jueves, 13 de enero de 2011

El último deseo de la ofrenda


Hoy día le mostre a uno de mis amigos , mi primer relato llamado "el último deseo de la ofrenda" que presente a un concurso , que recibió muy poca publicación , ni siquiera difundieron el nombre del ganador , lo que me dio cólera por tanto mutismo . es una pésima competicion . pero recibi muy buenas sugerencias. bueno la historia es una metáfora de la libertad , ambientada en la época de los moches. usaban la superstición y la brujeria para manipular a las masas, para sus propios beneficios. las victimas son la fiel representación de su tiranía absoluta , donde no hay esperanza alguna. Los guerreros mochicas son la personificación precolombina de las SS, allí triunfa el mas fuerte. Solo la compasión y la suerte pueden salvar a uno de ellos. Espero que les guste.

El último deseo de la ofrenda


Comenzaba el alba en un momento determinado del año 410 DC, época en que los visigodos saqueaban Roma. Al otro lado del mundo, en la costa norte de un país, que en el futuro se conocería como Pirú, un grupo de jóvenes capturados tras una guerra ritual entre las huacas del sol y de la luna. Aguardaban en un foso, atados con sogas en las manos. Su suerte, ya estaba echada y no había vuelta atrás. Apenas habían probado bocado y los guardias se burlaban de ellos dándoles sus sobras, no tenían que preocuparse por ello, morirían en poco tiempo. Los celadores apenas los miraban solo eran bichos que no valían nada y carecían de algún sentimiento hacia los prisioneros.



Algunos estaban de pie, otros estáticos, fijos, clavados, todos con una serenidad estimulante, “las ofrendas humanas” se mantenían en silencio lúgubre, no decían ninguna palabra en Mochic su lengua. Nuestro personaje principal, un efebo delgado, menudo, con cara de niño, cuyo nombre era ininteligible, estaba en el grupo del silencio. Apenas había salido del cascaron para enfrentarse a la crueldad del mundo. Tenía la mala suerte de estar en el bando perdedor y tras un breve y feroz combate, donde los dioses tan sedientos de sangre fueron los supremos espectadores. Se enfrento a un guerrero fortachón que combatía por la huaca del sol. El mozuelo no tenía experiencia usando las armas y jamás había estado en una situación parecida, y tal vez seria su primera y última vez. Su valentía no le impidió ser derrotado, sentía vergüenza por defraudar a su casta, y le embargaba el terror, ya que iba a ser sacrificado por los vencedores.




Desde muy pequeño había presenciado como muchos de sus familiares y conocidos pasaron la misma suerte, y durante mucho tiempo, quería evitarlo pero el destino se impuso sobre él. No podía quitarse ese estigma y lo acepto sin muchos cuestionamientos. Su cuerpo estaba pintado de color ocre, igual que sus compañeros, que no hacia más que señalar su condición de futuros sacrificados. Vino un guerrero que mas parecía un cacique por sus elegantes atavíos. Les dijo en tono impositivo que podían elegir el día de su ejecución. En un plazo de cuatro días podían elegir la fecha de su sacrificio. No había mucha diferencia. Morir tan jóvenes sin gozar de los placeres, era ya estar muerto de antemano, los lamentaron mucho con sollozos escondidos.


Cuando se cumplió el plazo se les pidió su respuesta llenos de miedo, Uno a uno propusieron las fechas, algunos titubearon largamente en una especie de cacafononía que no hacia más que incrementar las burlas de los celadores, nuestro protagonista busco una fecha cercana no había por que esperar mas Miraba el sol abrasador que entraba en la boca del foso y visualizaba a esos dioses sin alma ávidos de sangre, vísceras y sexo. Los imaginaba como seres malignos traídos de los infiernos mochicas.

Los sacrificios humanos eran parte de los rituales sagrados, los usaban para enaltecer constantemente al olimpo de los mochicas y esto tenia que ser con ofrendas humanas.Cuando llego el momento señalado fue acompañado por una gran orquesta de instrumentos de viento, al oírlo lo consideraron un grandísimo alivio no tendrían que sufrir mas. En ese momento estaban bastante calmados, preferían ir al otro mundo que estar un minuto más aquí. Nuestro protagonista miraba a victimas y victimarios con una mirada de confusión.



No estaba asustado y eso le preocupaba, esa calma no era normal. Pero simultáneamente estaba ansioso de poder cumplir su destino, todo ello perturbaba a su pequeño cerebro en una especie de mil cosas simultáneas con un extraño deseo que el universo entero conspiraría en su favor. Entonces escucharon la consigna que esperaban, todos se pararon con dificultad, y los custodios los llevaron forzosamente a la huaca piramidal, sus cuellos fueron atados con maderos, lo cual dificultaba su andar. Tropezaban constantemente, y los levantaban violentamente.



A punta de patadas y empujones de esa manera brutal llegaron al gran templo, pero sus sufrimientos aumentaron cuando subieron a la cima, fue una subida atroz que los agotaban al extremo, sus debilitadas fuerzas, estaban a punto de colapsar. Cuando llegaron a la cima, era como rozar el universo de los dioses.


Miraban a una persona que tenia los brazos cruzados con narigueras. Orejeras, y demás adornos que lo hacían imponente. Supieron que era el sacerdote principal. Lo acompañaban los grandes curacas que gobernaban con puño de hierro las tierras mochicas, acompañados además por sus cortesanos y concubinas que incluso podrían ser hijas de ellos, este último grupo era particularmente interesante y lo conformaban un montón de muchachas de cuya característica principal era su mirada pétrea y asustadiza.


Pero también reconocieron a una persona bastante especial, siempre supieron de ella y hoy la tenían en frente, rápidamente se dieron cuenta que era diferente a todas los demás. Llamaba poderosamente la atención. Una mujer muy bonita, vestida elegantemente, cabellos negros como la noche y unos ojos negros, grandes y penetrantes. Estaba rodeada de cortesanos y guerreros con sus uniformes de gala .


Se trataba de la señora de Cao, mujer que gobernaba un pequeño señorío en la costa. Sabían por los relatos que circulaba que vino del mar, le gustaba navegar en un palacio flotante. Al joven mochica también le encantaba el mar se sobrecogía pensando en que no vería mas aquella masa azul, limpia, con gaviotas revoloteando en el horizonte.


EL Sacerdote de los rituales hablaba con grandilocuencia sobre la importancia de los sacrificios y recalcaba a cada momento como esto agradaba a los dioses, que ellos los recompensaban con abundantes cosechas y un mar rico en recurso marítimos. Mencionaba que valía la pena morir de esa forma, para la gloria del reino. No podían mirar de frente al sacerdote como un igual, eso era blasfemia mil veces peor que ser capturado por el bando vencedor así que mantenían la cabeza gacha, rodeados por la élite.


Pero la gran gobernante de Cao los miraba con otros ojos, como de clemencia. Y se movía constantemente. Cosa rara en ella. Sus guerreros de elite, empezaron a inquietarse, su ama era imprevisible y esto los perturbaba aun mas, que ver aquellas ofrendas humanas.

Entonces apareció entre sus manos el tumi, el gran cuchillo ceremonial. Al verlo, sintieron un espantoso miedo, creyeron que iban a morir de un garrotazo. Los guardias les quitaron los cepos y los pusieron de pie. Empezaron a seleccionarlos para el sacrifico, enumerándolos, en que orden llegarían ante el gran sacerdote. La señora de Cao, camino hacia donde estaban los púberes con una sustancia que era mágica y que podía hacerlos “volar” y estar a la altura de los dioses. Las miradas de esa mujer poderosa los cautivaban y empequeñecía, convirtiéndolos en gusanos.

Se hizo el silencio del preludio mortal y eso era peor, que el discurso macabro del sacerdote que sonreía como una hiena. Como parte de la ceremonia se les dio una gracia, un pedido final, un último deseo, Su conciencia les decía que en el último minuto había que ser generosos con los elegidos. Sin pensarlo dos veces el primero de ello, cuya garganta iba a ser cortada por el tumi pidió que le dieran de beber y que a la vez lo bañasen con chicha de jora, esto lo animo mucho y se alegro más cuando vio las tinajas del exquisito licor que corrían por su cuerpo y llegaban a fecundar la tierra.



Se les ordeno a dos militares fortachones que llevaran dos enormes jarrones de la mejor bebida. Le hicieron beber copiosamente el líquido, era como tomar el néctar de los altísimos y entrar en comunión con la pachamama en un orgasmo triunfal. Estaba tan satisfecho, que podía morir feliz, Cuando termino su deseo tan creativo, la señora de Cao, le inyecto en la nariz, “la sustancia mágica”. La sustancia blanca lo dejo en trance, como un dormido contento.


Esto facilito la labor del sacerdote para rebarnale el cuello, esta acción fue celebrada por una cacofónica orquesta de zampoñas, flautas hechas de hueso de ballena y conchas marinas. La sangre fluía a borbotones y esta era recogida por un plato de cerámica. Uno a uno, los sacrificados cayeron como moscas sin olvidar sus últimos deseos cada vez más extravagantes. Los siguieron varias aclamaciones por cada cuchillada que hacia el ungido. Así los grandes amos reafirmaban sus poderes absolutos sobre sus curacazgos.


Llego su turno, pidió en voz alta y esto sorprendió a todos incluso a los guardias. Su pedido consistía en el simple hecho de mirar a la señora de Cao desnuda. Sabía que lo cumplirían de todas formas y se alegro por ello. Pero lo que mas sorprendió a todos los demás es que La señora de Cao también se alegro por lo que pidió el joven, Los que estaba confundidos eran los presentes por la propuesta inesperada.



La señora de Cao esperaba la orden que tardaba en llegar y allí como si el destino se confabulara con los mortales elegidos apareció el gran eclipse que cambio todo el panorama, el sol era devorado por la luna. Con este oscurecimiento cumplieron el deseo del muchacho y se pudo ver la maravilla desnuda en todo su esplendor como si la estela lunar se hubiera trasladado y rodeado la belleza de la señora de Cao, era un espectáculo fantástico. Ahora si se podía morir en paz. Cuando el sol reapareció empezó a ser celebrado por todo lo alto, y se escucho una música triunfante entronada por pututos.


Obtuvo el éxito, que mas podía pedir a los dioses y gustosamente iría al reino de los todopoderosos sagrados de manera gloriosa. Repentinamente se levantaron voces, murmullos acuerdos de última hora. Hubo un cambio de actitud entre los grandes señores, este acontecimiento extraordinario había cambiado todo. Le perdonarían la vida y no seria sacrificado ya que las divinidades ya habían saciado su hambre y sed de ofrendas humanas.

Fue liberado, era un sueño, no pasaba en la realidad…pero allí estaba era cierto y tenía una suerte inexplicable. Entretanto el astro rey volvió a ser soberano indiscutible del cielo. Todavía estaba arrodillado cuando miro a la gobernante desnuda y esta seguía impávida, dulce, y limpia. Ella la miro compasivamente. Le extendió la mano y se pusieron a andar rumbo al mar.