las desventuras familiares y las quejas de cuán displicente se ha vuelto la juventud.

Gleber escapaba de ese infierno cacofónico yéndose a su cuarto que era un santuario lleno de pósteres de jugadores del Barza, Real Madrid y Manchester. También andaban desparramados por el suelo cientos de DVD piratas...pero el reproductor se encontraba en la sala y ver sus películas favoritas era un martirio para él ya que la presencia de su progenitora le incomodaba bastante con sus preguntas incómodas acerca del tema del filme o algún contenido controversial. Su cultura cinematográfica era bastante convencional en todos los sentidos, eran de tipo mercantil esas olvidables. También en su habitación se veía discos de música tirados en el suelo, mostrando que sus gustos musicales eran mediocres se podía contemplar como latin pop, electrónica, algo de salsa dura, reggaeton y wachiturros. A duras penas había escuchado a los grandes músicos clásicos como Beethoven, Mozart menos de los Beatles o los Roling Stones. Todo se reducía a la moda POP.

Su escasa capacidad intelectual y su mediocridad lo hacía un ser despreocupado, así no se complicaba su existencia con el mundo que lo rodeaba. Era un estudiante promedio que nunca le interesó destacar. No era ni vago ni “chancón”, aunque pasó muchos cursos rozando. Tras terminar la secundaria, iba a engrosar la enorme fila de adolescentes que engrosarían en la “lista de carreras técnicas” que era la moda estudiantil de ese entonces. Deseaba estudiar en un instituto tecnológico de nombre raro para obtener un trabajo de manera rápida aunque sea técnico de alguna cabina de Internet.

Su progenitora no podía darse el lujo de llevarle a una universidad privada para ser alguien en la vida...la opción estatal no le convencía. La situación personal con su antigua pareja que era mala por si impedía que se recaudara algo de dinero para los estudios del joven. Hacía años que su padre Rubén que se había desentendido de los asuntos que tenía pendiente con su ex mujer. Tenía un nuevo compromiso con una chica que era más guapa y menos rollo que progenitora. Muy pocas veces lo veía pero a Gleber jamás le preocupó. Su madre era “mamá y papá” al mismo tiempo. Compartían al afán utilitarista que enfatizaba ganar dinero, buscando estudiar una carrera corta y rentable en vez de estudiar esos cursos de mucho estudio y poco trabajo. Ella tenía sueños de grandeza de que su prole se hiciera millonario de la nada, como en los programas de la TV que veía y mearse por fin sobre “esos pitucos alienados”.

Pero Gleber, no tenía interés en construir castillos sobre el aire, sino en coordinar con su novia de extravagante nombre Kerly Reinafarque. Sus fotos que veía en la pantalla del ordenador se mostraba una chica desenfadada y mostrando cierto histrionismo con su poses. Su conversión en mujer se había realizado de manera temprana, además se destacaba por tener una voz aniñada. Le encantaba vestirse con pantalones apretados, faldas cortas y zapatos de tacón alto color rosa. Era agraciada y su cabello ondulado lo cuidaba como si fuera una reliquia sagrada. Tenía un carácter algo frívolo pero tenía un sentido más práctico en cuanto a ambiciones y retos profesionales...más que Gleber. La pareja tenía sus grandes momentos de placer, yéndose a “hostalitos” donde a costa de ahorros y a préstamos donde mentía descaradamente. El condón era al amigo cuasi infaltable aparte de la cerveza para calmar los nervios que eso conlleva. Los encuentros eran óptimos y era mejor que recurrir a una puta que no le interesa que el cliente sea bueno o malo... sino cuanto dinero aportaba.

Pero presentían que su relación iba a terminar apenas ingresaran a estudiar sus respectivas carreras: ya que la distancia, el trabajo y otros chicos/chicas harían imposible que ello continuara. Él lo aceptaba casi con resignación contemplar el final de todo esto. Pero había servido como experiencia para futuras relaciones más duraderas. Entretanto, el par de “tortolitos” chateaban y arreglaban el momento para reunirse en el cine Garzón para ver alguna película tonta que estuviera dando en la cartelera. Bueno el encuentro no terminaría en sexo como en otras ocasiones. El chico había ahorrado para pasarla bien con su novia...pero este encuentro no se daría debido a un brutal capricho del destino.

María Eugenia Larraín Bordoni, se sentaba en el asiento del copiloto de un auto Daewoo de reciente fabricación. Era una joven con cuerpo de señora, era un poco gorda y su cabello lo tenía medio teñido de rubio, además le encantaba hacerlo lacio. Mantenía una mirada distraída en su cara. Llevaba puesto una casa negra que la hacía parecer la novia extraviada de un “Hell Angels”. Vestía botas de tacón alto y una falda de jeans apretada que no le caía bien. Sus tetas se balanceaban sin gracia. Le acompañaba su novio, “un cholo recio”, que hacía que se le aguara la boca.

Su nombre era Alfonso Reyes, era de contextura fuerte que usaba pectorales y tenía unos tatuajes en su torso. Tenía un carácter más sencillo y sus respuestas eran ágiles. Le encantaba vestirse con ropa supuestamente de marca para lucirse con sus pares. Era el alter ego de una masculinidad que hacía sentir protegida a María Eugenia, no era un ser humano sino descendientes de aquellos dioses que crearon el mundo mágico de la Pachamama. Le deleitaba comer esa carne ítalo-criolla en los íntimos encuentros que tiene toda pareja. Estaban de novios desde hacía tres años, cuando comenzaban sus carreras respectivas: Comunicaciones y Turismo en la “Harvardtin”. La pareja se dirigía al cumpleaños de un “nerd” que había hecho la convocado la reunión por medio de facebook teniendo gran acogida.

El homenajeado, Guillermo Hilares ,era uno de los estudiantes más cultos y un poco irreverente de la clase. Se destacaba por su gran memoria, recordaba fechas, personajes ilustres, obras y hasta frases célebres. También le vacilaba usar palabras rebuscadas y usar agudas metáforas. Aunque para la vida diaria era un patán de primera. Podía acordarse con lujo de detalles la batalla de Ayacucho...pero le era imposible recordar algún encargo de su madre o el cumpleaños de alguno de familiares. Pero este genio tenía muchas limitaciones sociales, debido a su intolerancia e irritación con las personas que no compartieran su amor por la sabiduría ..pero en el fondo era una buena persona. A veces sin querer podía dejarlos mal parados a sus colegas cuando los ametrallaba sin piedad con alguna de sus brutales preguntas, le decían que era una “enciclopedia humana”.

En el auto que conducía Alfonso, se escuchaba con estruendo la música de “Pitbull”, un rapero cubano-americano cuyos canciones brotaban lujo, poder y lujuria que no se veía desde los tiempos de Heliogábalo. Ese era el himno religioso que acompañaba sus fiestas tipo discoteca. En la parte trasera del vehículo se sentaban tres chicos que conversaban de manera ruidosa y revisaban sus Blackberry y Iphones para ver sus mensajes o la dirección correcta de la casa del “nerd”.


Entre ellos se encontraba Tatiana Alexandrovna Gonzáles Petroyev, hija de un coronel de la FAP que estuvo piloteando aviones mig 29 cuando todavía existía la URSS como super potencia y una rusa amante de las muñecas matrioskas. Se destacaba por el carácter dicharachero de los peruanos y no la melancólica idiosincrasia de los habitantes de la patria de Tostoil. Era una chica de cabellos rubios y largos, tenía contextura delgada que la hacía parecer un ser delicado como el baile grácil de Ana Palovna. Su apariencia también reflejaba la bondad representad en las heroínas de las novelas de Fedor Dostoyesky.

A su derecha se encontraba otra de las amigas extrovertidas del grupo: María Paz Ocampo, mujer volupuosa, de cabellos de intensa negrura, piel canela y unos ojos morenos intensos. Tenía unas piernas espectaculares que le encantaba ponerlas descubiertas cuando iba a las grandes fiestas que se celebraban en las casa de sus amigos. Trabajaba como camarógrafa de una programa de la TV, que combinaba la seriedad con la comedia irreverente de sus conductores. En las redes sociales publicaba fotos con gente famosa que pertenecía a la decrépita farándula local, era una testigo privilegiado del mundo del espectáculo que se veía cara a cara con las estrellas de Choliwood.

Miguel Luna Mouriño, era un joven de cabellos medio ondulados y piel oliva. Le decían cariñosamente “señor Moon” y gastaban bromas acerca de su virilidad ya que no proyectaba una imagen de macho, su carácter era un poco amanerado tenía una voz delicada. . Era un disyokey de las discotecas más exclusivas del sur de Lima, la música que nublaban la mente a las personas que se entregaban al baile frenético. En las clases se quedaba dormido por quedarse hasta altas horas de la madrugada ere preferible convivir con esa bulla que aprender conceptos aburridos.

Tenía un polo de un grupo metalero más una casaca negra, se reía estruendosamente de la conversación que emitían las “cotorras humanas”. Lo gracioso es que hablaban poco del cumpleaños que iban a celebrar ya que estarían de paso ya que era una especie de “bocadillo” . El plato fuerte estaba en las grandes discotecas de Lima Sur. Pero el momento no llegaría porque la fatalidad les cerraría el paso...el vehículo que se paseaba orondo por la avenida se dirigía a la intersección mortal de la calle Lincoln.

Carlos Villaroel, regresaba del gimnasio del BCR tras una maratónicamente jornada de entrenamiento físico que había culminado relajándose en el sauna, luego de darse un ducha fría. Era un hombre maduro que pertenecía a la clase media, alta, de cabello medio crespo y de contextura mas o menos musculosa. Llevaba en su brazo izquierdo un bolso de color gris que llevaba sus ropas. Vivía en el condominio que se hallaba prácticamente al frente donde se encontraba. Deseaba darle un beso a su mujer, saludar a su retoño, comer algo y ver que partido estaban dando en la tele.

Aprovechaba sus vacaciones de un mes para ejercitar su cuerpo y darse un merecido descanso luego de su arduo trabajo como periodista deportivo del diario “El Comercio”. Cubría los partidos del alicaído campeonato descentralizado, donde las tribunas se hallaban casi vacías. Era un espectáculo triste ser testigo de la mediocridad y falta de seriedad que representaba el torneo de balompie. A pesar de este patético panorama y presenciar las mil y un eliminatorias en que la selección nacional jamás podía clasificar a un mundial ni siquiera de fulbito de mesa o que alguno de los clubes que tenía el esperpéntico fútbol peruano podía ganar la copa libertadores...seguía siendo su sufrido hincha número uno. Además leía las columnas con pasión de Philip Butters acerca de lo pésimo que iba nuestra selección, la corrupción de la federación, cuán incompetentes eran los técnicos y la vida disoluta de los jugadores que solo les interesaba la parranda. Esas lecturas era una manera interesante de analizar la situación del país.

Le encantaba jugar “pichanguitas” con su amiga en la cancha del parque Arcoíris, era un medio campista más o menos bueno que metía unos golazos como “Foquita Farfán”. A veces organizaba fiestas en su hogar y veían los partidos en medio de unas “chelas heladas”. Su esposa Vanessa con quien tenía un hijo de cinco meses, trataba de no molestarse por la afición digamos excesiva que tenía su marido por el deporte rey. Saturaba las conversaciones con fútbol y cuando no hablaban de deportes Carlos se quedaba mustio o decía perogrulladas. Deseaba que le prestara más atención...pero comprendía el trabajo sacrificado que hacía por el bien de ella y el de su pequeño. Llegaba muy tarde por su trabajo arduo e inclusive tenía que viajar a provincias o al exterior, lo cual incrementaba su sentimiento de cierta ausencia por él. Pero el hombre ya volvería para darle un abrazo.

Los siete infortunadas víctimas que la muerte elegía para engrosar el día se aproximaban a su mortal encuentro que se daría en la intersección de Lincoln con Bolívar, dicha zona estaba conformada por la salida de un vetusto almacén donde salían y entraban enormes camiones del tamaño de brontosaurios de la época moderna. Una pequeñez haría que el desastre sacudiera la tranquilidad del barrio y conmocionaría a la prensa por unos días nuestra cabizbaja situación moral. Sus nombres posteriormente quedarían en las frías estadísticas de decesos que producen los accidentes de tránsito. Todos los planes que estos individuos alegremente cotejaban en sus mentes se iban a ir al carajo.

Gleber, estaba sentado en el asiento del copiloto o apodada siniestramente “la cabina del bombardero” ya que en la II guerra mundial era un sitio vulnerable a los ataques del fuego enemigo, debido a que estaba hecha de cristal. Pero el no era consciente del riesgo y absorto en su celular revisando nerviosamente los mensajes que puede estar enviándole Kerly. La puntualidad no era uno de sus virtudes pero por “su amada Dulcinea” era capaz de madrugar. También lo ponía tenso las paradas que daba el carro por más breves que fueran...daba la impresión de que era perseguida por el gobierno o la mafia.

Trataba de ocultar su nerviosismo tocándose las rodillas que le temblaban. El chico le tenía un extraño temor por esa “niña mujer” que lo regañaba al igual que su madre por pequeñeces: llegar tarde a un compromiso, faltar de manera imprevista a una reunión pactada por facebook o no tener el suficiente dinero para divertirse como si ello fuera penado con la cárcel. Este último aspecto recordaba una obra teatral de Berthold Brecht llamada “Mahagonny “ que era una metáfora moral, financiera y social del muchacho. Esa dependencia emocional era el combustible de su pintoresca relación. Su extraña novia era el mal menor frente a su madre que fungía de tirana. Pero un destino peor que alguna humillación que le haría Kerly por alguna de sus equivocaciones...quedaría empequeñecido por el llamado de la muerte.

El nerd, estaba dentro de la sala de su casa por la Calle Luís Galvan. Ya caía la noche, cuando revisaba con cierto detallismo como iba a ser la celebración de su onomástico. Tenía el aspecto del protagonista “raro” de la película “Super Cool” que mostraba con sarcasmo y realismo la decadencia moral de la juventud yanqui. Vestía un chaleco que lo hacía parecer al personaje de Aladino y llevaba unos anteojos grandes. Aunque el anfitrión deseaba que vinieran más sus compañeros de promoción con quienes había pasado ratos memorables en la secundaria. Él no los veía con mucha frecuencia y este era el momento para reforzar esos grandes lazos de amistad.

Se mostraba tenso al estar atento por el sonido del timbre, lo esperaba con cierta angustia y alegría para recibir con cierta teatralidad a sus primeros invitados. Ensayaba las frases de bienvenida que iba a dar viendo si debía usar un tono grave o falsete. Hilares deseaba ver a Tatiana, por su gusto por la geografía especialmente de Europa Oriental. Le fascinaba todo lo referente a la cultura rusa, especialmente su atribulada historia y su maravillosa música representada en Piotr Ilich Chaikovsk un afamado compositor gay que hizo grandes obras musicales que tanto a Guillermo como a Tatiana les fascinaba oír “El lago de los cisnes”, “El cascanueces” y “Obertura 1812”. Aunque este último trabajo musical para la chica no era de su conocimiento musical. Ella englobaba la larga lista de amores platónicos que a lo largo de su vida iba acumulando. Siempre decía “si la responsabilidad/ lectura fuere una mujer me casaría con ella”. Eso mostraba que prefería las relaciones idealizadas que las reales para no tener una vida llena de sufrimiento sentimental.

Mientras que el chico esperaba a sus invitados, un camión que salía del almacén como los monstruos que salen de las entrañas del Averno. Su tamaño era de temer entre los automovilistas, debido a que tenía que redoblar esfuerzos para hacer un simple movimiento. Esto dificultaba el tránsito por unos cinco minutos que se hacían interminables. Su colores eran el rojo como la sangre y blanco como la dulzura  El vehículo iba a voltear para dirigirse a la Universitaria...cuando ocurrió el plan macabro de la muerte.

Un tico amarillo se cruzó con el “mamut rodante” y para evitar atropellar a este “ratón de cuatro ruedas” se estrelló contra el suelo al carecer con la maniobrabilidad que tanto esfuerzo le tocaba hacer. Ahora se desencadenaba el brutal caos en la Bolívar. El volquete que tenía los contenidos llenos de productos industriales destrozó los árboles y se estrelló con el auto Daewoo, que intentó frenar pero era demasiado tarde y se empotró brutalmente. Convirtiendo el vehículo último modelo en mera chatarra inservible en unos pocos minutos, se convirtió en una aplanadora brutal.

Entre tanto el micro bus que llevaba al infortunado adolescente tampoco tuvo mejor suerte. Gleber al verlo aproximarse violentamente por instinto se tapó los ojos como si ello por su solo fuera suficiente para detener la avalancha metálica que se avecinaba. Se oían gritos espantosos por parte de los pasajeros...asimismo el cobrador vestido con un uniforme esperpéntico trataba de salvar su vida tirándose al pavimento.

Carlos veía absorto el choque del titan de acero, se quedó pasmado ante la violencia que veía. Parecía que ello lo dejaba hipnotizado hasta sintió que los vidrios rotos que salían del custer silenciado le afeitaban la garganta. Empezó a tocarse suavemente contemplando con horror la sangre que fluía a borbotones por su cuello como si el hombre invisible lo hubiese acuchillado o algo por el estilo. No podía gritar ante tanto horror que experimentaba su cuerpo...se sentía aprisionado por tanto líquido rojo que lo hizo caer por el pavimento. Su mochila gris también estaba manchada de sangre al igual que la cera. El pobre hombre murió irónicamente en la calzada donde se hallaba la fábrica de su alma máter “El Comercio” sin mucho dolor ni sufrimiento.

La madre de Gleber, veía “Al fondo hay sitio” su programa favorito. A pesar de la mediocridad y simplismo de la serie lo consideraba una cuestión sacrosanto tan igual como ser devota “al Señor de Muruhuay” o “la Virgen del Carmen”. No le importaba las despiadadas críticas de su hijo que lo consideraba estúpido o hacerla sentir con sus palabras hirientes tildándola de idiota infantil. Su vástago prefería en cambio ver series policiales como las temporadas de la “Gran Sangre”, donde su personaje favorito era “Mandril”, además también le gustaba ver programas de cable como “Futurama”, “Los Simpson” y “Jersey Shore” este último le hacía explotar su libido por ver esa deliciosa carne ítalo-americana. Para Graciela esa “bazofia infantil” la hacia un ser feliz que que le distraía por una hora y media de su miserable vida personal que llevaba. Las desventuras, patinadas, alegrías y sufrimientos, patinadas y amores de los personajes de los personajes los asimilaban como si fueran suyos. Lo absurdo de ello era la felicidad ante la soledad espiritual que vivía.


Pero justo cuando iba a ver como se desenvolvía el capítulo, fue interrumpida por una noticia que salía del telediario que sacudiría su mediocre universo al anunciar que ocurrió un aparatoso accidente en la avenida Bolívar. Contemplaba con horror esa imágenes tan violentas que habían sido extraídas de algún lugar de Bagdad o Kabul afectado por las bombas. Sus manos apretaban fuertemente el sillón, era como si esa barbarie que emitía la caja boba lo viviera en HD. Ya estaba acostumbrada a este tipo de informaciones que mostraban asesinatos,violencia y paranoia apocalíptica. En medio de este espectáculo que celebraban la muerte con unas maravillosas cifras de rating pudo atinar un grito “Gleber”. Corrió para ponerse su abrigo...su instinto maternal le decía que se encontraba allí.

No imaginaba la suerte que había corrido su prole, no se preguntaba aún si estaba ileso, herido o en el peor de los casos...muerto. Solo corría como una endemoniada al sitio que parecía que hubiera sido devastado por un misil drone. Daba la impresión de que la sangre iba a reventáserle en los pies.al detenerse dio un respiro, se agachó y se cogió las rodillas para tomar descanso, daba la sensación que corría mil y un maratones olímpicos. Respiraba con mucho dolor por todo el esfuerzo que hizo. Vio el turbulento panorama donde afloraba una gran multitud de sonidos, personas y vehículos.Todo era confuso e irreal como si fuera tele transportada por la TV a su siniestra realidad.

En la pista se podía ver los cuerpos ensangrentados de algunas personas que los bomberos sacaban dentro fierros retorcidos de los autos que se hicieron añicos. Alguno de ellos les faltaban sus extremidades y otros no tenían zapatos. Estaban cubiertos de manera improvisada con diarios que apenas ocultaban cuán espantosas fueron sus muertes. Era como “tapar a un elefante con un pañuelo”. Graciela vio un detalle conocido: una zapatilla blanca con rayas rojas tal vez de marca Addidas que le eran muy familiares. Gleber las usaba con mucha frecuencia ese tipo de calzado deportivo. Se tapó la boca con horror por imaginar que podía ser su muchacho pero también pensaba que podía ser otro infortunado adolescente que usaba ese modelo.

Pero el sentimiento de incertidumbre le carcomía el alma. Era momento de saber la espantosa verdad de como fue la suerte de su hijo que representó el amor y el odio al mismo tiempo. Se acercó de manera lenta pero segura y le preguntó al hombre de rojo que descansaba luego de una agotadora faena.

-creo que se es mi hijo- con ademán infantil señalándole ese frágil cuerpecito tendido

-¿ como lo sabe señora? -Mirándole con brusquedad

  • es por una zapatilla que tiene- señalando su pierna izquierda

  • ¿ segura que quiere verlo porque el accidente lo ha despedazado?- respondiéndole con una pregunta angustiosa

  • si salga lo que salga- dando un fuerte respiro y sosteniendo su puño fuertemente

Al sacarle los periódicos que lo cubrían se observaba una escena horrible sacado del alguna película de horror como “Saw 5” o que hubiera sido descuartizado por Jayson con su moto sierra eléctrica. El cuerpo del joven era un desastre asqueroso: perdió su pierna derecha en su totalidad, sus intestinos estaban salidos, su ropa manchada de sangre en su totalidad, su garganta le había rebanado Sweeney Todd, el barbero diabólico y su cara mostraba una expresión de horror ante el destino final.

Al contemplar el cuerpo destrozado de Gleber, parecía que lo hubiera destrozado una bomba y no producto de un accidente. Cayó de rodillas con violencia y quiso llorar por tamaña pérdida pero no podía hacerlo. Sentía miedo e impotencia de no hacerlo...tal vez era por el shock inicial de ver tanta brutalidad, ruido y cosas que no comprendía como la presencia de los periodistas. También sintió que su cuerpo se transformaba en una estatua de sal, como la mujer de Lot al mirar por última vez como era destruida la pecaminosa ciudad de Gomorra. Parecía que le era imposible moverse de su sitio.

Un fotógrafo ,que vestía de manera informal, pasaba por el lugar del siniestro observó lo escena con cierto cuidado. Con sus manos empezó a cuadrar la escena como si fuera la estética de Man Ray. Sin tanta prisa le tomó la foto unas cuatro y cinco veces a la pobre señora que no se daba cuenta de que la imagen de su dolor contenido sería la portada de los diarios más importantes y vendería millones. Parecía que las imágenes tomadas tanto por los paparazzis o los corresponsales de guerra eran eclipsadas por la foto de esta mujer rechoncha, cuyo único mérito era estar en el momento indicado de la noticia.

En la casa de Hilares, se podía escuchar las sirenas de las ambulancias. El joven no se preocupó demasiado al principio ni le tomó mucha importancia. Justo en ese momento conversaba alegremente con uno de sus invitados que era un compañero de aspecto regordete que pertenecía a su antigua promoción de colegio. Compartían las anécdotas que protagonizaron en la escuela, como les iba en sus carreras universitarias y esbozaban planes a futuro. La charla era amena y lo atizaba el vino más los pisco sours. No se preocupaba aún por la llegada de sus demás invitados, ya que tenían la costumbre de llegar un poco tarde a la hora establecida. El nerd parecía que había nacido en el país equivocado, ya que exhibía un cierto comportamiento alienado tirando por lo inglés. Tenía esa manía flemática por el orden, el sentido común y la puntualidad.

Deseaba hablar más que nunca con Tatiana, coquetearla un rato y versar más sobre Rusia (la gloriosa patria de los AKM 47). pero no se hallaba desesperado, deseaba conservar la calma...pero su tranquilidad se vio interrumpida cuando llegó su tía con un aire perturbador. Parecía que había visto con horror a Mister Hyde o a Bin Laden cuando empezó a contar de manera tremebunda que ocurrió un grave accidente en la avenida Bolívar y por eso era la razón de su demora. También dijo que vio por la ventana de su coche cuerpos cubiertos con diarios...además de observar una señora al lado de un cadáver que parecía ser algún conocido, manteniéndose en una posición estática. La tensión afloraba en el rostro de Guillermo cuando su pariente narraba el espeluznante relato, las manos agarraban fuertemente el sofá donde se hallaba sentado. No quería pensar que los chicos que se dirigían a su casa hubieran sido arrastrados por el infortunio.

Se tranquilizaba que todavía aún no llegaban a la zona y por este incidente desafortunado los hacía demorar su trayecto a su casa, así que no se preocupó. En su cabeza no concebía que sus colegas estuvieran entre las víctimas del luctuoso suceso. Con el devenir de las horas, llegaron más gente entre parientes y amigos pero de la gente que esperaba ni rastro...algo sucedía pero todavía no lo sospechaba.

Vanessa se preparaba para ver su telenovela favorita “ Al fondo hay sitio”. Organizaba la cena también como si fuera un ritual ancestral. Ya pudo dormir al bebe y acababa de darse un baño placentero. Se peinaba con parsimonia su lacio cabello castaño, era uno de sus hobbies predilectos aparte de ver esa serie de televisión. A su esposo no le vacilaba mucho el programa y se burlaba de ella por ello, pero no era para un tema de una discusión. A veces Carlos por complacerla lo veía junto a su querida esposa. Incluso veían “ Los Simpson” para cagarse de risa con las idioteces de Homero. A veces sin querer veía la metáfora de su propia relación: porque su amor a veces se comportaba como ese obeso americano cuasi alcohólico que solo le interesaba dormir, comer y dormir. Se identificaba con Marge. La sufrida y diligente ama de casa que siempre pone orden.

Mientras meditaba acerca de la TV...escuchaba un ruido horrible , espantoso, brutal violento, inmisericorde y cruel. Era como si esa cacofonía hubiera invadido su dulce hogar, la chica gritaba aterrada por ese monstruo que iba a devorarla. Se tapó los oídos con fuerza y suplicaba silenciosamente que no despertara a su bebe. Pasada esa conmoción, se quedó inmóvil  daba la sensación de que estuviera afectada por un shock fulminante. Poco a poco empezó a recuperar sus sentidos que la explosión cacofónica le fueron privados. Volvió a respirar con más tranquilidad, disminuyendo la tensión.


Una fuerza misteriosa le conducía a la ventana para contemplar la realidad. Era un grotesco espectáculo de luces rojas intermitentes, bocinas y un enjambre de personas que parecían simples hormigas. Era contemplar la destrucción de Pompeya viéndolo desde una cómoda villa. Como deseaba en estos momentos tener binoculares para poder observar el desolador panorama. No quería imaginarse a Carlos fungiendo como periodista para trasmitir este horrible suceso que sería explotado de manera mediática. Ya que se encontraría con sus colegas y tendría la obligación de ayudarlos. Era otra noche donde se él se hallaba otra vez ausente, detestaba que se postergara otra vez por el maldito trabajo. Tenía la virtud de no tener celos enfermizos, ya que la “chamba” de su marido era sacrificada y no podía ser una mal pensada, debido a la presencia de compañeras en el gremio.

Luego se dio cuenta que existía su bebe, tras ese trance que lo hizo olvidarlo por ver lo que ocurría afuera. Al entrar en la habitación, vio como esa criatura hermosa dormía plácidamente mientras el mundo era sacudido por la tormenta. Se sintió regocijada y se acercó lentamente a la cuna. Deseaba acariciar a ese cuerpo rechoncho y rosado que la hacía feliz. Era un alivio maravilloso que su hijo no fuera afectado por tremenda bulla y por ello Vanessa volvió a cerrar la puerta con lentitud para no perturbar el sueño angelical de su niño. Por unos segundos ella carecía de preocupaciones ni pensaba que el horror de la muerte le tocaría en carne propia.

De repente empezó a oír otro sonido perturbador como el anterior. Era el ruido más detestable de todos: se trataba de nada más ni nada menos que el jodido teléfono. Desde que era una adolescente, que vivía en un departamento en Lince con su hermana, madre y abuela, lo odiaba como quien aborrece a la tediosa profesora de Biología o los testigos de Jehova con su estrafalaria doctrina. El siniestro aparato la hacía sentir un ser solitario donde no tenía voz ni voto. Se comportaba un modo arbitrario que la convertía en una esclava de la pesada de su mama. Tenía unas ganas enormes de asesinarlo como si fuera Ceucescu. Siempre le había aguado momentos felices: Cuando le interrumpía al escuchar a Cindy Lauper en la radio o veía su capítulo de serie favorito como “ALF”.

Pero a medida que crecía la tecnología cuando aparecieron los celulares. Aquella evolución tecnológica la hizo un ser independiente y feliz. Pero cuando se mudó y casó con Carlos a un departamento hacía unos cuantos años tuvo que verse obligada a poner un trasto similar, pero su odio hacía él evolucionó de una forma más amable. Esto se hallaba menguado debido a que le hallaba una cierta utilidad...pero prefería hablar cara a cara con sus conocidos que usar ese “artilugio” que hace balbucear o decir tonterías. Pero esa noche “la creación de Graham Bell” decidió atormentarla con una noticia infausta. La mujer corrió hacía el aparato y contestó de manera apurada como si quisiera desembaarze de un asunto embarazoso.

  • ¿ hola ¿ que ha pasado?- tratando de ocultar su temor

  • ¿ este es el número de la casa de Carlos Villaroel?- contestó una voz chillona

  • ¿ como sabe que es su número?- Con un tono grave

  • bueno hemos encontrado su celular y documento en su chaqueta y queríamos confirmar su identidad. Los bomberos lo han encontrado en la esquina de Bolívar con Lincoln- lo decía con aprensión.

Vanessa se puso nerviosa al oír esa última frase por parte de su interlocutor. Contenía la respiración.

  • ¿ señor usted quien es?- con un tono sombrío

  • soy bombero ¿ supongo que es su esposa ?- al responder con un tono más acelerado al confirmar la identidad del hombre que estaba tirado en la calle que mencionaba.

  • ¿ como sabe que soy su esposa?- preguntó imperiosa la mujer

  • Por las fotos que hemos encontrado en la billetera donde está al lado de una mujer que podría tratarse de usted- lo hablaba de manera calmada en contraste Vanessa estaba destrozada por los nervios.

  • Usted lo ha dicho y vivo al frente- su voz era cada vez más temblorosa

La verdad y la rapidez que supo del destino, le impedían tener emociones. Agarró su abrigo y tomó las llaves. Bajó corriendo del departamento como una gacela perseguida por un hambriento guepardo. Al salir a la calle, se topó con una multitud entre periodistas que tomaban fotos de manera morbosa, preocupados vecinos, nerviosos para médicos y extenuados bomberos. Contemplaba la brutal escena que hacía recordar a los crueles atentados que suceden en Bagdad y que veía a veces por el telediario. Un esplendoroso carro hecho añicos, cadáveres cubiertos con periódicos y el ruido de las ambulancias eran los elementos que adornaban el macabro paisaje. Se abrió paso entre empujones e insultos para llegar al lugar.

Tras un esfuerzo por llegar a la zona indicada por el bombero, que le parecía una gran eternidad. Al verlo encontró a un joven, parecía recién salido de la pubertad. Su juventud le impresionó al asumir temprano temprano esos desafíos que ponía en riesgo su vida. Vanessa miraba con atención al jovencito y al cuerpo tendido de su esposo, cuya cara era cubierta por un periódico. Él comenzó a preguntarle de manera pausada a la mujer, su mirada brillaba al verla.

  • ¿ es la esposa del señor?- mientras miraba la foto de la billetera

  • con ella está ¿ que le ha pasado?- Indicando con su dedo

  • Señora con mucho pesar le digo que ha muerto- lo decía mientras le entregaba sus documentos.

La presencia del efebo la dejaba distraída de su verdadero objetivo: Saber si su marido estaba muerto o vivo. Los dos se miraron como fuera una situación extraordinaria, tal vez era por el atractivo del muchacho cara de niño que destacaba del caótico ambiente en que ambos se hallaban. El breve e incómodo silencio terminó con una pregunta de Vanessa al hombre de rojo.

  • ¿ porque lo dice como si fuera algo normal- indicándole sombriamente con su dedo

  • es parte del trabajo, No crea que soy novato en esta chamba y ya no hay tiempo para las emociones ”- decía con una normalidad que podía exasperar a los simples mortales tildándolo de frío e inhumano.

Pero ella sentía una fascinación temprana por la muerte, simbolizada en sus palabras. Pronto el joven oyó las órdenes de su jefe y se marchó sin despedirse. Lo veía alejarse la multitud, verlo correr le dejó perturbada por la presencia de ese “Apolo rojo”, hipnotizada por su juventud. Tal vez hubiera preguntado por su nombre para recordar esa sensación de pureza que no sentía desde hacía siglos.

Se arrodilló frente al cuerpo. Parecía “La Magdalena” que contemplaba como bajaban a la tierra el cuerpo crucificado de su amado Cristo. Su esposo parecía que se había desmayado por la conmoción y no muerto como decía el bombero. Veía su rostro cubierto por el periódico y la incertidumbre la acompañaba en se crucial momento. Tenía dudas si quitarle el papel o dejarlo como estaba, pero como quisiendo sincerarse con un amigo con una verdad incómoda que traería lastre. Se animó a sacársela de manera lenta como si quitara la venda a una momia egipcia.

Al ver su rostro, su corazón palpitaba de manera furiosa. Carlos Villaroel: el hombre que amaba con sus defectos y virtudes, el fanático periodista de deportes que seguía con fe el decrépito torneo descentralizado y amante del ejercicio físico. Lamentablemente ya no se encontraba entre los vivos. Murió por un corte en la garganta, como si fuera asesinado por un barbero resentido. La escena sangrienta le hizo retroceder de cunclillas...mientras las cámaras tomaban instantáneas de la escena.

Vanessa se sintió rodeada por esos “buitres” que deseaban convertir la noticia de un brutal accidente en un espectáculo circenses. Se transformó en una fiera brutal que empezó a insultar a la prensa y tapar con su cuerpo el cadáver de Carlos. Lloraba de rabia de como esos fariseos se burlaban del sufrimiento de perder al hombre de su vida en aquel Gólgota de cemento. Su ira la dejó fuera de si, esto hizo que algunos policías y para médicos la separasen de sus contrincantes. Estos últimos sin esperar al fiscal pusieron el cuerpo en una ambulancia...Vanessa aprovechando el tumulto se fue con ellos.

La mañana siguiente, Guillermo se levantó un poco más temprano de lo usual. Para él era un calvario levantarse de lunes a viernes e incluso sábados mientras gozaba del sueño, sobretodo si las mañanas eran invernales  lo cual constituía una prueba titánica. Quería dirigirse al puesto de diario para comprar el diario, le gustaba informarse con ese medio ya que podía gozar de su “hobbie” favorito: la lectura. Además veía poca televisión que consideraba su trasmisión superficial.

Era un chico que tomaba muy a pecho la carrera, a diferencia de sus compañeros, cuya meta era obtener una chamba y se acabó el cuento. Él era un “plus ultra”, veía más allá de lo evidente. Soñaba con ser “El Kapucinsky peruano” que revolucionaría el mundo de hacer periodismo. También seguía los pasos de su héroe de historietas belga “Tintin”, que lo consideraba un modelo a seguir. Parecía que lo hacía guiado por una pasión quijotesca, tratando de emular a sus héroes de ficción como los protagonistas de las novelas de caballería que leía “El ingenioso Hidalgo”.

A veces le daba rabia, que sus amigos no comprendieran ese “amor”. Para él perdían su tiempo en tonterías. La búsqueda del saber era su cruzada santa, incomprensible para el promedio de las personas. Se sentía “un marciano” por esa devoción al conocimiento. Al llegar al lugar, contempló el paisaje desolador ocasionado por el accidente: los árboles rotos, el pavimento hecho trizas y las manchas de sangre que había en la pista. Guillermo se le heló la sangre al ver ese panorama sacado de un espeluznante cuadro de la batalla de Somme. Contuvo la respiración por unos minutos, era una manera adecuada de adaptarse al horror.

Después con cierta prisa se dirigió al quiosco de diarios y vio como las portadas de los periódicos celebraban la gran carnicería que se dio en la Bolívar. Todos decían “horror”, “muerte”y exageradamente “ masacre”. Lo relataban como si hubiera pasado una hecatombe nuclear. Pero lo dejo helado ver en la primera página de un medio sensacionalista. Las fotos de personas que conocía entre las víctimas de aquel choque. Parecía una pesadilla, algo irreal...lo que veían sus ojos. Aquellas personas que se dirigían a celebrar su natalicio, formaban parte desde ayer de la lista negra de víctimas de los accidentes viales en el Perú.

Sentía rabia e impotencia en su interior por pasarla bien mientras que sus colegas morían de manera atroz, justo en el lugar donde se hallaba parado. Como ni pudo imaginarse que pudieron haber sido afectados por el desastre. Tal vez no quiso pensar, por no malograrle el momento feliz que era celebrar su onomástico. O trató de minimizar el relato de su tía, para no generarle preocupaciones. Miraba con mucha atención la foto de Tatiana que pudo reconocer por su cabellera rubia. Tenía la impresión de que no murió por un accidente de coche...sino asesinada como su tocaya real por un monstruo metálico. El cisne negro cantaba su sinfonía final, representando una tragedia eslava. Entretanto se quedaba como petrificado, no podía retroceder ni avanzar. El dueño del puesto al ver su estado de pesadumbre, se animó a conversarle.

  • ¿ Joven que le pasa, lo veo con cara de preocupado?- rompiendo el mutismo

  • bueno tenía conocidos entre las víctimas de ese accidente- tratando de ocultar su miedo

  • ¿ de donde eran ellos?-mirándole fijamente

  • eran compañeros de la universidad, se dirigían a celebrar mi cumpleaños- dando un suspiro largo

  • pucha que "salado"  mi amigo- agarrándose el mentón

  • ¿ y como ha sentido el desastre? Le preguntaba como si hubiera ocurrido un sismo

  • recién me entero por la radio el suceso. Me asusté de veraz, pensé en el puestecito. Temí que se hubiera quedado hecho puré por el choque...felizmente se salvó de milagro. Pero me dejo sobrecogido la escena- le hablaba mientras le señalaba el lugar.

  • Tuvo suerte de no perder la herramienta de trabajo que le da el pan- le respondió con un formalismo victoriano

  • lo siento por sus amigos, a veces es terrible sentir en carne propia el sufrimiento- dando otro suspiro largo

  • sabe voy a comprar dos diarios- le respondió con resolución

  • allí sabrá con más detalles lo sucedido- sus ojos brillaban cuando decía la palabra bendita “comprar”

Guillermo regresaba a su casa de manera apresurada, revisaba los titulares con sumo cuidado. Veía las fotos brutales del accidente. Le llamó la atención la imagen de una señora arrodillada junto al cadáver que podría ser su hijo. Verlo, le rompió el alma, aquella mujer tenía que enterrar a su hijo y no al revés  Imposibilitada de ver como su retoño crecía, se convertía en un profesional, formaba una familia y la hacía abuela. Lo mismo debía sentir los familiares y amigos al despedirse prematuramente del mundo truncándose grandes sueños y proyectos en mente.


El chico volvió a su casa, como si fuera un chasqui que debe informarle al inca una infausta noticia. Caminaba con prisa, mientras hojeaba las páginas del diario para profundizar ese accidente que acabó con la vida de sus amigos. Revisaba otras otras secciones del diario como internacionales o la de espectáculos lo que más le gustaba leer, con rapidez dado la impresión de que habían pasado a un segundo plano por la magnitud del suceso, comparable sin caer en la exageración con el 11 S. Además iba de manera distraída  con el riesgo de chocarse con alguien o tropezarse. Parecía que la fuerza de la hecatombe automovilístico lo transportaba una dimensión onírica. Su piel se le erizaban y su espalda corría el sudor por experimentar tanta brutalidad.

Al llegar a su casa, corrió rápidamente al tercer piso, trotaba en las escaleras. Cuando se encontró con su madre que tomaba tranquilamente su desayuno, su progenitora aún se encontraba vestida en piyama y miraba la expresión agitada del rostro de su hijo.

  • ¿ hijo que pasa? ¿ estás pálido?- tratando de calmarlo

  • ha pasado un terrible accidente en la Bolívar y hay algo peor?- mostrándole el diario

  • no me digas...tratando de preguntar

  • Han muerto mis amigos en ese choque- interrumpiéndola

  • ¿ los que iban a la fiesta? Preguntándole con sorpresa

  • lamentablemente si. Sus nombres aparecieron el diario- se sentó en el sillón

  • ¿ que piensas hacer?- parándose de su silla

  • veré en el face, que dice la gente y trataremos de ver como solucionar este desmadre- con la cabeza gacha

Guillermo se fue a su cuarto y prendió su laptop. Luego de una espera que le pareció una eternidad tener listo el equipo. Entró a las redes sociales y vio en su muro cientos de mensajes que hablaban de la terrible tragedia. Bueno entre sus contactos si sabían lo sucedido o habían organizado para la terrible ocasión. Encontró varios comentarios y mensajes que se solidarizaban con las víctimas del siniestro, también encontró muchos pésames. Pero el cuadro que le llamó la atención fue la de Tatiana. Su foto en blanco y negro lo tenía fascinado, era la imagen bella de un cisne que ha tenido un canto maravilloso antes de morir.

Mandó un comentario lleno de poesía y leyó los demás: Algunos tenían una originalidad que sorprendían a propios y extraños. Luego empezó a chatear con algunos colegas para saber sobre el suceso y ver que harían después. Supo que la velarían en la iglesia ortodoxa que quedaba en la Marina. Guillermo recordó esa vez que hablaron: le mencionó de manera simple la intrincada Fe ortodoxa a la que era creyente. Por poco lo convierte a esa rama de la cristiandad. Le fascinaba también de la religión ortodoxa eran las extrañas túnicas de los monjes, sus profusas barbas, las controversiales historias de los santos y algunas fiestas que no están en nuestro calendario oficial. También la consideraba más bacán que la fe católica que profesaban sus padres y abuelos, por su peculiaridad doctrinaria. “ A Tatiana la deberían canonizar porque encarnaba a la bondad” pensaba en sus adentro Hilares. Sonaba exagerado pero representaba el idilio platónico que sentía por ella.

Kerly supo de la muerte de Gleber, debido a los comentarios que recibió en su blackberry. Pero en la noche que falleció su amado, estaba furiosa como el “Krakatoa” porque no le contestaba las llamadas que justificaran su enésima tardanza. Pero a ella no le gustaba ir a un sitio y no gastar su dinero, así que tomó una decisión insólita: fue a ver una película sola. Antes era una obligación casi sagrada ir al cine acompañada ya sea de sus enamorados que iba coleccionando por del tiempo y sus amistades de toda la vida. Antes para ella no tenía gracia ir a gozar del séptimo arte sola, era como cantar a un concierto sin público. Pero esa noche, de repente el bichito del cambio se poseyó en la joven.

Olvidando la amargura que le produjo Gleber, hizo su cola, pagó su entrada y entró a sala donde se exhibía no una película de esas taquilleras repetidas...sino ver por primera vez cine francés. El filme se llamaba “Amigos”. Además no perdió el tiempo de comprar pop corn, prácticamente iba a ver cine. La simple historia de la relación dispareja entre un cultísimo millonario cuadrapléjico y su achorado ayudante de origen senegalés, la maravilló de principio a fin. Le fascinaba conocer Francia de una manera sencilla lo mejor y lo peor: desde los barrios deprimidos donde viven los inmigrantes africanos y árabes hasta los bucólicos alpes franceses.

Se había olvidado de Gleber, sin necesidad de un drama tipo telenovela, simplemente viendo una película. Llegó a la conclusión de que su relación estaba por finiquitar y daba por echo que lo aceptaría. Gleber era un chico de carácter débil y con poco interés en mantener su compromiso especialmente con las chicas. Por eso era una de las razones plausibles de que romper su noviazgo no sería tan traumático como se ve en las novelas rosas de Corín Tellado. Lo meditaba de manera alegre mientras gozaba de la película. Al terminar el filme, revisó su celular si tenía alguna llamada perdida de su novio que iba a convertirse parte de su historia amorosa. Pero ningún rastro de él y no mostró preocupación por su destino. Se fue contenta a casa, sin saber la verdad que afloraba en los próximos días.

Vanessa se sentó agotada en la silla de la sala en la sala donde se velaba el cuerpo de su esposo. El lugar se hallaba en la casa de su suegra. Tuvo una actividad frenética por organizar el funeral de Carlos, recibió mucha ayuda de todos lados para sortear este desastre. Sus colegas periodistas también aportaron con algo para su camarada caído. No se imaginaba ser viuda muy joven, en tiempos en que abundan divorciadas y relaciones pasajeras: ella era un bicho raro en el mundo sentimental de la modernidad.

Le hacía recordar mucho a su abuela materna que enviudó muy temprano y tuvo que criar a sus cuatro hijos. Asumir esa responsabilidad, le daba ánimos de seguir su ejemplo. La ventaja era que solo criaba a un niño y no sería tan difícil. Le hablaría cuando creciera de que su padre era un hombre de bien que velaba por los demás. No buscaba conversar, su agotamiento le impedía, tantos trámites allí y por allá la habían exprimido el alma. Observaba a la gente conversando en el salón y las coronas fúnebres que rodeaban el féretro.

Revisaba en su mente, los pasajes de la vida que pasaron en su corto, intenso y feliz matrimonio. Renmemoraba los recuerdos que tuvieron desde que se conocieron en aquella fiesta en que su primo, editor de la sección economía del Comercio, la presentó, su gran mudanza que hicieron a “su nido de amor” y la alegría que tuvo Carlos cuando se enteró que iba a ser padre. Una lágrima se le escurrió de sus ojos, mientras pensaba que esa felicidad ya no regresaría a su vida.

Dentro de una hora sería el funeral que se realizaría en la iglesia. A pesar de que no era una creyente practicante, parecía que su fervor se incrementaba con la tragedia. Su vida ya no sería la misma desde ese momento pero no se quedaría con los brazos cruzados...trataría de superarlo como diera lugar. Mientras pensaba, el tiempo pasaba volando y sin darse cuenta el féretro era cargado por los amigos periodistas de su difunto esposo, demostrando que había dejado una huella inconmensurable en todos los que lo conocieron empezando con Vanessa.


La transformación de Kerly, se podía plasmar inclusive en los momentos más aciagos. Empezando con la ropa. Se caracterizaba por la sobriedad, al utilizar un traje negro que le quitaba esa sensualidad que fascinaba a propios y extraños y no usar sus característicos tacos. Tenía unas gafas de sol que cubrían toda su cara. Parecía que era la primera vez que usaba pantalones. No era porque tuviera un delirio arrogante por usarlos sino para tapar las lágrimas que las lágrimas destrozaron a su pobre rostro no solo por el hecho de perderle, sino por no hablarle de un mensaje importante. Recordaba una escena de la novela “El retrato de Dorian Gray” , el protagonista insulta a Silvia Bane enamorada del “Príncipe Azul” , que hacía el papel de Julieta, por su pésima actuación. Cuando se da cuenta de su error quiere disculparse...cuando descubre que se ha matado. Así era la analogía que lo relacionaba con Gleber.


Kerly y la madre de Gleber, se abrazaron con pasión. Ella sintió con respeto solemne por por esta mujer que perdió todas sus esperanzas y sueños depositadas en su hijo que ya no estaría en este tierra. Con este gesto parecían que se habían conocido de toda la vida, cuando antes solo se intercambiaron saludos mientras vivía el adolescente. Después se dirigió al féretro a ver por última vez a su novio. Contempló el rostro de Gleber, parecía que no murió por un accidente...sino acribillado por el grupo Colina. El que arregló su estropeado cadáver para que estuviera presentable y lo hizo a la loca. Kerly se santiguó con prisa y se dirigió a sentarse en una silla blanca de plástico donde se agarró el mentón con las manos.

Se soltó el cabello y dejó que su pelo ondulado ocultara su tristeza. Con las lágrimas que brotaba de su rostro, no hacía ruido pero el silencio le carcomía el alma. Recordaba una escena del nuevo testamento en que una mujer, enjugó con su llanto los pies del salvador y este conmovido por dicho gesto dijo a sus asombrados seguidores que ella entendía sus palabras. Toda su frivolidad, su hobbie de coleccionar enamorados, su gusto sofisticado y sus sueño de escalar en la sociedad se hicieron añicos cuando sucedió la hecatombe que puso patas arriba al universo. Además su maquillaje estaba hecho trizas por la pena.

La experiencia que tuvo en la iglesia ortodoxa de color blanco, le dejó pasmado por la complejidad ritual de despedirse de este mundo cruel. A pesar de que hacía siglos dejó de creer en las supersticiones religiosas, esta vez el poder de la misma le dejó un impacto profundo en su carácter, tal vez era por su amor platónico por Tatiana al tener esa comunión espiritual. Los iconos y los trajes alucinantes de los popes le agregaban un mayor misticismo.

Vio a los padres de su cine negro miraban como el ataúd era puesto en la carroza fúnebre. Observaba a la madre los gestos de dolor que tenía en su rostro. Reflejaba la tragedia eslava de alguna ópera de Tchaikosky como “Eugenio Oneguin” o la trágica historia de Ana Karenina de Tostoil. La mujer parecía que iba a derrumbarse al igual que el imperio soviético. Su dolor lo expresaba en ruso, lo cual le conmovió más. Su esposo, un milimétrico militar que no debería mostrar algún signo de debilidad debido a su formación castrense, se arrodilló junto a su esposa a borbotones. Podía ser un indolente si mandaba al matadero del VRAEM a muchos jóvenes reclutas semi-analfabetos...pero perder a su “Matrioska” era lo peor de las derrotas que podía soportar este recio soldado del aire.

Guillermo tenía dudas si acercarse a ellos y decirles cuanto la estimaba. Las dudas lo carcomían un montón, detestaba hacerlo. Era demasiado orgulloso como para mostrar sus debilidades humanas ante el público. Sus piernas le temblaban un poco y ponía las manos en los bolsillos para ocultar aún más su nerviosismo. Siempre quiso mostrarse como un ser pragmático ante los demás, tampoco era una persona que pudiera sobreponerse a lo imprevisible, estaba acostumbrado a una rigidez prusiana que le causaba problemas de relación personal.

Guillermo suspiró brevemente y se acercó a ellos. Parecía que desfilaba cuando se acercaba a ellos. La pobre señora parecía que había dejado de llorar y esta se paraba. Era de contextura gruesa, cabello rubio podríamos decir natural, unos cachetes rojos y una pañoleta turquesa en su cabeza. El joven la saludó de manera exageradamente formal como lo hacía con las personas desconocidas . Lo miró con una expresión cansada.

  • buenos días señora, su hija y yo compartimos la música de Tchaikosky- sonriéndole

  • me sorprende que todavía haga jóvenes que les guste ese tipo de música, ¿ como se llama usted? - le preguntaba con su español masticado.

  • Guillermo Hilares- haciendo un ademán militar

  • lo tendré presente en mis oraciones- lo miraba con una sonrisa maravillada por lo que escuchaba

  • gracias señora- respondiéndole de manera circunspecta

  • señor parece que conoce a mi hija- intervino el marido de la rusa, su figura inspiraba algo de temor y marcialidad.

  • Bueno solo conversamos un par de veces, pero han marcado con profundidad esos grandes intercambios culturales que tenemos- le hablaba como un prestigioso diplomático

  • sus palabras nos han subido la moral en este momento tan terrible , sobretodo lo que ha conversado con mi mujer- abandonando su tono castrense en su hablar diario

La conversación terminó con una gran despedida mientras la pareja se retiraba hacia el auto que los llevaría al cementerio Campo Fe de Huachipa. En ese sitio había sido sepultado su abuelo hacía años. El chico los acompañaría al complejo fúnebre, junto a un grupo de dolientes que irían en un bus. Despedir a su amiga era terrible...porque no hablarían de muñecas matrioskas ni del “lago de los cisnes”. Un vacío espiritual se le generaba en el alma de Guillermo. Nada podría compensar su pérdida...La partida tan temprana de Tatiana. Miró al cielo gris limeño, con un cariz sombrío, mientras el vehículo se alejaba.

Sería redundante decir como fueron enterrados esas siete víctimas aplastadas porque ya no habría algo interesante que contar. Pero para concluir esta infausta historia de como la muerte sorprendió a estas personas en el momento que menos imaginaban además de las terribles consecuencias que dejaron en las personas que más querían en este mundo solo haré un breve colofón de esta comedia humana que Honoré de Balzac tanto hablaba. La conclusión es lo siguiente que la muerte siempre nos acecha en todo momento, al igual que un guepardo que acecha a una gacela. Desprevenida. Los que fallecieron tuvieron que pagar al barquero Caronte para emprender el viaje al más allá. Los demás todavía no era el momento pero ya llegaría...tarde o temprano.






martes, 10 de julio de 2012

El viudo sigue casado

 El despertador tronaba su terrible descarga fónica, como si fuera un corneta militar o un brutal terremoto que sacudían el sueño del “bello durmiente”. Wilhelm Arrechaga, era el pobre individuo que realizaba el tedioso ritual acto de levantarse temprano. Perdiendo el placer de gozar de sus sueños, miró el lado izquierdo vacío y dio un suspiro bien largo. Haciendo un esfuerzo titánico se zafó de su cómoda cama en medio de su desordenada habitación llena de ropa y papeles higiénicos.

Se las arreglaba para ponerse algo decente porque iba a ser un día duro en la oficina. Todavía la cortina cubría la ventana de su habitación y no amanecía en el feo cuarto más parecido a un burdel de carretera. Se desquitó de su querida pijama, se vistió con prisa. El era de complexión robusta, alto, trigueño y empezaba a quedarse calo a una temprana edad. A pesar de tener 36 años, se sentía un vejestorio. El desodorante corría por sus axilas y el perfume inauguraba su quehacer. Buscaba como loco sus zapatos, se peleaba con las tallas de sus pantalones ya que algunos no le daban. Rastreaba alguna camisa que no lo hiciera parecer “huachafo”. Al final la última prueba era hacerse el moño de la corbata.

Tras esa batalla con su traje se prepara para el otro combate, prepararse un buen desayuno que le permitiría aguantar. Entretanto prendía el televisor para ver la hora y no enterarse de las noticias que siempre decían “la misma huevada” que se repetía mil veces. Además de la música estresante de los noticieros y los comerciales. Como extrañaba a su difunta esposa que le preparaba el desayuno y lo despertaba como un niño que tenía que ir al colegio....esa nostalgia lo consumía.


¡La misma cojudez del Colca” no pueden hablar de otra cosa! Gritaba en voz alta cuando mencionaban los medios a esa ninfómana, mala madre y sospechosa de asesinar a ese pobre estudiante en aquella escapada cordillerana. Sin tiempo para rajar de tanto bodrio en la TV, puso sus cosas en su maletín, salió al garaje de su casa y trepó a su “nave”. Su compañero de mil y un aventuras viajaba en una galaxia llamada Lima.

Su nave de combate era un nissan plomo que prácticamente era un hermano para él. Hizo un giro a la derecha por la calle llendo a la AV Bolívar, que parecía un campo de golf lleno de agujeros. Le encantaba ir a su trabajo escuchando radio oasis u oxígeno, detestaba escuchar las noticias en la radio lo desesperaba. Él era profesor de marketing de la de Lima, justo era el día que les tocaba dar a sus queridos alumnos el examen parcial. Se encontraba de buen humor, no pensaba jalar a sus pupilos.

Siempre se mostró en sus clases como una persona jovial ante sus alumnos que se reían y disfrutaban de su manera de hacer sus clases. Le encantaba ironizar, era uno de los maestros más populares de la facultad. Aquello le agradaba mucho, su querida esposa Pilarcita QEPD, se sentía orgullosa de este profesor talentoso que dirigía su clase como si fuera una orquesta. La nave llegó a una zona de asteroides llamada el cruce de Arenales y Javier Prado. Detestaba el ruido de los claxons, que eran ecos inútiles contra el tránsito monstruoso. Le irritaba también la ineptitud de las policías de tránsito que eran un adorno más de esta triste ciudad.

Tras probar ese traga amargo, se dirigió a la universidad llegando unos quince minutos antes de los ocho. Estacionó su carro y saludó a los “guardianes del templo”. Era un termino mejor para quienes resguardaban este “santuario del saber”. Se registró y pasó donde iba a tomar exámenes. Al entrar al salón algunos de los alumnos lo saludaron jovialmente, otros lo miraban con desazón y temor. Se sentó en su silla, prendió la máquina para tomar asistencia. Miraba a los alumnos como si estuviera examinando su capacidad combativa. También observó como iban vestidas las chicas que destacaban, sobretodo al usar esas botas con tacón y unos jeans saca pompis.

En el primer semestre cuando el verano arreciaba con fuerza brutal. Muchas chicas mostraban un espectáculo maravilloso con sus shorcitos que exhibían sus piernas bien cuidadas. Deseaba en sus adentros de que aprobaban el examen que a su juicio era “bien papaya”. Ya era tiempo para tomar la prueba que hacía felices y aterraba a los alumnos al mismo tiempo. Pasó lista unas tres veces, porque ellos se distraían muchísimo. Luego pasó las pruebas a sus queridos pupilos, el examen empezó. La tensión afloraba en el aula, un sepulcral silencio se instaló como si fuera la promulgación de un decreto dictatorial.

Durante la medio hora que transcurría, el silencio se interrumpió por algunas preguntas consideradas impertinentes . Luego observando como un águila americana a un alumno con cara de nerd tratando de plagiarse...al principio lo toleró pero como lo hacía de manera tan reiterada decidió ponerse a actuar. El pobre chico ampayado hizo unos ruegos bastante teatrales que trataron de conmover al maestro...pero él permaneció inmutable y gélido. No tuvo ningún reparo en bajarle cuatro puntos en su prueba. después siguió descubriendo plagiadores que no hicieron escenas tan tragicómicas.

Tras terminar, se dirigió a otros salones donde repitió el mismo ritual. Wilhelm Arrechaga, tomó su nave y se fue rumbo al siguiente planeta. Era su segundo trabajo, donde era un sitio más agradable que la universidad, allí podía encontrarse con “Sasha” una chica guapísima recién egresada de la universidad. Trabajaba como “uña y mugre” en el equipo de de marketing de la empresa de seguros “La Positiva . Admiraba su creatividad, versatilidad a la hora de de tomar importantes decisiones de su novia.

La chica pequeña, de cabellos lacios, castaño oscuro, de piel oliva y rellenita. Le encantaba verla cuando usaba unas botitas que le exaltaban su enorme culo como Eva Longoria, la protagonista de una serie americana “Desperate Housewives” que era su favorita. Se destacaba también por hablar por los codos desde la gastronomía hasta del flaquísimo presidente Obama que daba la impresión de ser su fan número uno. Aquella cualidad le agradaban a Wilhelm, ya que su esposa difunta era algo reservada y no tenía aires de grandeza como su chica. Verla, hacía que su ánimo mejorara. Tras renegar de los plagiadores que descubrió y el terrible tráfico que soportaba a diario, axfixiandole con su humo, destrozando sus tímpanos el ruido infernal. Adoraba su sonrisa, Pilarcita, así era el nombre de su fallecida mujer, era algo fría y distante pero con ella todo era calidez.

  • osito que bueno verte- recibiéndole con una sonrisa exagerada 

  • ¿recuerdas nuestra cita el viernes? -Tratando de hacerse el listo

  • como no voy a olvidarlo- dándole un abrazo

  • para eso si recuerdas- con tono sarcástico tratando de ocultar su incomodidad

  • todo por fastidiar- poniéndose risueña y dándole un beso, hacía zancadillas para alcanzarlo.

Con ello, podía realizar su maravillosa rutina. Era como un juego de niños, sobretodo cuando hablaban de los comerciales que iban a impactar al pública. Tras tres días de espera e intenso trabajo , por fin ya era hora de divertirse con “Sasha”. Su cónyuge fallecida tras un accidente de tránsito que pudo ser fácilmente evitado. Era un recuerdo cada vez más lejano.el tiempo de duelo no duró mucho tiempo ni fue tan afectado por su pérdida. No se sentía mal cuando se acostaba con su nuevo amor. Mejor que un divorcio...la viudez le caía como anillo al dedo. La chica era una bocanada de aire de francés  que le llenaba su vida de intensidad. Tenía las virtudes que carecía su finada señora.

El día sábado, justo en el mediodía, iba a ser la reunión tantas veces postergada para ratificar su intensa relación. Wilhelm Arrechaga se miraba en el espejo como Narciso, se peinaba sin sentido en su cada vez escasa cabellera. Se agarraba el montón, decía unas frases impactantes cuando ensayaba como si fuera a ir al casting de “American Idol”. La boca se hacía agua, imaginaba el traje provocador que llevaría “Sasha”. A pesar de no ser un millonario, podía darse algunos desquites contra las limitaciones.

Por ese momento, ni pensaba casarse con ella por el momento. Si lo hacía, su relación tan bonita se perdería su aire mágico lo mismo pasó con su anterior matrimonio. Era como decirle a los niños la verdad, de que el conejo de Pascua no existe o que ellos vinieron al mundo mediante un acto de apareamiento, considerado por la mente infantil como asquerosa y vulgar. Era era la metáfora que describía su situación sentimental. Salió de su casa,vestido con un traje más o menos casual. Detestaba usar corbatas nunca fue bueno para eso...a pesar de que veía en youtube como hacerse el bendito nudo “le salía el tiro por la corbata”.

Eran las cuatro de la tarde, iba a ver a su “Dulcinea”. La recogería en su casa de Jesús María, cerca de San Felipe. Alguna vez la pareja hacía y deshacía planes para vivir juntos por allí y hacer “su nidito de amor”. Llegar no le tomó mucho tiempo, encontró a “Sasha” esperándole en la puerta de la clínica San Felipe, justo en ese lugar acordaron reunirse. Le impresiona como vestía, llevaba puesto un apretado vestido plomo con rayas negra, ver expuestas sus grandes piernas esculturales y llevar esos tacos rojos; hacían resaltar su figura. Con caballerosidad le abrió la puerta de su nave. Su piel se erizaba sentándose en el asiento del copiloto y mostrar su belleza bien trabajada. El sudor le corría en la espalda.

  • te has arreglado como para ir a la entrega del oscar- mirándola libidinosamente sus grandes senos que resaltaban

  • tú siempre con tus exageraciones amor- poniéndose sarcástico como siempre


La nave hizo un viaje interestatal hasta plaza San Miguel, meca del consumismo peruano. La sorpresa era llevarla a cenar al Chilis, un restaurante de la picante y subliminal comida mexicana. Hacía siglos que no iba desde que era un joven que se iniciaba en el sexo. En esa época fue por el cumpleaños de su madre. Wilhelm miró a la chica con dulzura, mientras la tarde moría una vez más. Dejó la carta lleno de platos picantes, aquello era como revisar el catálogo del kamasutra con que comenzaría la la degustación amatoria.

  • que mala suerte que no se puede fumar aquí- sonriéndole al ver un cartel de no fumar

  • es fascinante ver a una chica como tú fumando, es un signo de independencia- elogiando la frase

  • sabes ¿alguna vez invitaste a tu esposa a este lugar o a un sitio “ficho”- lo preguntó con inocencia un espinoso tema

A Sasha siempre le gustó hacer preguntas incómodas, si no hubiera estudiado marketing sería una estrella de algún canal tipo CNN. No era un persona buena mintiendo ante las preguntas sorpresas, Lo hacía por joder de manera amical...pero esta broma tocaba una fibra sensible para él. En primer lugar, Pilarcita se estaba poniéndose fea, cada vez más dominada por la rutina y para el momento de su muerte su matrimonio iba por “la cuerda floja”. Le incomodaba hablar del tema. Consideraba a la finada, como una una quejona peor que su suegra. Discutían por las puras, además ya le “ponía los cuernos” con otra chica. Bueno el hombre le contestó de manera sarcástica, mientras los recuerdos de esa malograda relación pasaban por su cabeza.

  • ¿ Acaso piensas reemplazarla? Acercando pícaramente la mirada

  • No es para tanto, ni llevamos ni siete meses y todavía no quiero ser la señora de Arrechaga con ademán infantil

El tenso diálogo ocultada en esta burlona conversación, fue interrumpido por una guapa mesera que vino a tomar su pedido. “Como me hubiera gustado que fuera un mesero churrísimo, así Wilhelm no tendría esa cara de mañoson” pensaba mientras Sasha una mueca de desprecio al observar como su amado le hacía una venia de coquetería. Pidió ella su orden con tono desganado. El profesor notó su estado de ánimo y decidió cambiar de conversación o simplemente a comer en silencio. Mientras esperaban su orden, Wilhelm no veía a su actual pareja como una usurpadora que deseaba ocupar el puesto de su difunta mujer. Tenía la corazonada de que ella como muchas simplemente suplía un vacío emocional. Cuando empezó a hablarle de alguna “pela” para ver en la noche, los ojos de la mujer se iluminaron. Dio unas palmas estruendosas aceptando la oferta de su amigo.

  • no he revisado la cartelera pero buscamos una al terminar el combo-

  • hace siglos que no iba al cine, bueno ya no hay buenas pelas como en la época de mis viejos- frotándose las manos

  • esas como “Calígula” o “El último tango en París”- haciendo el papel de crítica de cine

  • Tienes una gran imaginación de los mil demonios, deberías ser guionista de cine porno – burlándose de su erudición

  • tú podrías ser un gran comediante como Carlos Álvares con todas esas bromas que me haces- respondiendo con su genial contraataque


Terminada la cena, la pareja se fue a buscar un cine cercano ya que se hacía muy tarde. Tanto a hombre como a la mujer...no les vacilaba la cartelera llena de “gringadas”. Sentían que no mostraban creatividad ni encanto solo fórmulas repetitivas el mejor caso era la saga redundante del “Juego del miedo 6,7....) Deseaban ver filmes extranjeros, con argumentos salidos de los pelos causando impacto. No importaba si era argentina, rusa e inclusive tibetana si era el caso. Los marketeros ahora eran cinéfilos consagrados. Vieron un cartel que les llamó la atención, no por sus llamativos colores ni los actores. La nacionalidad era la que más le impactaba...era una de esas películas peruanas que se estrenan esporádicamente en una oferta llena de “basura gringa”. El filme se llamaba “El inca, la boba y el hijo del ladrón”, decidieron hacer patria y fueron a verla.



Lo vieron en una sala casi vacía, se agarraron de la mano. Les decepcionó la historia, era un cliché excesivamente costumbrista que exageraba el estado ya calamitoso del país. Además carecía de una continuidad, mostrando contradicciones ridículas. Lo único destacable era que la actriz que interpretaba a la “Boba”, Flor de Maria Quesada, estrenaba “las teteras”. Verla así le construía una sonrisa en su rostro. La pareja salió decepcionada del lugar, “rajando” como buenos peruanos. Sasha fue la que más habló y despotricó contra esa bazofia fílmica...hasta “Crepúsculo” le parecía una obra maestra frente a este bodrio olvidable. Wilhelm mandó al diablo a los niños mendigos que pululaban en las calles que pedían que les compraran sus pasados caramelos. Consideraba que la mendicidad debía ser declarado un delito al igual que el plagio y la vagancia de los universitarios. Luego subieron a la nave, allí le preguntó.
  • te llevo a tu “hato”-dándole una palmadita en su culo 

  • no mejor, llévame a tu casa mejor- apoyándose en su hombro

  • bueno está cerca de aquí- suspirando


Satisfacer el capricho, le restauró el ánimo. Llegaron a su casa justo a las 11, su vivienda de dos pisos, de color blanco. La pareja entró a la vivienda, Sasha se sacó los zapatos cuando llegó a la sala , se frotaba los pies y mostraba alivio por estar descalza. Tenía las uñas pintadas de rojo como unos rubíes y se resaltaban unas piernas gloriosas. A Wilhelm se le paró “ el pajarito”, hasta ponerse rígido, se destacaba por su fascinación por los pies. Se acercó, besándole con furia y tocándole su enorme culo. Luego la tumbó al piso,como si estuviera tumbando un árbol. Todo era un animalismo brutal que no tenía parangón  Él trataba de lamerle las tetas enorme, la chica estaba en shock por la sorpresa. Al cachar como simples animales, sin ninguna fórmula de cortesía acostumbrada. Se quitó el pantalón, le quito con violencia su enorme calzón a mordiscazos. Tirársela era una desahogar todas las frustraciones que tenía en la universidad con sus zánganos pupilos, en el tránsito, en las malas noticias por parte de los medios, en el pasado que lo jodía ese pasado cuya figura era Pilarcita , etc.

La experiencia lo emancipaba de los prejuicios, sudaba de manera profusa en la espalda, su corazón latía a mil por hora como los pájaros. La chica iba a asfixiarse por ese arrebato erótica, parecían que la habían estrangulado por la penetración que aún le atrapaba como si la atacara una anguila. No hubo besos ni caricias en ese encuentro. Con las pocas fuerza que contaba, imploró que parese. Se detuvo, no porque atendiera las súplicas de la joven...sino por el agotamiento de sus energías amatorias. El hombre tomaba aire. Sasha se asemejaba a una mujer violada por algún sucio vagabundo. Tenía las tetas al aire, venía despeinada y veía su enorme calzón tirado en la sala. Ello lo miraba como si hubiera presenciado una explosión termonuclear.

  • eres dios- quedándose petrificada

  • no soy un dios, solo un gil que acaba de cacharte- le respondía con su clásico sarcasmo

  • jamás he hecho el amor en el suelo duro, revolcándome como una cerda- su mirada denotaba sorpresa

  • ¿ que no te gusta hacerlo en la cama? Siguiendo con su ironía

  • bueno, es que hacerlo aquí te podría llevar a problemas en la espalda- ella señalaba el piso

  • pero hacerlo en un sitio inesperado aumenta el placer, además tengo una enfermedad que puedes curarme - lo dijo de manera científica

  • ¿cual el amor?- Preguntando como una niña ingenua

  • no eso es una cojudez, se llama satiriasis- riéndose como una hiena hambrienta 

  • te estás inventado- burlándose

  • tú eres la cura en verdad- riéndose

  • tirando como una puta-le respondió dando un rodeo

  • ¡ oye vamos a dormir en mi cuarto! Tengo un sueño de la patada- mirando su reloj de pulsera

  • encima quieres pasar la noche conmigo en la cama con quien compartiste con Pilarcita- agarrándose las caderas

  • ha estado vacío desde que murió- agachando la cabeza

  • sería magnífico estar una noche en la cama de un viudo debe ser alucinante- apoyando su cabeza en el hombro de Wilhelm

“La conquisté eres un genio, Sasha es mejor que Pilarcita sobretodo con ese cuerpazo”

  • Bueno no dormiré en el sofá solo porque tuve 5 minutos de sexo salvaje-

“Dios como ha podido calcular todo eso, seguro que ha estado con tíos mejores que yo o yo soy mejor que esos cabrones.” tapándose la boca de asombro

  • Entonces iremos a mi cuarto y dormamos como dulces angelitos-


Al terminar esta frase, se quitó su provocativo vestido como si estuviera pasando a una metamorfosis de piel. Verla así fue una epifanía religiosa...la había visto desnuda un montón de veces pero en esta ocasión era mágico. Si hubiera vivido en el Renacimiento Botichelli la habría convertido en su modelo número uno sin pensarlo dos veces. Era la musa perfecta para los pintores que hacen pinturas de desnudos. Le fascinaba como ella asumía su desnudez con familiaridad y naturalidad similar a esas tribus polinesias o amazónicas que andan felices de andar calatos. Sasha aún no había descubierto el pecado de la vergüenza de estar desnudos. En cambio con su difunta esposa era todo lo contrario, ella era más puritana que afgana con burka. No le gustaba mucho mostrar lo bello que era su cuerpo. Decía ella que no tenía senos agraciados.

  • ¿donde está la habitación?-

  • arriba en el segundo piso- le indicó con una amable sonrisa

Al subir por las escaleras, ascendía su novia al igual que una diosa al glorioso Olimpo. Se quedó absorto por varios minutos cuando subía y su culo se resaltaba por todo lo alto. Despojándose de la ropa que tenía, se sintió un hombre liberado de las ataduras de la sociedad moderna y siempre chic. Subió a su habitación, encontró a la chica tumbada en su cama con unas poses dignas de los cuadros de Bottochelli. En el sitio se encontraba fotos de sus padres, otras de su adolescencia y finalmente imágenes de Pilarcita: una chica delgada, con gafas modernas que a su parecer la hacían fea y una frondosa cabellera negra. Además el lugar se encontraba iluminada por una lámpara de luz tenue.

  • oye tu esposa no era tan fea como le contaste. Solo porque usaba lentes que le hacían parecer una nerd, como en las series americanas- indicándole la foto.

  • Cuando se muere un ser querido uno recién lo valora y esto me ha caído como un balde de agua fría- su sonrisa desapareció al decir eso

  • no te tortures por eso, me tienes a mi- respondiéndole con una sonrisa para consolarlo
  • lo que pasó pasó- dando un largo suspiro

Sasha no podía contener la risa, ella se tapaba la boca. Pero Wilhelm se dio cuenta de aquello.

  • ¿de que te ríes?- le miro con desconfianza 

  • de tu “pajarito”, es pequeño como un botón he visto otros mejores- señándole con una mirada maliciosa

  • Ah si que mi cañón es pequeño y eso que has sentido mi artillería- Su frase parecía sacado de una canción del reggaeton.

El hombre se echó en la cama de manera escandalosa. La pareja se taparon con la sábana como si fuera el sexo una cuestión clandestina, se rieron muchísimo. Mientras tanto la imagen inmortalizada de Pilarcita, observaba el acto. Pasaron tres horas él tenía un insomnio terrible además de una comezón espantosa, parecía que se había olvidado de algo. Los actos sexuales hacen que la gente se duerma plácidamente...en cambio no podía conciliar el sueño, cuando empezó a escuchar una voz familiar que trató de no hacerle caso. Pero palpaba una presencia que invadía la habitación, cuando escuchó una palabra que le hizo estremecer.

  • Wilhelm ¿que haces calato?- el espíritu le señalaba con el dedo acusatorio su desnudez 

  • ¿Pilar eres tú? O ¿yo estoy borracho?- tratando de comprender el raro fenómeno


Vio la figura de su mujer al principio borrosa y tenía un color celeste. Pero el rostro del fantasma mostraba amargura y decepción como si hubiera tenido una deuda pendiente que le dejaba incómoda. Luego el espectro se mostró más reconocible. El profesor sentía que su corazón iba a reventar y agarró fuertemente una sábana.

  • Wilhelm te estas divirtiendo mientras estoy ausente- no podía creer que las ánimas del más allá pudieran ser tan sarcásticas, así que de pronto perdió el miedo

  • a que has venido querido asustarme o ha molestarme como lo hace mi mamá-

  • me da asco que muestra cama sea usada para tus cochinadas – señalándole el espíritu a la mujer gorda acostada. El hombre sintió rabia una rabia enorme y expulsar al espíritu por más absurdo que fuera

  • pero si tú has muerto, no estoy haciendo nada malo. Que no te caiga bien esta chica es otra cosa- se instaló un gran silencio

El ánima dio vueltas en la cama, observando con tristeza a la chica que apenas se tapaba su desnudez. Después de manera disgustada dijo

  • no debiste casarte conmigo, sino con ella primero. Tenía el presentimiento que iba terminar mal-

Parecía que el objetivo de asustarlo fracasaba de manera silenciosa. Pero se dedicó a hacerle una serie de reproches acerca de su nueva mujer.



  • en esa cama solo duermen personas casadas ante Dios y la ley- le reprochaba frunciendo el ceño

  • mira si me vas a molestar simplemente porque me acuesto con una chica soltera, ese es mi problema- con tono desganado

  • cásate con ella mejor , yo no he venido a asustarte sino a encaminarte por la senda de la responsabilidad- su viudo la miraba con dudas de que los fantasmas pudieran ser consejeros morales.

Fastidiado la mandó al diablo como si botarla de su cuarto

  • Pilar nuestra relación se acabó, estoy con “una chava” que es mejor que tú en todos los aspectos y si quieres meterte en mis asuntos personales llamo a los caza fantasmas y todo solucionado. Así que no me jodas y déjame ponerte celosa que ya estas muerta. Además tienes muchos pretendientes en el otro mundo que andan buscando chicas- parecia que iba a combatir al fantasma 


Pilarcita se desvaneció en el aire ante la sinceridad brutal de Wilhelm y viendo que su interés y libido tenían un reemplazo se despidió con las siguientes palabras.

  • al menos ten un buen recuerdo de mi y deseo que no terminen distanciados por tonterías- el fantasma hablaba como si estuviera en el mundo de los vivos con una naturalidad desbordante.

La bendición digamos forzada del ánima, le daba una paz interior. Sintió al mirar el culo marrano de Sasha que su relación debía cuidar como un diamante en bruto, sino hubiera muerto su anterior esposa en ese ridículo accidente de tránsito su matrimonio naufragaría como los miles en el mar de la ruptura. La habitación quedó en silencio...solo se escuchaba el esporádico pasar de los autos y los pasos de uno que otro transeúnte silbando.

  • Pilarcita ¿donde estará?- se preguntaba mientras miraba el televisor apagado de su cuarto 

Se preguntaba mientras se frotaba en su casi calva cabeza, ,mientras se echaba a la cama. Miró el techo blanco y sus ojos empezaron a cerrarse. A la mañana siguiente se despertó muy tarde como a la 9. Sasha la primera en levantarse y actuar como Eva antes de descubrir el pecado original. Acarició su frente y le susurró.

  • ¿ayer me soñé que discutías con Pilar?- mientras se levantaba con dificultad 

  • te estás imaginando nada más- al despertarse con brusquedad

  • como quieras, pero tuve ese sueño- mientras señalaba la foto de la difunta

  • veo que tienes un interés por ella y eso que no la conociste. Si quieres te llevo al cementerio donde está enterrada creo que se hubieran convertido en unas buenas amigas sobretodo cotorras- al ver que las palabras de Sasha tenían un matiz serio.

  • ¿ en que cementerio está sepultada?- con una sonrisa exagerada en los labios

  • En Campo Fe Huachipa, ojala no te incomode el viaje- mientras le daba un besito en la boca

  • allí esta enterrado mi abuelito- agachando la cabeza

  • tus deseos son órdenes madame- poniéndose su polo

Tras una semana de ajetreos por la cuestión de la oficina donde se discutían acerca de la estrategia de ventas si había sido un éxito o fracasado miserablemente. Esperar hasta el sábado fue como aguardar la venida de Cristo. La pareja fue temprano para ir al camposanto y así evitando el tráfico infernal que era una terrible vía crucis. Salir de la ciudad lo rejuvenecía de los vicios terrenales. Al llegar al panteón, ellos se pasearon agarrados de la mano, escuchaban el trinar de los ojos. Tras una placentera caminata llegaron al pabellón donde estaba enterrada Pilarcita, recordaba su entierro de manera difusa, parientes olvidables y lleno de solemnidades vacías. Lo único que recordaba que se hizo en un atardecer precioso. Su relación con Sasha, prácticamente ya no recordaba a su difunta mujer, su nueva pareja se apoyó en su hombro y empezó susurrarle alegremente.



  • tengo que contarte algo amor- como si fuera a decirle una travesura que cometió en el pasado

  • ¿que hiciste amor ?- preguntaba sin emoción 

  • me hice un chequeo médico- tocándole el hombro

  • ¿ y que dice ese resultado? - mirando sin mucha emoción la lápida

  • Estoy esperando un hijo tuyo- el mundo se paralizó con la verdad